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Pandemia. Factores Socioeconómicos. Salud Mental

  • Published in Salud

Vivimos en un escenario de mucha incertidumbre ante lo desconocido, sin experiencia mundial semejante.

Unos, en un contexto de confinamiento, otros, aislados de su familia en caso de contagio y muchos, sin poder despedirse de sus seres queridos y por último, los de primera línea, con alto temor de contagio a sus familias debido a las condiciones  de protección y de trabajo. Factores como el aislamiento social, los temores a enfermar -actitudes repetitivas de lavado- las pérdidas laborales y económicas, las condiciones de gestión personal de los duelos o las secuelas en las personas que han sido infectadas, visibilizan a las poblaciones susceptibles de sufrir problemas emocionales.

Las personas que a menudo tienen viviendas y trabajo inestables y escasas relaciones sociales, están en desventaja en términos de su salud física y su salud mental", con una "brecha muy significativa" en la esperanza de vida frente al resto de la población. La pandemia de Covid-19 ampliará la brecha entre "los que tienen y los que no".

Las personas con trastornos mentales establecidos y significativos son una versión de "los que no tienen", pero en realidad, se aplica a muchas personas y la experiencia del encierro viene siendo "muy diferente" a la de los "que viven en hacinamiento" o alojamiento inestable, con niños corriendo y tal vez una pareja que tiene problemas con el control de la ira", lo que ha incrementado de forma significativa la violencia de género. Como consecuencia del impacto psicológico, en la actualidad el interés se focaliza, en algunos en el "trauma", otros, en el "duelo complicado" o en la " pobreza" y en las "conductas adictivas, incluida las tecnologías digitales" y la "violencia de género".

Hace unos años, en reunión organizada por el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, se estimó que la depresión y la ansiedad cuestan a la economía mundial un billón de dólares al año. Cada un millón de dòlares invertido en la ampliación del tratamiento de la depresión y la ansiedad, rinde cuatro millones US$ en mejora de la salud y la capacidad de trabajo, según un nuevo estudio dirigido por la OMS en el que se estiman por primera vez, los beneficios tanto sanitarios como económicos de la inversión en el tratamiento de las enfermedades mentales más frecuentes en el mundo. El estudio, publicado en The Lancet Psychiatry, aporta argumentos sólidos para aumentar las inversiones en servicios de salud mental en todos los países, independientemente de su nivel de ingresos.

Si esto ya se avanzaba sin la pandemia, mas aún hay que valorar su consideración por el posible impacto de los factores socioeconómicos en la salud mental que hemos relatado. En el Reino Unido, dos encuestas poblacionales se llevaron a cabo a finales de marzo, la misma semana en que se anunciaron las medidas. Se preguntó a los encuestados sobre sus mayores preocupaciones de salud mental y bienestar y estrategias de afrontamiento en relación con la pandemia de Covid-19.

En las dos encuestas quedó patente que la principal preocupación de los encuestados era la ansiedad, que se citó en 750 respuestas. Los síntomas informados incluyeron: pensar demasiado, llorar, náuseas, palpitaciones cardíacas, trastornos del sueño y un sentimiento de culpa por no saber como ayudar a los demás.

Asimismo, los encuestados estaban preocupados por el aislamiento social, el malestar mental, la falta de acceso a los servicios de salud mental y el impacto de la pandemia en las relaciones personales. Los hallazgos fueron utilizados por un panel de expertos para informar un documento de posición publicado en Lancet Psychiatry en abril. En China, en un estudio trasversal de un total de 4872 participantes de 31 provincias y regiones autónomas mostraron altas prevalencias en ansiedad y depresión. Les deberían proporcionar redes de seguridad financiera (por ejemplo, alimentos, vivienda y apoyo por desempleo). Se debe tener en cuenta no solo las situaciones actuales de las personas sino también su futuro, para contener la mortalidad.

El personal médico de primera línea y los grupos vulnerables, tales como, los ancianos y aquellos con afecciones graves de salud mental, deben ser priorizados para un apoyo rápido de salud mental". Esto lleva al monitoreo "momento a momento" de la ansiedad, la depresión, la autolesión y el suicidio, así como, el uso de tecnología digital y el despliegue rápido de programas y tratamientos basados en la evidencia, quedando patente, que no existe un enfoque de "talla única" y que son necesarios enfoques novedosos, personalizados para poblaciones particulares, incluidos los trabajadores de atención médica de primera línea", que harán su demanda si la necesitan y cuando estimen.

Para hacer una diferencia real, necesitaremos aprovechar de forma complementaria las herramientas de nuestra era digital, sin sustituir a la relación presencial, encontrar nuevas formas inteligentes de medir la salud mental de las personas de forma remota, encontrar formas creativas para aumentar la resiliencia y encontrar formas de cuidar  a las personas en sus hogares. Este esfuerzo debe considerarse central para nuestra respuesta global a la pandemia, incluìda la salud mental.