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Una vez metamorfoseado el universo rutilante y barato del plumilla en la cómoda moqueta de la empresa pública a medio privatizar, un nuevo espacio interestelar al que se puede llegar cómodamente por vía vaginal a casi el doble de la velocidad de la luz, la vida misma, y con ella la capacidad de análisis del formador de opinión a sueldo, se torna una letanía tan predecible como indigna.
El excelso creador de opinión juzga y condena, sin más “rodeos”, la reacción de los que van a perder sus tierras y su modo de vida como una “expresión patológica más del profundo desarreglo político y cultural de Canarias”, como si el desarreglo político y cultural que invoca, en vez de ser la disfunción de la actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo y, respectivamente, un presunto desorden del conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico, fuese una tiranía genética que afecta a este pueblo castigado por la miseria moral institucionalizada, como si el grito del que pide justicia fuera una irreverencia hacia el resto de la humanidad, como si la democracia se circunscribiera al breve formato de un DIN-A4. El formador de opinión retira lo escrito cada día desde su alta tribuna, pero con la actitud de un perdonavidas que nos mira por encima de sus gafas durante un instante, como si no fuera la víctima de una presbicia política pactada de antemano. El formador de opinión sabe vestirse con ropajes pseudointelectuales, pero su hedor no puede engañar a todas las pituitarias durante todo el tiempo, por muchos “rodeos” que intente dar. Eso sí; el formador de opinión sabe contrastar hábilmente su estilo con la burda simplonería de otros formadores de opinión, precisamente esos que utilizan sus eructos como forma de hacer llegar su mensaje al pueblo llano. Pero todos ellos, los pseudo-intelectuales y los soplagaitas, no son más que mamporreros que prostituyen su cerebro. Sin embargo tiene razón el formador de opinión en que las cosas no están completas antes de joderse del todo. Se van jodiendo poco a poco sin que podamos hacer nada; como la sanidad, la educación, la seguridad ciudadana, la cultura, la cesta de la compra... La jodienda, en sí misma, es uno de los principios axiomáticos de la termodinámica de esta naturaleza cálida cocinada en Canarias. Pero lo bueno es que a veces, junto al destino de los más débiles, también se joden algunos negocios de los corruptos. Cosas del destino. Y el formador de opinión lo sabe, pero lo calla plácidamente al calor de la moqueta que pisa cada día y al amor de una cuenta corriente que crece sin parar. Pero el formador de opinión, en el fondo, no es más que un mercenario de la pluma; por eso cualquier día dará un triple salto mortal desde su plácida actitud contemplativa e ingresará, sin tapujos ni medias tintas, en la guardia pretoriana de Miguel Zerolo, y compartirá su trocito de gloria con Jorge Vargas, Andrés Chaves, Jorge Bethencourt y Pepito Grillo. ¡ Todo por Canarias !. |