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La teoría de la conspiración

  • Published in Política

CUADERNO DE BITÁCORA

Un fiscal presenta una grave denuncia contra la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner acusándola de traición a la patria, y horas antes de testificar ante el Congreso es hallado sin vida en su departamento, con una bala en la cabeza.
La muerte de Alberto Nisman, ocurrida en Buenos Aires el 18 de enero de 2015, tuvo todos los ingredientes de una novela de espionaje. Aunque la justicia argentina determinó en 2018 que Nisman "fue asesinado y que dicho suceso fue directa consecuencia de la denuncia que formulara el 14 de enero de 2015", algunos en Argentina cuestionan esta conclusión.
El caso es que, en este año, 2022, son muchos los argentinos que opinan que la expresidenta Cristina y su cloaca de estado, están detrás de la muerte del fiscal Nisman.
El principal escéptico es el hoy flamante presidente de la Nación, Alberto Fernández, quien llamó "pericia absurda" al peritaje de la Gendarmería que llevó a la justicia a concluir que Nisman fue asesinado por dos personas, que lo drogaron con ketamina, lo cargaron al baño y le dispararon. A pesar de que hoy cuestiona que el fiscal haya sido asesinado, hace más de dos años, sostenía lo contrario.
Nisman que había sido nombrado en 2005 por el entonces presidente Néstor Kirchner como investigador principal del peor atentado en la historia de Argentina (y el más grave en Occidente antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos): la voladura de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) 85 personas murieron y otras 300 resultaron heridas en el ataque contra el principal centro comunitario de la colectividad judía en Argentina, ocurrido el 18 de julio de 1994.
Como fiscal especial, Nisman se enfocó en Irán, país que según la justicia argentina -y los servicios secretos de EE. UU. e Israel- ordenó el atentado, que fue ejecutado por el grupo militante chiita Hezbolá, de origen libanés (algo que Teherán siempre rechazó).
En 2007, logró reunir suficiente evidencia para solicitar a la Interpol la captura de cinco exfuncionarios iraníes de alto rango. Ocho años más tarde, ese fatídico enero de 2015, sorprendió a todos cuando acusó a Fernández de Kirchner -esposa y sucesora de quien lo nombró- de encubrir a esos sospechosos a través de la firma de un "memorándum de entendimiento".
Horas antes de explicar ante el Congreso en qué basaba su acusación (que inicialmente fue rechazada por la justicia, y que tras la muerte de Nisman se reabrió y ya llegó a la etapa de juicio) fue hallado muerto en su baño, con una bala en la cabeza y el arma que produjo el disparo a su lado.
Nuevamente la Fiscalía acusa a la vicepresidenta de Argentina, de haber encabezado una asociación para defraudar al Estado cuando era presidenta, entre 2007 y 2015, mediante el supuesto direccionamiento de contratos millonarios de obras viales en la provincia de Santa Cruz.
El fiscal Diego Luciani, al frente de esta causa que se conoce como "Vialidad", pidió esta semana 12 años de cárcel para Fernández y la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
El hecho es que las pruebas que maneja el fiscal Luciani son irrefutables y el escándalo en la sociedad argentina tiene visos de convertirse en protestas callejeras violentas, con todas sus consecuencias.
Los expertos en armas, los llamados “maestros armeros”, aseguran que el porcentaje de que una pistola se trabe en el momento de efectuar el disparo es de un 2%, es decir que de 100 disparos solo 2 pueden encasquillar el arma.
Dicho esto, y teniendo en cuenta la estadística, es dudoso creer que un asesino, preparado para llevar a cabo un magnicidio, no haya tenido en cuenta la fiabilidad del arma con la que pretende llevar a cabo el citado atentado.
Se supone que la vicepresidenta de un país cuya población está tremendamente cabreada por las acusaciones de prevaricación, cohecho y robo de cientos de millones de dólares denunciada por el fiscal Luciani, tiene que estar fuertemente custodiada, con una decena de guardaespaldas y un cinturón de seguridad que suponga el distanciamiento de la gente, es decir que acercarse a la señora Fernández de Kirchner tendría que ser imposible, menos con una Bersa Luber 84 con calibre de 7 milímetros, una "pistola de bolsillo" que estaba en buen estado.
Parece de risa la hipótesis contada por la policía que dice que “lo más probable es que el atacante se olvidara de amartillar el arma o de quitar el seguro”, más parece una broma, una boludez de Beto César que un dictamen policial.
Lo cierto es que Cristina Fernández de Kirchner, a dos pasos del talego, de la trena, de la cárcel para cumplir 12 años de condena, más su inhabilitación de por vida para ejercer cargo público, de ser odiada por los argentinos, de la noche a la mañana, por un “atentado” fallido se ha convertido en la “victima”, en la sucesora de Eva Perón y que todo el mundo quiere, ama y llora de alegría porque salvó su vida “milagrosamente”.
Danilo, un amigo argentino, me dice que, en círculos policiales del país de los gauchos, creen que todo ha sido un burdo montaje, o sea que el “magnicidio” fue tan chapucero que cualquier boludo puede ver la manipulación del tema. Incluso el “magnicida frustrado” es Fernando Andrés Sabag Montiel, tiene 35 años, antecedentes penales y lleva tatuajes con referencias nazis. Este brasileño reside en Argentina desde 1993, quien en pocos días aparecerá ahorcado en su celda.
Mientras tanto, decenas de miles de personas, las que antes pedían la cabeza de Cristina, ahora salen a la calle y, llorando, muestran su solidaridad con la presunta delincuente, estafadora del pueblo. Conociendo la falta de escrúpulos de la investigada y su “curriculum” no es de extrañar el montaje de tamaña farsa
Las cloacas de Cristina siguen funcionando.