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Nada más superar el breve miedo escénico que me provoca esta hoja de papel en blanco me asalta el recuerdo de una viñeta publicada en La Codorniz, la revista de humor que durante el franquismo se denominó a sí misma como la más audaz para el lector más inteligente. En la viñeta se escenifica un combate de boxeo en el que un púgil de ojos hinchados, amoratado y ensangrentado, está a punto de llegar al límite de su resistencia cuando suena la campana y su entrenador le dice al oído: “Tú tranquilo, por la radio vas ganando por puntos, el locutor es amigo mío”.
En 2006, superado ya el filo del nuevo siglo, inmersos -más bien ahogados- en la sociedad de la información, apenas nada ha cambiado y el chiste ha superado con buena nota la reválida que impone las nieves del tiempo, como cantaba Gardel. Pero la motivación es distinta: Durante la dictadura del franquismo la manu militari mantenía controlados los medios con el miedo como único argumento, sin embargo, en la democracia, los medios de comunicación se acomodan ellos mismos al calor del pesebre institucional que controlan los empresarios que financian campañas electorales. Antes y ahora, los medios siguen al servicio de la perpetuación del régimen de turno. En la era de las telecomunicaciones, Internet y la Televisión Digital Terrestre, apenas podemos llegar a recibir información por más de una docena de personas a lo largo del día. El resto de la información, sobre todo la que proviene desde fuera de nuestro entorno inmediato, la tenemos que obtener a la fuerza de los medios de comunicación. Esa información, que debiera limitarse a ser solamente un fiel un reflejo de la realidad, ha terminado convirtiéndose en un bien de consumo y como tal está plácidamente sometido a las reglas del mercado, y el acceso al mercado requiere una buena parte de técnica, servidumbres y miserias. Hoy en día con la misma técnica que puede colocar un detergente mediocre en las estanterías de los supermercados se puede fabricar a un líder político o eternizarlo en el poder, aunque haya salido de un cubo de basura. En Canarias el panorama es más desalentador que en el resto del Estado. Los medios de comunicación se han puesto al servicio del poder económico y de sus secuaces, los “actores” políticos, y han hecho de narcotizar las conciencias su principal oficio y beneficio. La prensa al servicio del régimen es estremecedora. Uno de los periódicos de mayor tirada de esta provincia fue primero “Diario Republicano”, luego puso en su cabecera el yugo y las flechas y ahora, en esta presunta democracia, otra vez al servicio del régimen, nos sirve diariamente soflamas por el módico precio de un euro mientras pasean su autoridad moral entre el surrealista editorial y las páginas de contactos. Por si fuera poco, un día ponen al alcalde en la lista negra de los traidores a Nivaria y quince días después le publica en fascículos su discurso sobre el estado del municipio, que más bien parece la historia de otro municipio. Recientemente toda la prensa escrita de esta provincia obedeció el “toque de silencio” y ocultaron el escándalo de la rendición de cuentas al pleno del ejercicio de 2005 en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, y no les da vergüenza. Los dueños del pesebre son los que mandan, y la prensa sabe que quien se mueve no sale en la foto ni alcanza su pedazo de la tarta. Lo más penoso es que quienes compran esos productos lo suelen hacer de modo cautivo y en gran parte para reafirmarse en sus creencias provincianas. A pesar de todo, sería injusto negar la existencia de algunos buenos profesionales en la parte más baja del escalafón. La Televisión Canaria es un inmenso burdel mediático que nos cuesta a los canarios mucho más de lo que podemos permitir pagar, en el que la cultura y la información se prostituyen a los intereses de turno, y se aliena el ocio de los visitantes con “realitys” y culebrones. Si el mismísimo Goebbels levantara la cabeza y viera "La Nuestra" se babaría de la emoción. No hay mucho más que se pueda decir de este engendro mediático sin contaminar ociosamente la cruda realidad. Por su parte, los dos canales estatales aún son capaces de mantener unos mínimos momentos de lucidez, aunque con la amenazante espada de Damócles sobre sus cabezas en forma de un proceso de desmantelamiento pactado por unos políticos que quieren que su "juguetito autonómico" crezca sin competencia. Con algunas excepciones, las televisiones locales sobreviven en la ilegalidad a la orilla del pesebre institucional y añaden al panorama, por si fuera poco, presuntos programas de debate en los que mercenarios creadores de opinión ejercen sin cortarse un pelo como los fieles mamporreros del régimen que son. Algunos, incluso con ademanes "lajientos" de la barriada profunda, extorsionan con naturalidad amparándose en lo que llaman la libertad de opinión hasta que reciben la dosis del pastel. Luego buscan otra víctima. El mismísimo Adán Martín, cuando era presidente del Cabildo y aún no levitaba entre los mortales con su carma tricontinental, utilizó públicamente el término "extorsionador" refiriéndose a uno de estos grotescos especímenes, pero luego perdió la memória -y con ella otra cosa- a medida que se aproximaban las elecciones de 2003. Por su parte el apestoso y orondo presunto extorsionador sí que debió ganar algo, porque ahora le canta riqui-racas a la menor oportunidad. Realmente patético. De una gran parte de las radios locales se podría decir exactamente lo mismo. Recientemente se ha dado el paradigma de que un propietario de una emisora que cobra mucho dinero de las arcas públicas al haber sido nombrado personal eventual de un ayuntamiento capital de provincia y gran ciudad, supuestamente para asesorar a un alcalde muy listo que además necesita muchos escoltas, va y se despacha a gusto contra Radio San Borondón con mentiras y soflamas porque en esta emisora no se le canta los riqui-racas reglamentarios a su alcalde y, en su peculiar gramática pardilla, "entodavía" marcamos la "diferiencia". Lo más curioso es que lo hacen ladrando y con la vehemencia del perro al que le acaban de quitar el bozal... y no les da vergüenza ni a Don Diego Alayón... ni a Don Miguel Zerolo. Es una perversión de la democracia en estado puro pagada con dinero público, y muy por encima del salario mínimo. ¿Hay quien dé más por esta basura?. Mientras tanto, en este panorama siniestro y oscuro Radio San Borondón y el Centro de la Cultura Popular Canaria resisten atrincherados en el bando de la dignidad y la libertad, sorteando con mucha imaginación el estrangulamiento financiero a que le somete el mismo sanedrín institucional que quiere ignorar -por no poderla negar- la enorme labor cultural que realiza el Centro de la Cultura Popular Canaria. El mismo sanderín que apadrina a los otros medios. Ahora mismo San Borondón Voz del Pueblo es la resistencia. Somos la resistencia. Entre la voz del pueblo y la sutíl pero profunda perversión de la democracia apenas queda ya nada. Las campañas electorales acaban de empezar y las plañideras apesebradas empozoñan el papel prensa y tiñen de mierda el espacio radioeléctrico con la patriótica consigna de "Todo por la Pasta", listos para pillar lo que puedan de los presupuestos destinados a publicidad institucional. Los apesebrados, la mortadela y la desmemoria de un pueblo están en un platillo de la balanza y nosotros en el otro, con el convencimiento de que contra la ignominia sólo se puede luchar con la verdad, con la cultura y alzando la voz. Y sólo la voz del pueblo se puede tornar voz de gigante, como dice el himno de Quilapayún. Así estaban las cosas cuando contra todo pronóstico, ubicados muy lejos de la alargada sombra de la glándula mamaria de los presupuestos públicos, en la trinchera de la libertad ha nacido otra flor: hoy se ha puesto en la red de redes el número cero de la Revista Digital San Borondón, página web que ha estado activa a modo de prueba durante apenas cinco meses, en los que ha recibido con criterio muy estricto unas 20.000 visitas y aproximadamente 340.000 páginas servidas. No están solos. Luchan, entre otros, junto al Foro Contra la Incineración, Canarias Semanal y Canarias Digital y están armados hasta los dientes con la verdad y con esa memoria que tanto molesta a los lacayos del pesebre. Su fuerza nace de la suma de la de muchas personas libres que colaboran con el proyecto, con sus armas de luz cargadas con la letal pólvora de la razón y con el don de la palabra libre para transmitir la voz del pueblo. Con voz de gigante. Por si no lo sabían: fuera de la trinchera de la libertad apenas crecen flores y las que nos ofrece el enemigo a modo de tentación son de plástico, cemento y mortadela... y es que fuera de nuestra trinchera los conatos de flores están condenados a quedarse en simples capullos mediáticos. |