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Otro muerto de la guerra silenciosa

La guerra cambió de escenario y las nuevas armas fueron mucho más silenciosas. Se prestó mucha atención para recrear la apariencia de una democracia y no en que llegara a serlo. Hubo que echarle mucha imaginación para que no cambiase casi nada, hasta Felipe González tuvo que ponerse la chaqueta de pana y posó para las fotos con el puño en alto.

Todo ha sido una estrategia. Fernando murió colgado de una cuerda y no a garrote vil, pero quedó igual de muerto. Se suicidó, pero sus asesinos siguen siendo los mismos. No pudo soportar la soledad y el silencio que quedó cuando pasó la última procesión.

A Fernando no le mató una bala del 7,62 ni el garrote vil. A Fernando le mató la codicia de los bancos, la santa madre iglesia que protege el alma de los fetos pero los abandona una vez nacidos. Le mató el Artículo 135. Le mató nuestra pasividad cuando les dejamos rescatar con nuestro dinero a los bancos de su avaricia y no a los españoles de su miseria. Le mató la hipocresía de una sociedad que mira sin querer ver lo que está sucediendo. Le matamos entre todos.

Descanse en paz. Ojalá que nosotros no podamos hacerlo.