| DESARROLLO | MEDIO AMBIENTE | SALUD | POLITICA | ENERGÍA | EDUCACIÓN | POLÍTICA SOCIAL | CULTURA | MEDIOS |
 

Respetuoso silencio Imprimir E-Mail
Escrito por Enrique González   
martes, 30 de enero de 2007

Salta la noticia. Se desparrama la pólvora. Regueros de fuegos en varias direcciones ocupan las islas, que los ejércitos ávidos de guerra desean ocupar. En una pataleta trágica y sin sentido, los amores de amparo luchan encarnizadamente con los amores de catástrofe. Mientras un alma se balancea entre el infierno tan temido y el cielo prometido, la sensatez en dudas pena, en paciente expectación descansa, en respetuoso silencio se cobija. ¿Será el infierno? ¿Será el paraíso? ¿Quizá, sólo sea el purgatorio? ¿Qué es el purgatorio? Un lugar de espera, un valle con un halo tristeza y un cielo azul de esperanza.

Salta la noticia. Se trata de algo desagradable relacionado con un político importante de Santa Cruz de Tenerife. Un simple acontecimiento judicial. Rebota la noticia y se ponen en marcha los acelerados e incontrolados mecanismos humanos de la opinión. Una cosa es informar y otra es opinar. Las opiniones favorables, por el simple principio de contradicción, desencadenan inexorablemente opiniones desfavorables. Y las nocivas provocan las benévolas. En los periódicos, radio y televisión, junto a la noticia, movidos por intereses enfrentados, se produce una gran erupción de comentarios, con interpretaciones diferentes, de todos los gustos y para todos los gustos. Aunque pocos han leído el auto en su totalidad, muchos son los hacen un fallo definitivo, como si manejaran el Derecho con facilidad, como si fueran jueces. Está claro que en este país cualquiera es un abogado.

Olvidan que el silencio es la mejor herramienta de la inteligencia y que hablar mucho complica más que aclara. La abundancia de comunicaciones, aunque enriquece a las mentes humanas, paradójicamente, cuando se trata de cuestiones políticas puede llevarnos a la confusión, la indiferencia y la incredulidad. Es regla conocida y utilizada que la mejor noticia siempre es una mala noticia. Y, si a la mala noticia se refiere a un político, entonces su valor sube muchos enteros. El político es la mercancía más vendida en los medios de comunicación. El precio de la popularidad es muy grande. Cuando algún habitante de las alturas sociales o políticas es tocado, para bien o para mal, muchos son los comentarios a favor o en contra. El número y la magnitud de los comentarios están en razón directa a las elevaciones personales de todo tipo.

Nunca se debe opinar –sí, informar- al inicio de un proceso judicial, sólo vale la opinión con el proceso concluido. Las impresiones no cuentan. Ni la amistad o enemistad, ni la simpatía o la antipatía, ni el halago o la crítica, nada cuenta, sólo cuentan las pruebas, el curso de la investigación y la decisión de los jueces, los verdaderos jueces, los profesionales de Justicia. Las entradas a los juzgados están abiertas a todas las denuncias, fundadas o infundadas; el recorrido interior es largo, denso, complicado y con varios obstáculos. Sólo después del largo trayecto, se abren las puertas estrechas y simplificadas de una escueta sentencia, que deja contentos a unos y descontentos a otros. Pero la terapia del tiempo, que todo lo cura, hace que descienda la fiebre y mitigue el gusto y el disgusto de los litigantes. Gracias a que la aplicación de las leyes es lenta los resentimientos primeros disminuyen. Hay que esperar a que vuelvan las aguas calmas para navegar –opinar- libremente.

Hay que aplaudir a los que luchan contra las injusticias de este mundo, pero no se puede celebrar a lo que combaten contra la Justicia con mayúscula. No hay que convertir un simple acontecimiento judicial en un suceso. Aunque el Diccionario diferencia poco el acontecimiento del suceso, sí lo hacen los grandes pensadores. Si añadimos al acontecimiento –un hecho simple ocurrido en el tiempo- emociones y sentimientos lo convertimos en un suceso -un hecho revestido de emociones y pasiones-. Las emociones y sentimientos son muy variables dependiendo de cada uno, por esto el suceso es diferente para los distintos observadores. Observadores, hijos de la injusticia radical de la humanidad, envueltos en la penumbra de una época de confusión, donde los hombres, recostados en la reblandecida almohada de la conciencia actual, enceguecidos por la bruma del buen vivir, han olvidado el sentido de lo importante.

Dejemos que la conciencia dictamine sobre la honestidad. La honestidad es cuestión personal. Otra cosa es la fama, que está en las manos de otros, y es la que está en juego en este barullo político. Dejemos que la Justicia con mayúscula siga su curso y que resuelva libremente, con la misma libertad que piden los amigos de la Libertad.

La evolución, la democratización de la sociedad, el aumento de la cultura no han aportado nada nuevo a la condición humana. Creer que la Libertad protege las libertades es una confusión. El gran monumento a la Libertad está sostenido por la amplia y granítica base del Respeto, donde se frenan las aguas encrespadas de las libertades.

De momento, hasta que los hechos no se aclaren, que la información continué, que las opiniones se reserven para mejor ocasión. Mientras tanto, un respetuoso silencio. Respeto para el individuo y respeto para la Justicia. Respeto para el purgatorio. Que el ángel bueno y el ángel malo trabajen por un alma que está en las puertas, sólo en las puertas, de un purgatorio.

 
< Anterior   Siguiente >
R. San Borondón
Programación
Frecuencias
Emisión por Internet
Fonoteca
Sala S. Borondón
Actividades
Cinemateca
Programación
Publicidad

Publicaciones
Humor
LA VIÑETA LA VIÑETA
NOTICIAS Sin Confirmar
Encuestas
¿Estás de acuerdo con la autosubida de sueldo de nuestros parlamentarios?
 
Lo más leído
SERVICIO RSS