¿Quién decide el sentido común medioambiental?
viernes, 06 de noviembre de 2009

ImagePlataforma de Defensa del Puerto de Santa Cruz

Ya hemos dicho que la Red AVANTE CANARIAS tiene un peculiar sentido del debate. Se limitan a verter afirmaciones en defensa de sus posiciones, sin más dato que su propio criterio subjetivo. Y, cuando se les rebaten sus argumentos, no son capaces de responder. Algo que no debe sorprender a nadie. Es imposible responder cuando no se tiene nada que decir.

AVANTE CANARIAS no refuta las tesis con las que demostramos que el proyecto de puerto en Granadilla que ellos defienden no es necesario, porque no podría físicamente operar, no obedece a ninguna demanda comercial y, por último y no menos importante, porque es una agresión al medio ambiente.

Que lo entienda AVANTE CANARIAS de una vez. La oposición al puerto en Granadilla no es por el evidente -hasta ellos lo reconocen- perjuicio que causaría al entorno terrestre y marino, sino porque tal perjuicio no se justifica con un retorno significativo en lo social y en lo económico. Ese es el punto, aunque, con cierta malicia, se quiera sacar el tema de su auténtico contexto.

AVANTE CANARIAS acaba de sacar otra entrega de su interesada cruzada en apoyo de este proyecto portuario. Interesada, porque no hay duda de que estos empresarios son los que esperan sacar beneficios por la construcción, que no por la explotación, de un puerto condenado de antemano a la inoperancia y al fracaso. En esta ocasión, AVANTE CANARIAS apela al sentido común medioambiental en Canarias. Y, como siempre, combina las verdades con las medias verdades y los errores manifiestos, pretendiendo hacer pasar lo incierto, confundido entre lo cierto.

Aseveran nuestros sensatos amigos que evitar el tendido eléctrico de Vilaflor fue un error. Porque, según ellos, para salvar unos cuantos pinos, miles de ciudadanos del sur están expuestos a la radiación. Pero deberían asumir, que un tendido al aire, tarde o temprano, pase por donde pase, en algún momento afectará a núcleos poblados. Y todo el mundo tiene igual derecho a ser protegido de la radiación, viva en el sur o en Vilaflor. Aquí no juega el elemento cuantitativo. El responsable de las consecuencias de las líneas de alta tensión no es la falta de sentido común medioambiental, sino la irresponsabilidad salvaje de rechazar una conducción subterránea, simplemente, por razones económicas. Es el dinero, amigos nuestros, no Vilaflor.

En el ejercicio retórico de defensa de su proyecto, quienes se empeñan en construir un equipamiento portuario en el sur de Tenerife, recurren a una serie de falsos silogismos. Y en su último texto, AVANTE CANARIAS se basa en ellos. Pondremos dos ejemplos.

Dicen: “Los puertos son necesarios. Granadilla es un puerto. Ergo, Granadilla es necesario”. La primera premisa es falsa. No todos los puertos son necesarios. Es más. Un segundo puerto en una isla  de las dimensiones de las nuestras, más que innecesario, es un descomunal derroche de esfuerzos y recursos.

Dicen: “El desarrollo justifica un cierto grado de perjuicio medioambiental. El puerto de Granadilla causará un cierto grado de perjuicio medioambiental. Ergo, el puerto de Granadilla está justificado”. En este caso, está viciada la relación entre las premisas. El impacto sobre el territorio del proyecto de Granadilla no justifica por sí mismo la construcción. Todo lo contrario.

El sentido común medioambiental dicta no dañar el entorno más que en casos demostrados de necesidad. El proyecto de Ley del Catálogo Canario de Especies Protegidas permitiría dar de baja arbitrariamente a una especie por razones de interés general. Por mucho que diga y argumente el diputado González, nada permite esperar que, a la hora de decidir sobre el interés general, los gobernantes canarios ejerzan el sentido común, medioambiental, ni de ninguna otra naturaleza. No lo han hecho nunca. Aparte de que el proyecto de ley contradice la jurisprudencia del Supremo, que ha repetido con claridad que los condicionamientos de orden económico no justifican los atropellos al entorno. Véase Taguluche, véanse las marismas andaluzas.