Julián Lago…descanse en paz
jueves, 06 de agosto de 2009

Justo Fernández
Justo Fernández
Justo Fernández Rodríguez.-

A las 22, hora local de Paraguay, (3.00 hora insular canaria), en el Centro Médico Bautista, de Asunción,  falleció el periodista y amigo, Julián Lago, a los 63 años, debido a un fallo multiorgánico generalizado, como consecuencia de las heridas sufridas en un estúpido accidente de tráfico, sucedido a mediados de mayo, mientras realizaba labores de cooperación con los indios guaraníes.

No voy a extenderme en una biografía conocida o, por lo menos, resumida, en la mayoria de medios de comunicación, en estos dias. Solo me referiré a mi relacion con él. Pero, he de lamentar su final, en medio de ofrecimientos falsos, de empresarios oportunistas, el “mirar para otro lado”, de los que habían sido  patrocinadores, compañeros y socios y la imposibilidad familiar de abordar el elevado coste de su traslado. Ahora, sólo sera posible trasladar sus cenizas.

Lo conoci cuando dirigia la revista “Tiempo”. Me hizo una entrevista, cuando aparecía como el “maldito” de los medios de comunicación “oficiales”  y estaba sujeto a varios expedientes sindicales y judiciales. Asimismo, me publicó varios articulos.

Durante los 14 años que colaboré con Antonio Herrero, coincidimos decenas de veces, en el programa La Mañana de la COPE. Cuando, Antonio, decidió llevar el programa por toda España, compartimos horas en viajes, comidas, tertulias y hoteles, en los que profundizamos en nuestro conocimiento y amistad.

Participé en su programa más famoso y de mayor audiencia de la época, “La Maquina de la verdad”, Precisamente, en el que batió  su propio récord de audiencia, por la presencia de Ruiz Mateos, Jesús Gil, Ramón Tamames, Rafael Calvo Ortega y otros políticos, cantantes y periodistas famosos. Ramón Tamames y Calvo Ortega, evitaron que le diera un puñetazo a Gil y Gil, por menospreciar mi actividad sindical, aunque tuvo que soportar que los llamara ladrón y asesino. Hizo famosa la frase: “No me conteste ahora, hágalo después de la publicidad”.

Coincidí con Julián, durante seis años, como columnista habitual de “La Razón”, hasta la dimisión de Luis María Ansón y la toma del poder, por el censor Lara.  

Durante más de tres años, cada miércoles, tenía que desplazarme a Valencia, para intervenir en el programa “Panorama de Actualidad”, el de mayor audiencia de “Canal Nou”,  la televisión valenciana, de control zaplanista. Participaban, Cristina Alberti, Juan Adriansens, Consuelo Álvarez Toledo, Carlos Dávila, Jose A. Vera, Jaime Peñafiel, Carlos Malo de Molina….Salía de mi domicilio en S/C de Tenerife, a las 6 de la mañana, en taxi, para coger el primer vuelo a Madrid, desde donde tenía que volar, a las once, a Valencia. El programa se grababa, despues de la comida, con los invitados. A las ocho estaba, de nuevo en el aeropuerto, de Valencia, para desplazarme a Madrid, donde tenía que coger el último vuelo hasta el Aeropuerto del Sur. Legaba a casa, despues de las 3 de la madrugada.  Pese a las presiones amistosas de Julián Lago y sus ofertas de subida de sueldo, tuve que dejar de participar, aunque, poco antes de que se suprimiera el programa, por la pérdida de influencia de Zaplana y el creciente poder de Camps.

Fue fundador y director del programa “Conexión Financiera”, en Vía Digital, convertida en “Intereconomia”, donde tienen refugio los periodistas y comentaristas de la ultraderecha. Ésa fue su inflexión política y el inicio de un viaje a ninguna parte.

La ultima vez que coincidi con Julián, fue en la COPE, hace algo más de un año, en el programa en que se conmemoraba el décimo aniversario de la muerte de Antonio Herrero, al que fui invitado.  Participamos en el programa, Julián Lago, Mayor Oreja, José Luis Gutiérrez, Luis Herrero, Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos. Tengo que confesar que, cuando nos fuimos a almorzar, encontré un Julian Lago diferente, como si estuviera “de vuelta”. Su actitud, directa, para afrontar los problemas , se había convertido en una especie de duda filosófica, donde su realismo y cercanía a los problemas, se había convertido en un sentimiento etéreo, inseguro y con confusas pretensiones filosóficas.  Cuando, un mes despues, recibí su último libro, “Un hombre solo”, pude ratificarme en mi negativa  impresión, sobre su evolución vital.

Justo Fernández Rodríguez