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Afganistán, bajo el emirato talibán

  • Published in Política

La retirada total de los Estados Unidos (EE. UU.) de Afganistán por orden del presidente norteamericano, Joe Biden, ha vuelto a agitar el tablero de la política internacional.

La geopolítica, tiembla. La Paz mundial vuelve a ser golpeada. En medio de esa tempestad ya anunciada, no deja de ser rocambolesca la decisión de Biden de colocar en Kabul, la capital afgana, una alfombra roja para el triunfal regreso de los talibanes con sus métodos dictatoriales e inhumanos. Ha vuelto el terror. Los EE. UU. tienen una directa y clara responsabilidad en el conflicto.
La sociedad civil volverá a ser sometida a los castigos corporales donde no faltarán las ejecuciones públicas. Ahora, la comunidad internacional, los EE. UU. y la Unión Europea (UE), mirarán hacia otro lado ante una nueva debacle en un país donde impera el régimen del pánico y el terror. Un deshonor, un oprobio, el abandono de Afganistán por parte de Estados Unidos y de la UE en manos de los fundamentalistas talibanes. Un retroceso de la civilización del siglo XXI a la Edad Media. Otro golpe a los Derechos Humanos.
La intervención de los EE. UU. en Afganistán siempre ha sido un despropósito, un fracaso. Errores estratégicos, militares y diplomáticos han sumido al país en un polvorín internacional. Según las cifras publicadas, solo en entrenamiento y equipamiento los EE. UU. han gastado 83.000 millones de dólares. ¿Para qué ha servido adiestrar a 300.000 hombres que son los que formaban hasta hace unos días el ejército afgano? La corrupción interna del Gobierno de Kabul se ha llevado la mitad de esa inversión.
En menos de una semana, ese ejército afgano ha desaparecido, se ha esfumado. Afganistán ya está bajo el emirato talibán. Queda demostrado que el Estado afgano era una entelequia, pura ficción. El castillo de naipes se ha desmoronado. Y los Estados Unidos, por una decisión política de su presidente, Joe Biden, han salido corriendo dejando a este país totalmente abandonado y en manos de los sanguinarios talibanes. Como siempre, los EE. UU. se han ido huyendo. Lo mismo hicieron en Vietnam. Las tropas norteamericanas abandonaron Saigón el 29 de marzo de 1973 tras once años de permanencia y conflicto bélico. Aquella guerra se manifestó cruel e interminable y dividió a la opinion pública norteamericana y a todo el mundo.
Más tarde, el 18 de diciembre de 2011, repitieron la retirada vergonzosa del ejército norteamericano y de todas las tropas extranjeras en la aventura esquizofrénica de Irak donde el expresidente George W. Bush, el 20 de marzo de 2003, aseguraba que “los Estados Unidos invadían Irak porque el país está lleno de armas de destrucción masiva”. Lo cierto es que no había ni una sola pistola. Solo encontraron ancianos desarmados, niños indefensos, tierra y polvo.
La misma mentira la repitieron el exprimer ministro británico, Tony Blair, y el expresidente español, José María Aznar, entre otros cínicos y “locos iluminados” que hicieron de Irak un holocausto donde se cometieron crímenes de lesa humanidad matando a miles y miles de inocentes, ancianos, mujeres y niños.
Afganistán, el archienemigo de Washington, hace temblar al mundo. El conflicto, que empezó con una invasion liderada por los EE. UU. hace 20 años, vuelve a agitar la diplomacia internacional.
El retorno de los talibanes y su movimiento político y paramilitar afgano de clara ideología fundamentalista islámica, deja cuatro preguntas claves en el agitado tablero de la alta política: ¿cómo actuará el autodenominado Estado Islámico (EI) que aterrorizó a gran parte del Medio Oriente y a todo el mundo? ¿Cómo responderá el propio movimiento talibán, los “aliados” de Al Qaeda e incluso los del Estado Islámico (Isis, Daesh), ante la conquista de Afganistán? ¿Qué les espera a los afganos? ¿Qué nos espera en Occidente?

Por Armando Marcos Placeres Ehadulasis