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El Covid-19 y las «guerras» partidistas

  • Published in Política

No se puede informar sin contrastar antes la información a ser posible por distintas fuentes.

Esa debe ser la primera responsabilidad de un periodista antes de firmar una crónica. Ese compromiso con la verdad conlleva honestidad y rigor con la noticia o historia que se va a contar. Porque, a fin de cuentas, un periodista es un contador de historias. Las historias hay que contarlas con pasión, pero sin olvidar que la objetividad, la neutralidad y la verdad, tienen que ser los tres ejes de un periodismo honrado al servicio de una sociedad democrática.
No niego que atravesamos una crisis de valores que se ve reflejada en los medios. Todo lo que se dice del COVID-19 ha provocado y provoca cada día un estado de la confusión retroalimentado por distintos altavoces sociales que actúan como retroalimentadores que salen de la boca de ciertos políticos, periodistas y patronales empresariales enfrascados en un debate complejo donde se cruzan intereses inconfesables.
La disparidad de decisiones políticas muchas veces incoherentes y confusas por la inexistencia de un mando único nacional; el criterio partidista en la aplicación de normativas sanitarias por parte de ciertas Comunidades Autónomas; la falta de consenso político para aplicar una “Ley de Pandemias” que evite la disparidad de criterios de jueces y magistrados a la hora de dictaminar qué es legal o ilegal según la interpretación jurídica del Poder Judicial; los encendidos debates y tertulias en los que ciertos periodistas opinan como si fueran epidemiólogos generando más confusión, así como el posicionamiento editorial de algunos medios contribuyendo con sus desinformaciones y columnas de opinión a “promover” el odio, el negacionismo, la xenofobia, etcétera, forma parte de un “climax” de desasosiego y alta tensión que nos hunde en el estado de la confusión, la discordia, la incertidumbre, la desconfianza y el escepticismo.
Urge un periodismo democrático comprometido únicamente con la libertad y la verdad. Urge una clase política que actúe desde el consenso, la unidad, el rigor, la solidaridad y el compromiso sincero con una sociedad democrática que demanda seriedad y confianza de sus dirigentes. El COVID-19 es una pandemia sanitaria letal. El Coronavirus no es un partido político con el que se debaten ideas o programas electorales.
Esta crisis sanitaria mundial, por mucho que ciertos mandatarios intenten minimizarla con informaciones confusas y otros datos ambiguos, es una cuestión de Estado donde todos los ciudadanos tenemos el derecho de estar fehacientemente informados con la verdad más absoluta. No valen los populismos ni las declaraciones políticas triunfales si en las estadísticas diarias seguimos registrando miles y miles de contagios y fallecimientos. La pandemia no se ha ido. Cada día resurge como una bestia insaciable. Se impone una política informativa veraz en todos los ámbitos.
Nos piden solidaridad y responsabilidad. Pero quienes tienen que dar ejemplo de unidad, son los partidos políticos, los gobiernos, sus dirigentes y también los periodistas que tenemos el deber de informar sin manipular ni intoxicar. Que no se siga haciendo del COVID-19 una “guerra” partidista. El hartazgo de los ciudadanos traspasa la paciencia.