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La mafia y la huelga

  • Published in Economía

EL BAR DE PEPE

¿Pues que quieren que les escriba? Existen algunas huelgas que parecen diseñadas y ejecutadas por la mafia siciliana.

Porque cuando el derecho constitucional de los trabajadores a manifestarse, por medio de una huelga, para reivindicar su derecho a un trabajo seguro, bien remunerado y digno, se convierte en extorsión, en violencia que afecta a todos los ciudadanos, ese derecho deja de serlo para pasar a ser la ley del embudo al peor estilo de la cosa nostra.

El conflicto de los taxistas, el eterno conflicto  que enfrenta al colectivo en contra de otro tipo de transporte, innovado, modernista y aceptado por la población de medio planeta, pone en entredicho que los taxistas puedan tener la razón, si acaso quieren imponer la razón de la fuerza.

En el fondo, ¿cual es la raíz del problema? ¿en la competencia legal?, ¿en querer seguir monopolizando el transporte público del taxi en detrimento de los usuarios? ¿de eso se trata?

Los taxistas se quejan de competencia ilegal, cosa que no es cierto, por la sencilla razón de una cuestión fundamental que se llama; libertad del mercado.

Estamos en un estado democrático, o por lo menos eso dicen, donde la libre competencia, no sólo es legal, además es necesaria. De tal forma que en todos los sectores industriales existe esa libertad para crear empresas que activen la competitividad, al mismo tiempo que crece la calidad en los servicios y abarata el coste de los mismos.

La aparición en el mercado  de los vehículos de transporte con conductor (VTC) ha venido a revolucionar la idea  tradicional del transporte urbano de pasajeros.

Los VTC se diferencian de los medios  convencionales en que, en ellos, los pasajeros tienen cierta libertad de elegir los puntos de salida y de destino, mientras que en los otros medios de transporte el pasajero debe elegir entre un número limitado de estaciones designadas por el proveedor del servicio.

Por otro lado el precio del trayecto está fijado de antemano, la modernidad de sus vehículos, la limpieza, unido a la vestimenta y el trato de los conductores con el usuario, hace más atractivo la utilización de las VTC en detrimento del colectivo del taxis.
El negocio del taxis, como cualquier otro, tiene que cambiar. O cambia o muere en el tiempo, porque no se trata de los que ellos quieran, se trata de lo que el público demanda.

La práctica de “esto esto son lentejas, o las comes o te jodes” la de la ley del embudo, la formula y la forma de realizar sus protestas recuerda mucho la de la ley del silencio, la de los estibadores en los puertos de Marsella, de Nueva York.
Cuando so pretexto de una “huelga legal” se realizan actos de violencia y extorsión, cuando los perjudicados son todos los ciudadanos, independientemente si son o no usuarios de ese  transporte, las fuerzas de orden público deben actuar con contundencia y efectividad. No se puede permitir que 3.000 personas provoquen el caos circulatorio en una capital como Madrid o Barcelona, me atrevería a decir que ni siquiera en el pueblo más pequeño de Europa. Hemos asistido a “espectáculos” violentos practicados siempre por los mismos energúmenos, gangsters disfrazados de taxistas que no dudan en utilizar la violencia para lograr intimidar a los conductores y usuarios de los VTC.

Las perdidas económicas en ambas capitales españolas han sido cuantiosas, la imagen de España en la feria del turismo internacional, en Fitur, ha quedado tocada, pero lo más inútil, idiota y esperpéntico es que el propio sector depende en gran medida de los 80 millones de  turistas que nos visitan, boicotear Fitur ha sido, no solo una cabronada para los cientos de miles de visitantes, la mayor estupidez de un colectivo de descerebrados que, sin la mayor responsabilidad, buscan la confrontación como forma de reivindicar unos derechos que no tienen.

En este sentido, grandes compañías de VTC como Cabify  o Urber han tenido un crecimiento espectacular, el público utiliza cada vez más ese tipo de moderno transporte que se utiliza en numerosas capitales de todo el mundo. Si tenemos en cuenta que en España existen 65.277 taxis por 9.366 VTC, apenas un 14,34%   no creo que la competencia sea tan fuerte como para intentar acabar con este novedoso sistema de transporte público.

Tiempo al tiempo, las VTC no desaparecerán, por mucho que quiera la mafia, no lo harán, y lo taxistas tienen que sacar una conclusión.

O renovarse o morir.