Una Musa llamada Pecado
jueves, 24 de mayo de 2012

Cordero de dios que lavas los pecados del mundo // Dime cuántas manzanas hay en el paraíso terrenal… // Nicanor Parra de su poema Agnus Dei

Rosario Valcárcel

ImageEn numerosos mitos, la manzana es el fruto prohibido e iniciático que concede la inmortalidad, el fruto erótico que se asocia a la unión sexual, al símbolo del amor y del deseo, al jardín de las Hespérides, de la inocencia, de lo pecaminoso y lo prohibido. Al paraíso donde las ninfas custodian el árbol de las manzanas de oro que protege una serpiente. 

Hoy la manzana vuelve a tomar su lugar en los lienzos de  treinta pintor@s de diferentes generaciones. Y con ell@s realizamos un viaje romántico, evocador y simbólico, a través del mundo del fruto que durante mucho tiempo se ha atribuido al árbol del Bien y del Mal. A través del erotismo que expresa la manzana como manifestación transgresora que existe en todas las culturas y que aparece en los textos sagrados de muy diverso origen.   

Esta colección nos muestra la  manzana a través de la historia. Y nos lleva a reflexionar sobre el ojo de Dios, Adán y Eva, los ángeles, el papel del mal, de la tentación de la mujer, de la lujuria, de la muerte. De una musa llamada pecado.

Una colección que nos ofrece una dualidad que se complementa: tentación y pecado. Así podemos ver la manzana como fruto del pecado original y manzanas que hacen alusión al juicio de Paris, donde él le obsequió la manzana de la discordia a cambio del amor de la mujer más hermosa: Helena de Troya, o distinguir la manzana que se le ofreció a Afrodita, la diosa griega del amor, dando a entender que era la preferida de entre las diosas.

Una exposición espléndida en la que nuestros artistas crean efectos alegóricos y místicos con el fruto, crean sexualidad y belleza en la desnudez de la figura humana, en la piel de la manzana. Una exposición en la que recordamos a Durero, Carvaggio , Cezanne, a muchos clásicos.  En la que descubrimos el mundo mitológico como la manzana de Atalanta o esas maravillosas manzanas de Idun que tenían el poder de otorgar la juventud y la belleza eterna a todos aquellos que las saborearan.

Lienzos impresionistas, realistas, surrealistas. Manzanas llenas de sexualidad, mordidas o enteras, juguetonas o bajo el signo de la  física, abrumadas de texturas y de sabores ácidos o dulces. Manzanas de otoño, rojas madurando sobre el lienzo, verdes o amarillas, inocentes o envenenadas. Manzanas girando como planetas, manzanas en jarrones o luciendo en la naturaleza, manzanas doradas o emponzoñadas como la de Blancanieves o la de los cuentos de hadas, esas manzanas que fueron protegidas por un dragón o un monstruo. Manzanas en donde apreciamos la rebeldía de Guillermo Tell o manzanas que representan a la Big Apple, la Ciudad que nunca duerme, la capital del Mundo.

Una exposición original que muestra el atractivo de la tentación y el carácter efímero de los placeres de la vida, donde  podemos ver sobre lienzos: cataratas de sueños, de amores, de pasiones y del pecado. Manzanas eróticas que se convierten en objeto del deseo a medida que la hemos ido recordando a través del tiempo. Que la hemos pintado.

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