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13, Rue del Percebe

  • Published in Política

EL BAR DE PEPE

El famoso comic de Francisco Ibáñez, 13 rue del Percebe, historietas que nos muestran a los vecinos de un destartalado edificio en diferentes situaciones cómicas, tiene su símil en el Parlament de Catalunya, que se ha transformado en un local donde cada uno de sus vecinos están peleados y enfrentados unos contra otros.

Mientras esta caterva de ineptos, ridículos administradores de lo público, están pendientes de su poltrona en el Parlament, el pueblo catalán está paralizado y, esta vez sí, colonizado por el gobierno central.

La aplicación del artículo 155 de la Constitución española implica la invasión del Estado con el secuestro de las instituciones comunitarias. Eso es así, aunque lo queramos adornar con otra clase de adjetivos; Catalunya lleva tres meses secuestrada por Mariano Rajoy y su mariachi.

El famoso artículo constitucional, tiene el deber, mejor dicho, la obligación de ser un mero trámite entre la infracción, la ilegalidad cometida y la puesta en marcha de la normalidad, nada más y nada menos que volver a restaurar la tranquilidad de la autonomía en el menor tiempo posible, todo lo contrario, es perpetuar sine die el control de Catalunya.

El “reality show”, al mejor estilo del “gran hermano”, que nos están ofreciendo los políticos independentistas catalanes, es digno de un estudio psicológico de la personalidad del pueblo catalán en el siglo XXI.

Yo creo que han pasado de ser el motor de la locomotora del tren europeo, la referencia de la modernidad y cultura en Europa, al espejismo de aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor”. El mal llamado procés (proceso) ha dejado al descubierto la mediocridad de los representantes, de los administradores, sitos en el 13 de la Rue del Percebe o lo que es igual; Parc de la Ciutadella s/nº.

El engendro creado por la familia Pujol – Ferrusola, parece desaparecer ahogado por la maravillosa y ansiada DUI (declaración unilateral de independencia de los países catalanes) Hasta llegar a esta fecha, el 27 de octubre de 2017, lo intentos por apartar la corrupción de la política y políticos catalanes se llevaron varias cabezas por el camino; Durán y Lleida, Artur Más, fueron los más renombrados, los nuevos antisistema de la CUP no a admitieron al delfín, del honorable capo retirado Jordi Pujol, como President de la Generalitat y así fue como apareció de la “chistera” el nuevo artífice del proyecto segregacionista catalán.

Carles Puigdemont aparece en el escenario del reality show de la “estelada y la estaca” bajo el patrocinio de Oriol Junqueras y el beneplácito de los revoltosos chicos de la CUP. A partir de ese momento se pone en marcha el mecanismo para la ansiada “libertad” del pueblo español, que nos lleva jodiendo, robando y puteando 4 siglos y medio.

Siempre he estado de acuerdo con el derecho, dentro de un estado democrático, a la autodeterminación de los pueblos, por lo tanto, he apoyado el referéndum, como sistema primordial para valorar la voluntad de los ciudadanos, pero ese plebiscito se tiene que realizar con toda clase de garantías, con un mínimo quorum de participación lo suficiente para llegar a una conclusión que convenza a todos.

Puigdemont, héroe del comic independentista de Catalonia, parece que quiere hacer la competencia a Rodolfo Chiquiliquatre en ganar la fama “eurovisiva” y a base de ruedas de prensa pretende obtener la ayuda institucional que Europa le niega.

La idiotez de los políticos secesionistas llega al máximo del esperpento cuando, en lugar de promover la figura de un nuevo presidente del gobierno catalán intenta, nuevamente, burlar la legalidad y hacer la payasada de nombrar un president de la Generalitat en el exilio, una especie de Tarradellas, pero con bastón de mando vía “telemática” o “virtual”.

La sin razón, la falta de cordura de JuntXCat, ERC y la CUO, llega al paroxismo total cuando pretenden solucionar el asunto nombrando un títere de president, una asamblea ejecutiva que servirá como enlace con Puigdemont en Bruselas que ejercerá de president en la sombra. La pregunta del millón es: ¿de que servirá el president y gobern de la Generalitat nombrado en el Parlament del 13 de la rue Percebe?

Lo que sí está clarísimo es que Carles Puigdemont y su “sequito” siguen cobrando sus cuantiosos sueldos, tocándose los cojones y sin dar palo al agua. En eso si tiene razón Carlitos, “dame pan y llámame tonto”.