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El Guachinche

  • Published in Cultura

LA GUILLOTINA DE PAPEL

La tradición del guachinche, una especie de casa de comidas, que en Canarias tenia una gran tradición, especialmente en la isla de Tenerife, ha ido desapareciendo como por arte de magia.

Nuestros guachinches se distinguieron como los embajadores de la cocina tradicional de las islas canarias. Eran famosos en gran parte de Europa gracias al boca a boca de los turistas que recomendaban a sus amigos visitar “casa Pancho” en la playa de la arena en el Puerto de Santiago o el bodegón campestre en el monte de la Esperanza, o Dª Candela en Araya de Candelaria.

No sé si es gracias a los comentaristas seudo críticos gastronómicos, pero la cosa es que cada día desaparecen los tradicionales guachinches, denominados coloquialmente de “chochos y moscas” y aparecen los nuevos referentes de la chorrada gastronómica tinerfeña.

Estuve como media hora buscando Casa Maria en la zona alta de La Matanza de Acentejo, pueblo famoso por la escabechina que hicieron lo guanches a los conquistadores en esa zona norteña, en una gran batalla.

Casa Maria se distinguía al resto de sus congéneres del sector en dos asuntos relevantes: uno la calidad de su vino de la casa y otra el ver como la doña y dueña del chamizo, sin saber leer ni escribir, solo contaba hasta 10, preparaba la cuenta con una antediluviana máquina de calcular de primeros del siglo pasado. La cosa era bien sencilla, los hijos preparaban la comanda con el precio, ella veía los números y los plasmaba en la maquinita y sabia el signo del + y del total. Nunca pagó impuestos y nunca se equivocó en el cálculo de la cuenta, tanto era así como apostábamos las copas a ver si ese día se iba a equivocar en la suma o no, jamás se equivocó.

El trato familiar, unido a la excelente cocina casera, hacía de todos estos lugares algo intimo e inigualable, brillaban por su limpieza y la atención de lo más informal, prescindiendo de protocolos al uso de la restauración, te daba la sensación de estar comiendo en la cocina de tu casa. El olor a las garbanzas con pata, o del conejo en salmorejo era peculiar en estos “garitos gastronómicos” que, además de ser auténticos, te cobraban un precio más que justo.

Tuve que preguntar por los alrededores para localizar Casa Maria, cuando al final di con el local todo había cambiado, la decoración, las viejas fotos de Dª Maria y su familia era lo único que quedaba del tradicional guachinche, con un par de cuadros con fotos recogiendo galardones a la gastronomía canaria aparecían los dos nietos de la doña.

Sorprendido con el cambio suscitado en las dependencias del nuevo y moderno chiringuito casa Maria, pedí la carta y un camarero muy atento y cordial, me sugirió varios platos “estrellas de la casa”. Me dejé de llevar y sin leer la carta le pedí consejo.

De primero me aconsejo “la ensalada templada de lechuga iceberg con escarola y tomates cherry, aliñada con guacamole y fruta del tiempo”, al mismo tiempo y como picoteo una cestita con panecillos tostados, bastoncitos de pan bizcochado con una tarrina que me dijeron era “delicias de sobrasada canaria”

Como entrante y para cuchara de los cuatro amigos que íbamos, nos sugirió “unos garbanzos con manitas de cerdo negro canario, al estilo de la abuela” o bien “unos filetes de pulpo del Océano Atlántico a la vinagreta de Módena con aceite oliva virgen extra especial del valle de Arico” o “costrones de cerdo negro canario al gofio palmero de maíz y sésamo”, también algo que me llamo la atención; “los lomos de cazón hervido en su jugo y salsa roja canaria”.

Como platos estrellas nos recomendaba: “Liebre salvaje del Valle de Ucanca al horno, bañada en salmorejo de la isla”, “El secreto del cerdo negro del guanche Zebenzuy” y “el baifo embarrado al estilo de mi tía abuela Maria la de las Mercedes”

De postres: “Leche merengada al baño de Maria con pétalos de tabaibas del Teide” y….

Al llegar a tamaña gilipollada, paré al camarero y dándole las gracias y pidiendo la cuenta de la caña de cerveza, salí huyendo de tamaño bodrio de los que son muy aficionados, seguramente porque no pagan el sablazo que les pegan, los “críticos gastronómicos isleños” que les puedo asegurar la gran mayoría de ellos son unos barrigones, gorrones, de esperpento que el sabor y la experiencia la tienen allí, donde la espalda pierde su casto nombre, o sea en el culo, señores.

Lo más curioso es que por una ensalada de lechuga, un poco de pan con chorizo de perra chica, o unos chicharrones con gofio, y un poco de conejo en salmorejo, más una botella de tinto de la casa, sin postre, con café, sin güisquil la cantidad de 20 € por jeta…ni un céntimo menos, pero si se atreve a pedir postres, echándole un par de huevos a la cosa y café con copa, prepárese para pagar no menos que 27 € por cabeza.
La gente se cree que la otra gente es gilipollas o extraterrestre, y así les va, unos cierran el guachinche típico de donde habían bien vivido tres generaciones y abren el restaurante “típico” que no suele durar un año abierto, pero eso si… seguramente les darán el premio Diario de Avisos al mejor restaurante de la nueva cocina de la gastronomía canaria, pues nada que Dios reparta suerte.