Pero no cantemos victoria porque aún deben andar con cuidado las mujeres españolas. No han desaparecido los refranes, las actitudes, las burlas, chistecitos y comentarios mordaces, por parte de los de siempre, que demuestran, una vez más, el carácter machista que subyace en segmentos de la sociedad española. Cada vez son menos, es cierto, pero mientras existan y sigan pensando igual, son un peligro.
No vayamos a pensar que el machismo es exclusivo de España. Se da, quizás con más virulencia, en países hispanoamericanos, en Asia, en África y en naciones donde predomina el fundamentalismo islamista. Podríamos poner muchos ejemplos de lo que ocurre en esos países con relación al trato que se suele dispensar a las mujeres. De muestras pueden servir el programa “Laura en América” que realiza la televisión peruana, (Telemundo) que es un auténtico horror, o lo que ha ocurrido en el desierto de Sonora, en Méjico, donde han sido asesinadas cientos de mujeres, sin que las autoridades de ese país hayan hecho muchos esfuerzos para esclarecer los hechos y poner a buen recaudo a los asesinos. Por lo que se ve, allí la vida y la dignidad de una mujer vale bien poco. Ahí en la vida cotidiana se pregona en los trabajos o en las mismas canciones “que son muy machos”, con todas sus consecuencias: desprecio a la mujer, malos tratos, asesinatos, etc.
Cuando Rodríguez Zapatero tuvo la idea de incluir en su gobierno a algunas mujeres se sucedieron en todo el país los comentarios machistas que aparecieron en ciertos medios informativos peninsulares. Así, Antonio Burgos, un columnista del ABC de Sevilla, refiriéndose a las nuevas ministras del Gobierno, las calificaba como “las modistillas de Zapatero”. Concretamente Burgos escribía: “¿Le parece poco que una flamenquita llegue a ministra del Batallón de Modistillas de Z.P.?” Esto lo decía por la más joven ministra del Gobierno, Bibiana Aído, que es gaditana.
El cantamañanas de la COPE, “monseñor” Jiménez Losantos, (debe habérsele contagiado la misoginia de la cúpula católica y de determinados clérigos) comentó: “No sé que habrá hecho Bibiana. Como no haya ganado un torneo de peteneras”. Otro columnista del ABC llamado Juan Manuel de Prada escribió: “Para abastecer su gabinete de tías, Zapatero ha buscado debajo de las piedras”. Por otro lado el columnista de La Razón, Iñaki Ezkerra comentaba: “Nombrar a Aído parece de Gran Hermano, no sé si orwelliano o televisivo”. En fin una serie de despectivos y repugnantes jueguecitos de palabras que no creo que ni a sus mamás y hermanas lleguen tampoco a gustar.
Pero la guinda de todos los comentarios machistas los hizo el individuo menos recomendable de Italia, pero que ganó las últimas elecciones, un tal Berlusconi, quien refiriéndose al nuevo gabinete español, dijo “el Gobierno rosa de Zapatero”.
Tal vez el machismo se acabe utilizando varios sistemas. Por una parte, el rechazo de la sociedad. En segundo lugar, a través de la educación. En muchos centros escolares ya se vislumbra el machismo y el acoso por parte de algunos niños que tratan a las niñas de la peor manera y casi nunca como compañeras e iguales. Claro que a lo mejor el mal ejemplo y el maltrato le ven esos niños en su propia casa y solamente reflejan lo que ven o sufren. Por eso no he metido por medio a la familia. ¡Cuantas familias tendrían que reeducarse! Los padres ogros y maltratadores, en incluso tan promiscuos que abusan de sus hijos o hijas sexualmente, abundan todavía, por desgracia. Y en tercer lugar, desarrollando y haciendo cumplir las leyes sobre protección a las mujeres maltratadas o cualquier tipo de violencia de género, disponiendo de todos los medios para conseguir erradicar esta lacra.
Y para cerrar el comentario, resaltaré lo que nos atañe a nosotros, región ultraperiférica, y en ocasiones ultramontana La prensa local ha señalado que el número de detenidos por delitos de violencia de género en la capital grancanaria registró un incremento. Agregó que de enero a abril de este año se había arrestado a 34 agresores. Y eso sólo es en Las Palmas. Tenemos ocho islas habitadas y varias ciudades de más de 50.000 habitantes donde estos lamentables hechos se producen. ¿Qué pasa, además, con aquellas mujeres, o hijos, que no se atreven a denunciar sus casos de violencia de género? Hay gente que se siente aterrada ante un maltratador.
José M. Balbuena Castellano