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Desde la coherencia democrática y socialista

  • Published in Política

La coherencia en ésta sociedad tan materialista es muy fácil perderla. Lo he venido comprobando en mi larga trayectoria sindical, social y sobre todo política.

Serán las personas que me conocen y fundamentalmente las que han compartido conmigo esos compromisos, quienes puedan valorar y juzgar si he mantenido mi coherencia, que empecé a desarrollarla y manifestarla tomando como ejemplo, la implantación de la O.J.E. (Organización Juvenil Española). Fue en marzo de 1961, cuando recién había cumplido 15 años. Por mediación de la “asignatura”: “formación del espíritu nacional”, los profesores del régimen franquista que la impartían, reunían a los alumnos tratando de “convencernos” (aleccionarnos) para que nos integráramos en esa referida organización.

Estudiaba en la Escuela Industrial de la calle Canalejas en Las Palmas de Gran Canaria, cuando una mañana nos reunieron los mencionados profesores. Lo tenían todo preparado, incluido a un alumno vestido con el uniforme. Después de explicar “las bondades” de la integración, el que llevaba de los tres “la voz cantante” (recuerdo perfectamente sus nombres y apellidos, pero no vienen al caso, pues lo que hacían estaba extendido por toda España y por todos los profesores franquistas de la época), al final nos dijo que si queríamos preguntar o manifestar algo. Pedí la palabra y expresé que consideraba a la OJE como a la Falange pero con distinto uniforme. En mi descripción y por el tono que empleé se notaba el rechazo que sentía por ésta.

Efectivamente, desde el desconocimiento que tenía a mis 15 años para hacer ninguna valoración política a la fascista Falange, pero en mi retina había queda- do dos visitas furtivas (bueno en realidad no tenían tanto furtivismo, ya que los falangistas hacían publica ostentación de su condición), al interior de su sede en la Alameda de Colón. Era una casa canaria con patio central y cuando por curiosidad entré acompañado de unos cuantos amigos de mi barrio, del Risco de San Nicolás, pude presenciar a jóvenes y no tan jóvenes vestidos con su característico uniforme y de las dos ocasiones, en una, “me goce” un “fabuloso concierto” con su banda de cornetas y tambores. En la otra había uno de sus mandos enalteciendo a los jóvenes falangistas con sus consignas y peroratas. Aquello me causo un impacto emocional muy negativo y se me ha quedado para el resto de mi vida: ver y escuchar tanta intolerancia y fanatismo.

Expresé a mis aleccionadores profesores mi rechazo a pertenecer a la OJE. La mayoría de mis compañeros, muchos por desconocimiento o ignorancia si se prestaron a participar en semejante proyecto. Por supuesto en las asignaturas que impartían: formación del espíritu nacional y educación física (gimnasia) merecidamente (aunque en ésta no lo hacia tan mal), me imponían el correspondiente y “mas que merecido suspenso”. Nunca me ha gustado las imposiciones tanto recibirlas como darlas y creo que en esto he dado muchos y variados ejemplos. Me considero un rebelde (con causas) socialista autogestionario y como tal, pienso que me comporto y actúo. Imagine de John Lennon es de todas las canciones la que más comparto y me identifica, precisamente por su componente autogestionario.

Con esas experiencias y bagaje, en el mundo que desde 1971 me he comprometido el sindical primero, político y social, lo he vivido de diferentes formas, al principio y hasta mediados o casi final de los 80, con entusiasmo, buen compañerismo y camaradería. No había ambiciones y menos aún desmedidos egoísmos. Todo era más bien sacrificios, no sólo nuestros también de nuestras familias, soportando los compromisos que habíamos adquiridos, en pro de conseguir y consolidar la libertad y democracia.
Pero todo eso se fue desvaneciendo al socaire del poder que los partidos políticos iban acumulando, (incluyendo el PSOE que por ser uno de sus militantes era el que más me preocupaba y afectaba) y con la llegada masiva de arribistas y oportunistas, para copar los cargos orgánicos y sobre todo públicos, habiéndose creado el político profesional que para perpetuarse en sus puestos tanto de elección como de designación (muchos auténticos enchufados), no lo han dudado y vienen imponiendo y utilizando practicas deshonestas e indeseables. Han jerarquizado las estructuras de sus partidos y secuestrado a estos desde las instituciones. Lo podría esperar de los advenedizos, pero las mayores decepciones las he recibido de mis compañeros veteranos, que para defender sus intereses personales, “tiraron por la borda” nuestras señas de identidad, principios y convicciones.

Por eso para mi coge mayor fuerza e importancia, el haber tenido la fortuna de conocer y compartir militancia con compañeras y compañeros veteranas/os socia- listas republicanas/os, los primeros como exiliados en Londres: Clemente García, Lorenzo Campos y Emilio Araujo y después a mi regreso a Gran Canaria en 1976, muchos más compañeros entre otros quien fue mi principal referente Felo Monzón Grau-Bassas, que había sido secretario general de Juventudes Socialistas en Canarias durante la II República, Manuel Hernández Muñoz, Juan Rodríguez Doreste, Antonio Ojeda, Engracia Sosa y su marido Antonio Cardona, los hermanos Domingo e Isidro del Pino, Jorge Pulido, Juan Vega Yedra y Leonardo Peñate. Hasta el final de sus vidas mantuvieron la coherencia como íntegros socialistas, el legado que nos dejaron ha sido de un gran valor para quienes hemos procurado imitarles en sus extraordinarios ejemplos. Nos advertían acerca de los riesgos de involución, relacionándolos con lo que habían pasado y padecido, pero no desprendían ni daban mensajes de venganza, aún habiendo sido represaliados en campos de concentración y en la cárcel.

Algo más lejano por la distancia, pero no en el pensamiento he tenido siempre de mis compañeros contemporáneos, como principal referente a quien fue un autentico maestro el inolvidable y entrañable Luís Gómez Llorente. Y en Canarias compartiendo una militancia más cercana: Paco Afonso, que falleció trágicamente cuando como gobernador civil fue a supervisar el incendio en la isla de la Gomera, Pedro Guerra, Alberto de Armas, Alberto Guanche, Pedro Zerolo, Juan Carlos Alemán, José Luís Reina, Mari Carmen Llopis, Ramón Álvarez Braun, Carmelo Artiles, Néstor Padrón, Domingo Caballero Ríos, Domingo González Chaparro, Ana María Peñate, Aurora Pérez, Manuel Suárez, Alfredo Mederos, Carmelo Padrón y Federico Rivero. De todos guardo y guardaré el mejor de los recuerdos, como es haber sido por siempre unos ejemplares e íntegros coherentes socialistas.