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De indignados a ofendidos

  • Published in Política

EL BAR DE PEPE

Como sucedió con millones de españoles, yo también fui uno de los indignados de aquel 15 de mayo, y como nos sucede a millones de españoles, también me siento ofendido, engañado y desilusionado por las promesas que nos hicimos aquel mayo del 2011.
Algunos, muchos que tenemos edad para recordar aquel otro mayo de 1968, deberíamos haber pensado que todo quedaría tal cual, o sea no sucedería más allá de una proclama de intenciones, de buenas intenciones que no llegarían a ninguna parte.
Ni siquiera hemos conseguido acabar con el bipartidismo, siguen gobernando los mismos, con la alternancia y los apoyos de los de siempre, el Psoe y el PP se reparten el “pastel”.
Siguen las mismas leyes, continua la oligarquía capitalista carroñera que dominan los gobiernos ya sean de izquierda o de derecha.
Una de las utopías mesiánicas de aquellos “indignados”, quizás de todos los españoles, no era otra que las reformas de la ley electoral, laboral y la obligatoriedad de mejorar la sanidad pública, política de viviendas sociales, educación, o sea lo que realmente importa a los españoles, una política social que dignifique la vida de todos nosotros.
La reforma electoral sigue siendo imprescindible.
Suprimir la ley D´Hont se hace urgente para acabar con la injusticia que supone un sistema electoral de cálculo proporcional que divide el número de votos emitidos para cada partido entre el número de cargos electos con los que cuenta cada circunscripción.
Este reparto proporcional beneficia tanto a los grandes partidos políticos como a los partidos nacionalistas.
Permite un acceso más sencillo a las formaciones más pequeñas, al contrario que con otros sistemas de proporcionalidad como el directo (que utilizan por ejemplo EE. UU. y Reino Unido), en el que la fuerza más votada en cada circunscripción se lleva todos los escaños. La ley D'Hondt la creó el jurista belga Víctor D'Hondt a finales del siglo XIX, hoy en día está más que demostrada su ineficacia antidemocrática.
Sustituir la actual ley D'Hont de reparto de escaños por la fórmula Saint-Lagüe que se aplica en Alemania y en otros países y que garantiza una mayor proporcionalidad porque garantiza el principio de 'una persona un voto, sería una buena solución.
La reforma de la ley laboral. La Ley de la reforma laboral efectuada por el gobierno de los populares fue la peor que ha existido en España desde el año 1.939. El trabajador dejo de serlo para convertirse en un mero esclavo, en un tráfico de personas, que acabó con la dignidad del trabajador y permitió al empresario convertirse en los antiguos amos y patrones que ya existían en las primeras décadas del siglo XIX.
La pérdida de derechos fundamentales de los obreros españoles ha sido el legado del paso de M. Rajoy por la Moncloa.
Se hace urgente y necesaria la derogación de esas leyes y dar paso a una reforma laboral donde se recojan, nuevamente, los derechos perdidos.
La vigente Constitución española recoge de modo expreso una clara estructura en orden a proteger los derechos fundamentales en nuestro país, reconociendo la dignidad de la persona como base fundamental de todos los demás derechos fundamentales.
Consecuencia de ello, podemos concluir que la dignidad no puede identificarse como un derecho fundamental, sino que todo derecho fundamental tiene sentido en cuanto gira en torno a la dignidad de la persona, al desarrollo de la personalidad, y ya no en un plano individual, sino en su total integración y dimensión social.
Es decir, que en nuestra Constitución la dignidad es concebida como un valor de máxima supremacía, que además ha quedado consagrado como base de todos los derechos fundamentales.
La promesa más categórica del presidente Sánchez en su discurso de investidura dejó bien claro su firme propósito de realizar un proyecto de Ley de reforma laboral donde se recoja como norma primordial la dignidad del trabajador, independientemente de intereses del sector empresarial y las presione de las grandes empresas multinacionales.
Eliminar los contratos estercoleros, suprimir el esclavismo que supone trabajar bajo la espada del despido sin indemnización o con una cantidad ridícula alegando cuantas tropelías se inventó la patronal para poder despedir a millones de trabajadores en toda España, bajo la excusa de una crisis que fue creada por la banca carroñera.
Pedro Sánchez tiene la obligación de cumplir con su promesa, no basta solo con tomar medidas de “postureo” que sirvan de cara a la galería y a la foto facilona o el discurso “políticamente correcto”, aquí de lo que se trata es de sentar las bases y dejar claro que la meta del Psoe es crear leyes eminentemente sociales y dedicadas a la mayoría de los españoles, obviando intereses espurios y presiones de grupos de la oligarquía del capital que están sacando beneficios a costa del salario del miedo y de miseria.
Dejar de lado esta urgente reforma laboral es fallar estrepitosamente en las ilusiones de todos los trabajadores españoles, y dar crédito a los que opinan que esa reforma nunca llegará a llevarse a efecto.
A Pedro Sánchez habrá que recordarle aquella famosa frase… “La mujer del Cesar no solo tiene que parecer buena, además tiene que serlo”