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Isidoro García Pérez Nos salió lista la primera dama “godita” cuando en su artículo “La globalización no debe aniquilar lo particular" nos deja entrever su plumero ideológico y en referencia al descubrimiento de América nos ofrece, ya digerido, que "aquella primera colonización contribuyó a la aniquilación de la identidad canaria". "Así pues, pensemos en qué celebramos", reflexiona a continuación con acento de Valladolid, para aconsejarnos que "la identidad canaria" hay que "protegerla de los agentes externos".
Lo único cierto, primera dama, es que gracias al negocio familiar en que se ha convertido el Gobierno de Canarias, fruto del matrimonio de conveniencia entre CC y PP, las señas de mi identidad canaria son las siguientes: Uno.- La corrupción política más alta del Estado Español. Cuando a algunos padres de la identidad canaria oyen nombrar a Juan Fernando López Aguilar o a Santiago Pérez, se les pone cara de vampiro al que le hayan mentado una ristra de ajos o un crucifijo y compulsivamente pronuncian el mantra “estalinista”. Dos.- La sanidad más tercermundista de toda España. Ganada a pulso y con mucho sacrificio, ya que las competencias en sanidad fueron de de las primeras en ser asumidas íntegramente por nuestro flamante Gobierno de Canarias, para montarle un suculento negocio a uno de sus patrocinadores privatizando, cuando no subcontratando, servicios que nunca debieron dejar de ser públicos. Tres.- El fracaso escolar más alto del Estado. También ganado a pulso, “hecho en Canarias”, como decía el último eslogan electoral. Cuatro.- Los Salarios más bajos de España, la mano de obra barata para los “constructores” de la patria guanchesca. Mano de obra sumisa que causa pocos problemas, con muy difícil acceso a lo único que les permitiría conocer la realidad: La cultura. Cinco: La redistribución de la riqueza más injusta. En la época de las vacas gordas nuestro producto interior crecía por encima de la media nacional y recibíamos generosos fondos de cohesión europeos, que finalmente solo cohesionaban el bolsillo de unos pocos. Un detalle exquisito: los padres de la patria inventaron la Reserva de Inversiones de Canarias para que nos pudieran robar legalmente y que no hiciera falta ir muy lejos para lavar el dinero. Seis.- Los medios de comunicación más perversos. Un periódico, el diario Pravda de Coalición Mamaria, que fomenta la desunión entre todos los Canarios y al mismo tiempo quiere romper con el Estado Español; una corte de periodistas mamporreros dispuestos a mover el rabo a cambio de migajas en cualquier medio; una Televisión autonómica dirigida por un periodista curtido y licenciado en la universidad de la vida que nos pone a Pepe Benavente como paradigma y nos tamiza las noticias con el color adecuado, mientras va colocando a todos sus amiguetes. Siete.- Una Justicia muy lenta. Demasiado lenta y sin medios. Don Miguel Zerolo y sus compañeros de cama acusan a la oposición de “Judicializar la Política” cuando lo primero que hicieron ellos fue “Politizar la Justicia”. No es de extrañar que robar un radiocasette o menudear con droga sea mucho menos “aceptable” socialmente que robar dinero público. Cuando la prevaricación sólo se castiga con inhabilitación y las sentencias llegan cuando el prevaricador ya se ha jubilado, mal estamos. Hitler supo vender a las masas que el sionismo era el culpable de los problemas del modelo económico que padecían. La primera dama nos acaba de vender que nuestra identidad está sucumbiendo por culpa de la inmigración, pero el invento no es suyo: es de Goebbels. En realidad la primera dama, en su estólido artículo posiblemente escrito por Jorge Bethencourt, culpabiliza a la primera invasión de 1492 de la nueva invasión del siglo XXI. Un buen argumento, porque mientras tengamos un par de invasiones para culpabilizarlas de nuestro triste destino, mientras haya un culpable externo, no caeremos en la cuenta de lo que nos están haciendo los otros invasores: Los que han invadido desde dentro las instituciones por la fuerza de los votos; los que, a base de robar nuestra riqueza, han resumido nuestra identidad en siete puntos capitales; los invasores internos que nos han robado la esperanza. Hasta les perdonaría que me hayan robado la riqueza, pero la esperanza es lo último que debería robársele a un pueblo. |