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Frases reaccionarias en la política.

  • Published in Política

Los partidos políticos (sus dirigentes) se han alejado de la sociedad y con sus estructuras jerarquizadas y férreas se hace prácticamente imposible la discrepancia interna, aunque ésta sea de carácter constructivo.

Las frases reaccionarias en la política no son gratuitas y, por el contrario, se utilizan para conseguir unos objetivos: básicamente la anulación de postulados divergentes o contrarios a los oficialmente establecidos y/o sumisión de las y los militantes, que libremente apuestan por tratar de encontrar nuevas vías más democráticas y participativas o recuperar, como es el caso del PSOE, valores y principios que nos identificaban y que han sido "tirados por la borda".

Se basan en la amenaza o intimidación como es el caso de la siguiente: "quien se mueva no sale en la foto" y desde luego que no saldrá, a no ser que se supedite. Ésta frase en su tiempo fue atribuida a Alfonso Guerra, aunque él desmintió haberla pronunciado. Pero lo cierto es que en cuanto llegamos por primera vez a la Moncloa, en octubre de 1982, con el beneplácito de Felipe González, implantó unas estructuras y funcionamiento del PSOE en consonancia con la referida frase.

Se llegó al extremo de imponer en los congresos el voto por delegación y no por delegados, no importando la cuantía de éstos, pues a la hora de votar eran los cabezas de delegación (17 jerarcas de sus respectivas comunidades o nacionalidades) quienes estaban facultados para hacerlo.

Igualmente utilizan la disuasión y persuasión y en ese sentido una de las frases más conocidas es "la ropa sucia se lava en casa". Por supuesto, no hay jabón ni detergente para poderlo hacer. La democracia interna brilla por su ausencia, los órganos del Partido, que es donde se deben producir los necesarios debates y adopción de las resoluciones convenientes y oportunas, son meros "ceros a la izquierda", ya que están secuestrados por los dirigentes que ostentan al mismo nivel los cargos orgánicos e institucionales.

No admiten las discrepancias de las afiliadas y afiliados, pero eso sí, en su lucha por los cargos y el poder no tienen reparos para incluso públicamente enfrentarse entre ellos, sin importarles el daño que le puedan causar al partido.

Aunque subliminal y menos conocida, pero hay otra frase asimismo reaccionaria: "hay que ser pragmático, hay que ser realista". Lo primero a objetar o cuestionar, es, ¿quién mide el pragmatismo o la realidad? y ¿desde que parámetros?. La suelen utilizar dirigentes o tecnócratas, casi siempre al comienzo de sus intervenciones, para procurar rebatir a quienes con sencillez hayan intervenido con anterioridad, exponiendo planteamientos contrarios a los suyos.

Ese ejemplo fue muy elocuente y salió bien reflejado en el documental “La Batalla de Chile”, cuando en vísperas del golpe militar del general fascista Augusto Pinochet, en contra del gobierno legalmente establecido del presidente Salvador Allende, en una asamblea popular, tomó la palabra un obrero y de forma sencilla, pero clara, expuso que como consecuencia de la situación que se estaba viviendo y para evitar el golpe de estado que se venía fraguando, había que armar al pueblo a través de los sindicatos.

A continuación intervino un trabajador tecnócrata y para rebatir los argumentos del obrero dijo precisamente que era necesario ser pragmático y realista y que la adopción de esa medida tendría repercusiones negativas para el país, ya que el sistema financiero internacional dejaría de facilitarles créditos, respondiendo el obrero para qué se querían, pues no serían necesarios si triunfaba el golpe de estado. Como así ocurrió, sumiendo a Chile desde el 11 de septiembre de 1973 hasta el 11 de marzo de 1990, en una lamentable y trágica dictadura militar. En consecuencia, ¿quién estaba en la realidad?

Las frases reaccionarias son el reflejo de lo que internamente ocurre en los partidos políticos, la falta de democracia y transparencia, juega a favor de quienes las producen y emiten.

La política lo envuelve todo y el devenir de los partidos políticos, gobernando o controlando las instituciones, afecta a toda la sociedad. Por eso se hace necesario la exigencia del cumplimiento del artículo sexto de la Constitución: “los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.

Lo mismo que no se cumple la Constitución en otros apartados, en este tampoco. La democracia en España está bastante deteriorada, pero aún no tenemos los problemas (al menos no tan graves) del populismo de ultra derecha con su  racismo y xenofobia, que se han instalado en otros países europeos: Francia, Austria, Holanda, Noruega, Italia, Reino Unido, etc. Hasta ahora tenemos suerte de que estos movimientos y sus correspondientes organizaciones no hayan aflorado (suficientemente) en nuestro país y es que el PP está sirviendo de parapeto, acogiendo en su seno a la derecha ultra conservadora. Claro que eso tiene un precio, como es soportar la política neoliberal tan retrógrada e injusta que están realizando, con medidas y recortes que afectan a los más necesitados.

Ocurre lo mismo en Alemania con la CDU de Ángela Merkel, que tiene integrados a los ultraconservadores y sin necesidad de otra guerra han doblegado e impuesto su política al resto de países de la Unión Europea y a sus ciudadanos, con recortes y austeridad y en su momento gobiernos tecnócratas en Grecia e Italia.

La libertad y la democracia son bienes muy preciados como para permitir que nada ni nadie los deteriore.

Antonio Aguado Suárez