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El cinismo en la política (1) Imprimir E-Mail
domingo, 19 de octubre de 2008

Justo Fernández Rodríguez 

El cinismo no es sólo una palabra en el diccionario que significa, “desverguenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones vituperables”.  Es una doctrina filosófica griega, de procedencia socrática,  fundada por Diógenes, que se caracteriza por el rechazo de los convencionalismos sociales y de los ideales de la ética y que justifica la desverguenza, hipocresía y desfachatez en la defensa y práctica de abusos o actitudes reprobables, de mentir, prepotencia, favoritismo, tráfico de influencia o nepotismo . El cinismo político, constituye un fuerte corrosivo para la salud de la democracia, especialmente, cuando se une a la corrupción.

Muchos políticos, que han prometido “entrar en política para servir al pueblo y no para servirme del pueblo”, cuando son acusados de estar involucrados en negocios  o acciones poco presentables, recurren a la conocida terminología, “Si me atacan a mí, estan atacando la democracia”.

La crisis financiero-económica, desatada en EEUU y extendida a todo el mundo, ante la inoperancia de  los organismos internacionales, va a tener fatales consecuencias para la población de menores recursos económicos. Después de las promesas de todas las organizaciones internacionales y de una buena parte de los gobiernos desarrollados, de contribuir a combatir el hambre en el mundo, sólo un año después, la realidad nos muestra que, el cinismo y el engaño,  han estado detrás de todos esas promesas. Si hace unos meses, en la cumbre de la FAO, celebrada en Roma, cuyas conclusiones suscribieron 180 paises, se cifraba en 850 millones las personas que padecian hambre, en el mundo, en 2007. Actualmente, sin terminar 2008, cuando se celebra el Día Mundial de la Alimentación, proclamado en 1979, por las Nacionaes Unidas, existen 61 millones de hambrientos más. Un 19% de la población, 923 millones, no pudo comer diariamente. Las ayudas y la producción de alimentos en el mundo, lejos de duplicarse, como se habían prometido, ha descendido, por la crisis económica, el desequilibrio entre la oferta y la demanda, el desarrollo económico de China y la India y la expansión de los biocombustibles extraídos de productos de consumo humano, de primera necesidad.

No existe formación política que no se haya visto afectada por este tipo de personajes. Aunque, en los últimos años, el Partido Popular  ha visto proliferar, en sus filas, un gran número de cinicos, desvergonzados y corruptos, a los que no aplica el Código Ético, presentado en abril de 1993, en plena campaña de acusaciones, políticas y mediáticas, al Gobierno socialista, por sus escándalos de corrupción.

Para que la ciudadanía creyera en sus intenciones, de saneamiento de la gestión pública, cuando alcanzaran el poder, prometían, “Será motivo de expulsión inmediata del partido, la utilización del propio nombre, posición o relación dentro del partido o en un cargo público para obtener lucro, trato de favor personal o beneficio para si o para otros”.

Sobre la realidad de esas promesas, no hay que retroceder mucho. Pese a los más de 225 casos de corrupción, en Valencia, Canarias, Murcia, Baleares, Madrid, Málaga, Galicia o Castilla León, en los que están implicados decenas de cargos públicos y dirigentes del PP, el Código Ético conserva intacta su virginidad. Ahora, los dirigentes del PP, para no aplicarlo,  prefieren manifestar su “respeto a la acción de la justicia”, como ocurre con los casos de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón o Jose Manuel Soria, Consejero de Economía y Hacienda del Gobierno canario. 

Cuando muchos dirigentes del Partido Popular, entre ellos Mariano Rajoy, dirigidos por terminales mediáticas de ultraderecha, después de la crispación artificial de la pasada legislatura, donde el gobierno de Zapatero, planeaba “romper España”, “entregar Navarra”,  “rendir el Estado a ETA” o “romper la familia”, se han lanzado a una nueva ofensiva, sobre los “engaños de Zapatero”, al Parlamente, al Senado o a los ciudadanos, es preciso contener las ganas de vomitar que produce, tanto cinismo y desverguenza.

Son, casi, los mismos dirigentes que han venido utilizando a las víctimas del terrorismo y los sectores más retrógados de la Iglesia, para enlazar 13 manifestaciones subvencionadas, a las que asistieron todas las organizaciones y grupos de ultraderecha o, simplemente, fascistas, que existen en el panorama político español, contra el gobierno de Rodríguez Zapatero; nos engañaron, con las “armas de destrucción masiva de Irak”; “el hilillo de piche del Prestige”; la eficacia de la actuación del gobierno de Aznar, en la contratación de aviones y en la “identificación de los cadáveres del Yak-42” o  “la autoría de ETA en el atentado del 11-M”.

Hemos tenido que soportar, los ataques de los dirigentes del PP a las relaciones del Gobierno con Cataluña, que discriminan al resto de españoles, después de haber oído a Aznar, para adular a Jordi Pujol, manifestar que “hablaba catalán en la intimidad”. Ahora, hemos podido comprobar hasta dónde llega la falsedad de determinados sentimientos, “patrióticos” en el PP. El pasado año, con ocasión del  “Día de la Hispanidad”, Mariano Rajoy, como si presidiera el Gobierno, distribuyó un vídeo, donde arengaba a los españoles a celebrar la “Fiesta Nacional”, asistiendo al desfile, manifestando: “Me siento orgulloso de ser español y sé que los españoles también lo están”. Los ataques a la Monarquía y el descaro de los nacionalismos radicales, merecían que los españoles celebraran “de manera especial esta fiesta”…”porque somos una nación” y hemos de exhibir “la bandera que aprobamos en 1978, la que exhiben nuestros deportistas con orgullo, la que cubre los féretros de nuestros soldados”.

Sin embargo, la realidad es otra. Estas exhibiciones de patriotismo son, sólo una pose, de cara a mantener el apoyo electoral de determinados sectores ciudadanos. El pasado día 11, vísperas de la “Fiesta Nacional”, un Rajoy, pesimista, con crecientes problemas internos y escasa capacidad de controlar su partido y, mucho menos, de hacer oír su inexistente estrategia económica, ante la situación de crisis financiera mundial, mostró sus verdaderos sentimientos “patrióticos”.

Presidía la clausura de la XIII Reunión Interpalamentaria que el partido celebraba en La Coruña, ante casi 300 diputados y cargos autonómicos del PP. Lo acompañaba en la mesa presidencial, Javier Arenas, Ana Mato y el presidente gallego del PP, Alberto Nuñez Feijoo. Mientras los asistentes terminaban de acomodarse, olvidandose de cerrar el micrófono, Mariano Rajoy, con todo el “amor patrio” que podía albergar, exponía sus planes para el día siguiente, “Fiesta Nacional”: “Mañana tengo el coñazo del desfile…en fin, un  plan apasionante”.

Entre la rechifla ciudadana y las críticas de las asociaciones de militares y guardias civiles, no han faltado la de los medios de comunicación que lo consideran un “peligroso izquierdista”, El Mundo, la COPE, La Razón, el ABC y los periódicos digitales, casi todos, controlados por la extrema derecha. El periódico de Pedro J., lo ha acusado de “alentar la cultura del fariseismo”.

 
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