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Con los cambios hemos topado, amigo Sancho

  • Published in Cultura

En uno de los días pasados de lluvias no acostumbrados por su intensidad, de hecho han sido las más grandes de los últimos cincuenta años en la zona sur, varios amigos nos refugiamos en El bar El Chachi para protegernos, contemplarlas y conversar de la divino y lo humano.

Entre nosotros se encontraba Antonio Morales “Petróleo”, un buen conocedor de la geografía del pueblo y los campos piñeros. Quien sacó a relucir la moda que se está imponiendo de cambiarles los nombres a los lugares, tanto urbanos como campestres. El tema llamó la atención e inmediatamente todos metimos nuestra basa. Y así se fueron recordando y saliendo del olvido algunos de los topónimos en los que se han efectuado cambios sin motivo aparente.
En Las Casas existió hasta hace muy poco tiempo, los vecinos no recuerdan su origen ni el nombre de quien la hizo, una era situada a la orilla del camino de la So Machina que tenía por nombre La era de los muertos. Esa era no tenía dueño. Por lo que de hecho era un lugar comunal. En la época de la siega los vecinos llevaban la cebada, los lentejones, las lentejas, el centeno y otros cereales y las ponían allí y cuando consideraban que el tiempo era propicio los trillaban, respetando el orden de llegada. Así fue hasta que se decidió construir una calle y eliminar la era. El problema no fue tanto eliminarla si se consideraba que su función económica y social ya no era necesaria o no tenía objeto, sino que a alguien se le ocurrió la idea de mutilar el viejo nombre, de tal manera que la calle fue nominada como calle La Era. Los contertulios decían que seguro que esos funcionarios le tenían miedo a los muertos y habían pensado que si el nombre desaparecía también lo harías sus fantasmas. Lo malo fue que al suprimir “de los muertos” se cargaron una parte de la historia del pueblo que tiene que ver con el sentido comunal y solidario de las costumbres ancestrales.
La conversación pasó después hacia al nombre del viejo camino real que comunicaba Las Casas con Taibique que era denominado y conocido por todo los vecinos como Camino de la So Machina y de buenas a primeras y sin explicaciones lo etiquetaron Lucía Machina, cuando todos los residentes del lugar saben que esa parte del pueblo y el camino siempre han sido conocidos como la So Machina. En ese sitio el camino, hoy día calle se divide, y por el norte se dirige hacia El Granadillo, Las Paredejas, El Mentidero y a partir del Chamorro continúa con el nombre de Los Roques. Por el sur, y con la denominación de Tío Manasén, continua hasta llegar a El Pasito antiguo vado por donde se cruza el barranco La Vieja y se adsede al Charcantón.
El nombre de Tío Manasén pareciera que tuviera el espíritu de la confusión de lenguas propio de la Torre de Babel, ya que también hay quien lo conoce como Manasén y Teo Manasén. Ese camino fue muy importante ya que no solo permitía el acceso hacía la parte sur del pueblo y el territorio de la costa, sino que comunicaba las dos plazas del pueblo. La antiquísima de Las Casas, una de las más viejas de Canarias, con la de Taibique.
Como los cambios han sido numerosos, voy a referirme a uno de por si lacerante. En la costa existe La Hoya de Los Roques de cuyas tierras se apropió Nicolás Peraza. En esa hoya se encuentran los volcanes Roque Quemado, Roque Grande y la Montaña de El Lajial que tuvieron una de las actividades eruptivas más prolongadas de la isla, y cuyas lavas tipo pahoehoe y AA cubrieron erupciones anteriores, y el territorio de unas cuarenta hectáreas que va desde el Lomito Atravesado y Los Saltos hasta Tecorón formando lo que es conocido por su belleza como el Lajial Liso lleno de tubos volcánicos, filigranas y figuras caprichosas a las que José Padrón Machín denominó Bordados de Piedra. Pues bien, de buenas a primeras desapareció el ancestral topónimo montaña de El Lajial y fue sustituido por el de la montaña de El Julan.
Los habitantes del sur, siempre han reconocido como El Julan al territorio ubicado en las medianías al oeste de la montaña de El Mercadel y que llega hasta los límites de La Dehesa. La presencia de varios nombres en esa zona dan fe de ello: Montaña de El Julan, Roque de El Julan, Laderas del Julan, Letreros de El Julan y los más recientes de Centro de Interpretación de El Julan y la carretera de El Julan. Los topónimos Montaña de El Julan y Roque de El Julan son antiquísimos y sin duda de procedencia bimbape. Por ello no han dejado de preguntarse cuál fue el motivo para repetir esa denominación rebautizando y tratando de imponérselo a una montaña que está situada en la costa a varios kilómetros de distancia y que además su nombre siempre ha tenido mucho arraigo e historia en el pueblo.
A esos problemas se añaden los de que dichos cambios han sido promovidos por funcionarios, muchos de ellos no nacidos en la isla, la mayoría con estudios universitarios pero con un conocimiento del terreno, por lo que se ve, limitado. Entre ellos no han faltado los licenciados y doctores, los que, investidos de la autoridad académica que da la universidad, terminan por imponer sus puntos de vista ya que llevarles la contraria no dejaría de ser considerado como una obra de incultos e ignorantes.
Consultando con un amigo esta problemática me dijo que eso era un fenómeno universal que formaba parte de la ideología postmodernista propiciador de las teorías de la globalización y de las sociedades y estados líquidos, pensamiento auspiciado y reforzado por las teorías filosóficas y económicas del anarcocapitalismo defendido por algunos pensadores y economistas de la Escuela de Austria que niegan todo tipo de controles y referencias bien sean estas religiosas, históricas o científicas, y cuyo propósito no es otro que dejarnos en el aire sin asidero ni memoria histórica, a merced de las grandes corporaciones militares, mediáticas, oenegeras y del dinero. Debo decir que me dejó pensando y en aquel momento no supe que contestarle.

Armando Hernández Quintero
El Pinar de El Hierro