| DESARROLLO | MEDIO AMBIENTE | SALUD | POLITICA | ENERGÍA | EDUCACIÓN | POLÍTICA SOCIAL | CULTURA | MEDIOS |
 

Inicio
Una profesora denuncia que en el concierto “40 Pop Tenerife” se vendió alcohol a menores Imprimir E-Mail
lunes, 17 de noviembre de 2008

ImageImageEntrevista a Carmen Gómez.

SB-Noticias.- En la noche del pasado 15 de noviembre tuvo lugar en el Recinto Ferial de Santa Cruz de Tenerife el evento musical “40 Pop Tenerife”, continuación del que se venía celebrando desde el año 1994 con el nombre de “Fiesta + Dance”. En el mismo participaron algunos de los artistas que estarán en la entrega de los “Premios 40 Principales” de Madrid el próximo mes. El precio de las entradas era reducido, (10 euros), y los fondos recaudados destinados a la Asociación San Lázaro, que protege a niños con discapacidades físicas, especialmente a los afectados por parálisis cerebral. Sin embargo, Carmen Gómez, profesora, quien asistió al concierto acompañada de una amiga, acabó la noche presentando una denuncia en la Comisaría Nacional de Policía de Santa Cruz, por la venta de alcohol a menores de la que fue testigo de excepción.

La ocasión congregó a numerosos adolescentes y también a niños (algunos acompañados por sus progenitores), pues el cartel de artistas incluía a algunos de los que más triunfan en las radiofórmulas. Fue en la cafetería del recinto donde esta profesora, llamada Carmen Gómez, observó que se despachaban bebidas alcohólicas, como combinados con whisky, a niños de hasta 12 ó 13 años.

En una de estas ocasiones, interpelando a la camarera, la denunciante le dijo: “Tú no tienes vergüenza. Le estás poniendo alcohol a niños de 12 y 13 años. El niño inmediatamente me mira y dice: no, yo no tengo 12 que tengo 13 [...] y la camarera se rió”. Según cuenta esta profesora, fueron muchos los menores a los que se les proporcionó alcohol.

“Te queda una sensación de inseguridad, porque dices, tanto rollo, tanto dinero que se gasta en seguridad, tanta protección civil, policía, ... pero allí se le estaba vendiendo alcohol a los menores. Todos vomitando, por la escalera, en los baños... Salí y hablé con la policía (Unipol) y me costó un montón que hicieran algo. Al final no sé si lo llegaron a hacer”, continúa su relato.  

Al parecer, los policías de este cuerpo a los que se dirigió, muy amables le explicaron que se encontraban allí más bien para si había alguna pelea o algún incidente por fuera del recinto, y que entrarían dentro sólo cuando hubiera una pelea grave. “Yo esto lo entiendo, porque la policía cuando entra a un lugar de esto, con la gente borracha, generalmente les increpan, y al final es peor el remedio que la enfermedad”, comenta la denunciante.

Cuenta que puso también estos hechos en conocimiento de varias personas responsables de seguridad, pero que no hacían ni caso. “Nadie sabe nada. Se ve que estaban contratados para una noche y no querían problemas”, dice.

Más tarde, llamó al 112, y pudo hablar con el jefe de sala quien con mucha amabilidad le dijo que la policía debía actuar de oficio. “Eso mismo pensaba yo...”, le contestó ella. Finalmente, decidió esperar en la cafetería a que se personara allí algún agente, para acercarse y ofrecerse a testificar, lo mismo que su amiga. Tal y como hace notar, ella sería muy buena testigo, pues por su experiencia docente distingue perfectamente un menor de quien no lo es. Cuando decidió marcharse del concierto, aún no había pasado ningún policía por la cafetería.

Tras abandonar el evento, y viendo que la cosa estaba clara, acudió a la Policía Local a presentar denuncia. “Me dijeron que por la noche sólo estaba abierta la de Añaza, que fuera a la Nacional y presentara la denuncia allí”, relata. “Fui a la Policía Nacional. No veas lo que me costó para que la policía que estaba me cogiera la denuncia, porque decía que eso tenía que ir al Ayuntamiento”.

Tras mucho insistir,  recogieron su denuncia, “pero a regañadientes...Al final me sentí yo mal por denunciar”.

Entiende esta profesora que la gente tiene mucho miedo a meterse en líos por denunciar hechos similares, pero apunta también que “que son chicos de 12 años, hay que protegerlos. Yo entiendo que sus padres a lo mejor no debían haberlos dejado ir a ese concierto, pero a lo mejor también pensarán, bueno, van a un concierto simplemente. Lo que no se imaginan es que en ese concierto haya adultos que les venden alcohol a sus hijos”, señala.

“Les dejaron el recinto ferial, que es un sitio cerrado y tiene unas normas. Y allí las normas no se respetaron. Estaba el suelo todo lleno de vómitos, nadie venía a limpiarlas, te podías resbalar y caer”, cuenta, añadiendo que además  “todo quisqui” estaba allí fumando. Se lo hizo notar a alguien de seguridad, quien le contestó que no iba a hacer nada al respecto. “Luego lo vi a él fumando”, explica.

“Vas a un concierto de esos y te da la sensación de que estás en un sitio sin ley total. Y el mensaje que se da a los adolescentes es de ven aquí para tomar drogas, para disparatarte, para beber y para hacer el tonto. [...] Yo no le tengo miedo a la policía ni a las instituciones, pero entiendo que cualquiera que no haya hecho esto antes se echa para atrás. Se van pasando la pelota...”, concluye.

 
< Anterior   Siguiente >
R. San Borondón
Programación
Frecuencias
Emisión por Internet
Fonoteca
Sala S. Borondón
Actividades
Cinemateca
Programación
Publicidad

Publicaciones
Humor
LA VIÑETA LA VIÑETA
NOTICIAS Sin Confirmar
Encuestas
¿Que opinas sobre el caso "sobrina"?
 
Lo más leído
SERVICIO RSS