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Venezuela: teoría de la conspiración

  • Published in Política

En el año 1993, estuve a punto de entrevistar a Hugo Chavez en la cárcel de Yare en el municipio de Simón Bolívar, del estado de Miranda.

La figura del comandante Chavez me impresionó y a través de una amiga, colega y abogada, encargada de la defensa de los militares golpistas, culpables del golpe de estado de febrero del año 1992, me propuso la entrevista para Radio Nacional de España. Todo preparado, un acontecimiento familiar imprevisto me hizo renunciar a la entrevista.

No obstante, siempre tuve un seguimiento especial por la figura humana y política de Hugo Rafael Chavez Frías, tanto es así como, a través de su página en las redes sociales, intercambiamos opiniones. Le insistía que la época del uniforme militar había acabado con su llegada al Palacio de Miraflores, y durante un tiempo me hizo caso, utilizaba el uniforme solamente para los actos castrenses.

Chavez se encontró con un país esquilmado por la corrupción que estaba enquistada en el mismo gobierno y más aún; la propia población, los venezolanos convivían con un Estado corrupto admitiendo, tácitamente, que era algo que iba ligado al poder. El pueblo consideraba normal, como la mayoría de los países sudamericanos, el latrocinio del gobierno, el choriceo policial y judicial, la pobreza llegaba a porcentajes increíbles, más del 60% de la población estaba en situación de exclusión social, las cifras del desempleo batían récords y llegaban al 44%.

 Chávez supo conectar con la gran masa del pueblo venezolano y lo hizo demostrando que su programa social  era posible, que no era la demagogia a la que estaban acostumbrados por adecos y copeyanos, que no era una utopía erradicar la pobreza endémica, desterrar el analfabetismo, terminar con el chabolismo y crear millones de viviendas sociales, emprender formulas novedosas para que el pueblo participara activamente en su futuro desarrollando asambleas populares, que se convirtieron en la voz del pueblo soberano. El desempleo junto con la educación fueron los objetivos primordiales del gobierno del presidente Chávez que sabía muy bien que un pueblo inculto era un pueblo fácil de vencer por la oligarquía del capital neoliberal carroñero que utilizando todas sus armas y artes mafiosas intentó, en más de una ocasión, atentar contra aquel personaje que no eran capaces de vencer democráticamente en las urnas. Los logros de lo que se ha llegado a denominar “el chavismo”, fueron innegables, otra cosa es analizar la actualidad, echando la culpa al pasado. Y la realidad estaba en las urnas, Chavez ganó todas y cada uno de los 14 plebiscitos a los que se presentó, algunos con un promedio de 75% de los votos de los venezolanos. Esa es una realidad irrefutable.   

Chavez se equivocó, cuando mejor lo estaba haciendo, cuando en las urnas ganaba por goleada a Capriles, cuando la CIA intentó acabar con él en más de una ocasión, al final su cambio de “rumbo” y querer copiar el sistema cubano de Fidel Castro empezó la debacle y caída del populismo chavista. Pero, aun así, la prematura muerte de Hugo no hubiera tenido mayor repercusión, es más si en lugar de nombrar a dedo a un político incapacitado, a un sátrapa indecente, a un dictador que ha vuelto a imitar a los  Carlos Andrés Pérez, Lusinchi, etc. en cuanto a vaciar las arcas del estado, si hubiese utilizado la democracia por la que él estaba clamando, jamás estaría Venezuela en la situación que se encuentra.

Nunca Venezuela tuvo una guerra civil como la que se está viviendo en ese riquísimo país. Nicolás Maduro se ha convertido en el doble de Pinochet, de Videla, y pretende perpetuarse por los años de los años en la poltrona de Miraflores. No importan los muertos, no importa el hambre, el desempleo, la inseguridad, la violencia extrema, ni siquiera importa pisotear los derechos fundamentales del pueblo, mientras tenga el control del ejército y el apoyo de unas fuerzas de seguridad cada día más parecidas a la Gestapo nazi, Maduro seguirá ejerciendo de reyezuelo bananero.

No existe conspiración, quien lo dice le ocurre dos cosas: o es ciego, sordo y mudo, o bien está pringado por el gobierno de un genocida. Negar la evidencia de un pueblo que carece de todo lo más básico para subsistir, echar la culpa de una crisis económica, instalada en uno de los países más ricos del mundo, a Estados Unidos se me antoja una excusa pobre y sin base alguna. En tal caso también lo intentó con el gobierno de Chavez sin éxito alguno.

El gobierno de Venezuela de Nicolás Maduro es algo demencial y difícil de encontrar en Sudamérica. Egocéntrico, maniático, genocida, aferrado al poder y con psicopatías de tipo agresivo, convertido en un déspota asesino; ha detenido y torturado a la oposición, ha exprimido su economía hasta alcanzar un asombroso crecimiento negativo y una inflación de miles de millones por ciento, y se ha quedado con una jugosa porción, manipulando la divisa y las cuentas en paraísos fiscales.

Las cárceles siguen llenándose de personas anónimas, de ciudadanos de a pie, cuyo delito ha sido el decir “basta ya” a un tirano culpable del genocidio cometido con miles de venezolanos, que ha pedido su dimisión. El teatro, el pucherazo, del “referéndum del revocatorio de la Asamblea General” una payasada digna del “payaso diabólico” ha sido el detonante para que el 70% de los países del mundo, incluida China y Rusia, se hayan posicionado en frente de su anterior aliado. La Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, la inmensa población mundial demanda urgentemente una convocatoria de elecciones libres en Venezuela que sirva para echar del Palacio de Miraflores a un dictador peligroso y que sea juzgado por crímenes de lesa humanidad.

No existe conspiración internacional contra Venezuela, porque para conspirar contra Venezuela se basta y se sobra Nicolás Maduro.