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El desafío de Pedro Sánchez: ¿Qué hará Unidas Podemos?

  • Published in Política

En mi anterior artículo en NORTES afirmaba que era propio de Pedro Sánchez mutar periódicamente.

Así ha sido. Sin embargo, debo decir, por mor a la verdad, que me ha sorprendido la radicalidad de los cambios y su audacia. Llevamos días de interpretaciones. Pronto conoceremos las razones de los mismos, pero en política la clave son siempre los hechos. Sánchez quiere ganar las próximas elecciones; para ello está dispuesto a sacrificar a su núcleo más duro y, lo más importante, desafiar al conjunto de las fuerzas políticas. Nadie esperaba cambios tan radicales y el secretario general del PSOE los ha realizado. Mutar y cambiar.

El nuevo gobierno señala bien su orientación. El proyecto del PSOE es la recuperación económica y la modernización ecológico-social a través de los Fondos Europeos. La ministra Calviño gana centralidad y se convierte en la ejecutora principal del proyecto. Sánchez no escatima esfuerzos y está dispuesto también a sacar partido del “tirón” de Yolanda Díaz. Aquí hay un equilibrio delicado pero el presidente se atreve a gobernarlo. Compatibilizar los derechos laborales y sociales y la ortodoxia del “consenso de Bruselas” será difícil. Este es uno de los desafíos más fuertes del nuevo gobierno del que dependerá, en gran medida, el futuro electoral de UP.

Si realmente hubiese habido un gobierno de coalición basado en un programa común, estaríamos hablando de otros asuntos enormemente importantes y que quedan fuera del debate público en general y de la izquierda en particular. Conviene insistir sobre este punto. Para que el gobierno PSOE/UP fuese posible, solo se acordó lo que podríamos llamar una plataforma económico-social y su modo de financiamiento, como si UP fuese un sindicato. Todo lo demás, se dejó en manos de Pedro Sánchez. Me refiero a la política exterior y de defensa, a la llamada cuestión territorial, a la reforma del aparato judicial y todo lo relacionado con los cambios -largamente pospuestos- de las administraciones públicas. Para decirlo de otra forma, la izquierda alternativa -UP y más allá- no está siendo capaz de mantener un discurso autónomo y diferenciado en cuestiones tan decisivas para el futuro del país como la política militar, la OTAN, el llamado sistema de seguridad y defensa europea, el futuro de la UE o las dimensiones y el contenido de los presupuestos de defensa.

Uno de los datos más sobresalientes ha sido la sustitución de la ministra de Asuntos Exteriores. Hay consenso en que está relacionada con la crisis abierta por Marruecos y los problemas derivados de nuestras opacas relaciones con el Frente Polisario. Este tema debería ser discutido públicamente. Marruecos tiene aspiraciones de convertirse en una potencia regional; mantiene relaciones privilegiadas con EEUU, Francia y con la UE. Es clave, como no se cansa de mostrar, en todo lo referente a la emigración y pone de manifiesto una capacidad de veto difícil de justificar políticamente. En caso de conflicto con Marruecos, nuestro país estaría solo; insisto, solo. Ni la OTAN ni la Unión Europea trabajarían para España y con España. Otro tema en el que el gobierno gira está relacionado con la cuestión catalana que, ahora sí, se convierte en “cuestión territorial”. La nueva ministra portavoz parece que quiere abrir al debate de lo que se ha dado en llamar la “España vaciada” que permite enjuiciar el complejo tema catalán y de Madrid, en un ámbito distinto y centrado en las desigualdades territoriales que -es bueno insistir sobre ello- se han acentuado con la pandemia. Desde este punto de vista hay que contemplar también el cambio en el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana que, no por casualidad, lo dirige una ex alcaldesa del PSC.

A mi juicio, el cambio fundamental tiene que ver con la “caída” de Iván Redondo; no tanto por el que se va sino por el que viene, Oscar López. Quien llega, no solo tiene viejas relaciones con Pedro Sánchez, sino que es puro aparato del PSOE. El presidente considera que en esta fase es fundamental reforzar al Partido tanto territorialmente como en sus relaciones orgánicas con un gobierno que se había autonomizado excesivamente. El mensaje es de reconciliación interna, de abrir una etapa nueva; de privilegiar a una generación más joven y más capaz de sintonizar con una realidad social especialmente contradictoria donde se busca instalar un discurso de renovación, de optimismo, de modernización. Prescindir de Carmen Calvo, de Ávalos y de Redondo da muestras de capacidad de cambio y, sobre todo, de no sentirse condicionado por el pasado.

Frente a tanta innovación y proyecto de futuro asombra la pasividad de Unidas Podemos. No conozco lo suficiente para saber si estos cambios se han discutido colectivamente en ese complejo mundo que es UP. Creo que hubiese sido necesario modificar la composición y orientación de fondo en algunos ministerios que dependen de UP. Tiene una explicación. A estas alturas, frente a un PSOE que aprieta el acelerador, toma decisiones enérgicas y define un proyecto a dos años vista, UP no tiene estrategia propia conocida ni política de alianzas clara y ni siquiera Yolanda Díaz aparece como una candidata consolidada. El tiempo, como Sánchez enseña, apremia. En UP está todo por hacer. Sin iniciativa política, sin proyecto y, lo que es peor, sin una fórmula electoral definida.

Lo que se está imponiendo en UP es el paso a paso, el no cometer errores y hacer de la gestión en el Gobierno su mejor propuesta electoral. A mi juicio, competir en el terreno de la gestión con el PSOE es una equivocación. Insisto, Pedro Sánchez, como antes se dijo, está dispuesto a sacar partido hasta de la labor de Yolanda Díaz; al fin y al cabo, este es su Gobierno, y al final, sea lo que sea lo que acuerde, terminará siendo su política. Si el ejecutivo acierta, el triunfo será de Pedro Sánchez. UP lo puede hacer bien en el gobierno, pero no hay ninguna garantía de que recoja electoralmente el resultado de su gestión. Las próximas convocatorias se darán en un contexto de gran polarización y el voto útil volverá a aparecer con fuerza.

UP no puede centrar su estrategia política solo en la gestión del gobierno ni tampoco comportarse como un partido bisagra. Si actúa así, desaparecerá como fuerza política real. Unidas Podemos debe combinar unidad con autonomía, diferenciarse del PSOE y reconstruir un espacio propio en torno a un proyecto alternativo de país, reinsertándose en los territorios y suscitando compromiso personal y, sobre todo, ilusión; en su centro la “vieja” y “nueva” cuestión juvenil, es decir, el futuro como construcción colectiva. Lo que está en juego es la existencia de una izquierda transformadora que cuestione a fondo las políticas neoliberales, que no renuncie a disputarle la hegemonía al PSOE y que siga defendiendo con verdad una democracia republicana y socialista.