El presente informe sobre el pequeño poblado de Cho Vito, en la costa de Las Caletillas, en Candelaria, realizado a petición del Ayuntamiento de este municipio, con toda probabilidad no hubiera sido elaborado de no haberse convertido este enclave en un problema político. Pocos habían reparado en Cho Vito antes de que, como reacción a la iniciativa de la Demarcación de Costas de proceder a la demolición de las viviendas de este poblado –en aplicación de la Ley de Costas-, sus vecinos opusieran una frontal resistencia tal pretensión. La repercusión social de la lucha de los vecinos en defensa de sus viviendas trascendió pronto el marco municipal y, a la postre, ha hecho intervenir en la actualidad a una gran diversidad de agentes sociales e instituciones. La Administración del Estado –en particular la Demarcación de Costas-, el Gobierno de Canarias, el Cabildo de Tenerife y, obviamente, el Ayuntamiento de Candelaria, entre otros, no han podido sustraerse a la actuación en este conflicto. De tal forma que, a pesar que la motivación específica de este informe es la de poner de relieve la relevancia etnográfica del poblado de Cho Vito, no se ha de perder de vista que lo que se está dirimiendo sigue estando en el terreno de la política. Bajo esta consideración, este informe no intenta minimizar ni reducir la significación política de este conflicto sino, por el contrario, contribuir a que en el necesario debate político para su solución se tengan en cuenta algunas importantes dimensiones socioculturales que hasta ahora parece haberse omitido. Al mismo tiempo, creo necesario indicar desde el comienzo que las conclusiones que se desprenden de este informe, luego del análisis de la documentación utilizada, se orientan a una alta valoración del interés etnográfico del poblado de Cho Vito, basado en su dinámica histórica y cultural y en su consideración como un ejemplo especialmente notorio de la cultura popular de la isla. Y así, se manifestará finalmente la necesidad de establecer medidas para su protección que no sólo impidan la pretendida demolición sino que, antes bien, permitan el desenvolvimiento propio de la vida social del poblado. En este contexto, es también importante señalar que este informe es una invitación, desde la perspectiva vecinal, a un debate democrático que permita expresar las diferentes posiciones sobre los usos sociales del territorio.
Es importante tener en cuenta, por otra parte, en lo que atañe a la metodología utilizada, que para la elaboración de este informe no se ha realizado trabajo de campo etnográfico que, obviamente hubiera contribuido a un mayor espectro de datos y un acercamiento más detallado a la dinámica sociocultural de Cho Vito. Dado el tiempo disponible para su elaboración y del alcance temático que se solicitaba, se ha recurrido finalmente a distintas fuentes documentales que, en muchos de sus aspectos han podido, sin embargo, ser contrastadas con información verbal de los vecinos. Estas contribuciones han sido de primer orden para un más adecuado contraste de las diferentes visones e interpretaciones sobre el origen y evoluión histórica de Cho Vito. No obstante, he de mencionar explícitamente el trabajo de D. Manuel García Alonso, “Historia sobre Playa “Cho Vito” y Caletillas”, que aporta elementos relevantes para la historia local del poblado y el estudio “Poblado marinero de Cho Vito: Memoria Técnica”. Por último, han sido especialmente decisivas las contribuciones del Dr.D. Fernando Sabaté Bell, de la Universidad de La Laguna. No sólo porque sus trabajos de investigación constituyen las principales referencias en el conocimiento de la cultura popular del Sur de Tenerife, sino porque muy generosamente me ha aportado unas sustantivas y específicas apreciaciones sobre el poblado de Cho Vito.
¿Por qué Cho Vito es un problema?
El primer aspecto que hay que considerar es que, en medio de este conflicto generado por la pretendida demolición de las viviendas de Cho Vito, todos los agentes sociales e instituciones que junto a los vecinos se han opuesto a tal medida han procedido –con mayor o menor acierto y con mayor o menor determinación- a la defensa de Cho Vito. Esta defensa ha girado preferentemente sobre el lugar y sus gentes, dando preeminencia al valor etnográfico de sus orígenes como poblado marinero. En este contexto, poco se ha reparado en el hecho de que la génesis de este problema no reside en la existencia misma de Cho Vito, sino en el intento de aplicar de forma taxativa la actual Ley de Costas a este poblado al margen de cualquier consideración fuera de las estrictamente jurídicas. Por un significativo desplazamiento del foco del conflicto, el énfasis en la defensa de los valores históricos y etnográficos de Cho Vito ha minimizado la importancia del discurso y las prácticas políticas derivadas de la aplicación de la Ley de Costas sobre este pequeño trozo del litoral de Las Caletillas.
Sin embargo, y en tanto la Administración del Estado a través de la Demarcación de Costas es el principal agente social en este problema, el análisis de sus planteamientos y actuaciones es, si cabe, más relevante que incluso un exhaustivo estudio de la historia y cultura de Cho Vito. El enfoque, presupuestos y objetivos de la Dirección General de Costas en el asunto de Cho Vito están contenidos en el documento Proyecto de paseo marítimo y demoliciones en Cho Vito, Término municipal de Candelaria. Isla de Tenerife; y es a partir de este documento donde se puede comenzar a apreciar las razones de la colisión entre la Demarcación de Costas con los intereses de los vecinos de Cho Vito. Para responder a esta cuestión es necesario evaluar los presupuestos socioculturales e ideológicos que sustentan los contenidos jurídicos de la Ley de Costas o, si se prefiere, la interpretación dominante de la misma.
¿Qué representa un enclave como Cho Vito a la luz de la Ley de Costas? Aparte de las presiones socioeconómicas y urbanísticas a las que están sometidas todas las costas, fenómeno que es más que evidente en las últimas décadas, es necesario no olvidar los elementos culturales que subyacen en las concepciones de la vida social en la que se inspira dicha Ley. Así, para en la ideología dominante sobre el territorio y su gestión, basada en la “higienización” y en la uniformización del paisaje a partir de determinados juicios estéticos, la forma de vida de las gentes de Cho Vito, expresada primariamente por sus viviendas, es vista como la antítesis de los valores sociales considerados respetables.
De tal forma que en este contexto, los principales agentes a considerar no son los locales, en este caso los vecinos de Cho Vito, sino los arquitectos, urbanistas, juristas y, en general, los especialistas en planificación urbana. Y es precisamente el conocimiento “experto” de estos especialistas el que sustenta el discurso sobre la reorganización y decoración del espacio público, presentando sus acciones sobre el territorio como asépticas y de validez general. Sin embargo esta práctica, habitual en las políticas territoriales y urbanísticas no son, de hecho, sino una imposición de los valores estéticos e ideológicos dominantes, ciertamente compartidos por muchos sectores sociales, pero que sin duda no pueden considerarse de valor universal. Pero esta creencia, que sustenta toda la política de costas en todo el Estado y ejecutada por su burocracia administrativa, es la que permite la uniformización de todo el espacio costero con arreglo a un mismo modelo de desarrollo económico y social. Esta es, en consecuencia, una de las más poderosas razones del “malestar” que causa la existencia de Cho Vito: no el espacio que ocupa en la costa, ciertamente diminuto; no su impacto ecológico, mínimo o nulo en comparación con cualquiera de los otros enclaves del litoral de la isla, sino, por el contrario, el ser la evidencia de un modo de vivir, de un modo de utilizar el espacio que se sitúa en las antípodas de los que los sectores socioeconómicos y políticos dominantes pretenden extender, desde hace décadas, por todas las costas de las islas susceptibles de ser urbanizadas e incorporadas al desarrollo turístico.
Cho Vito es, en los términos de la antropóloga Mary Douglas, “materia fuera de lugar”; en este caso, un enclave que es percibido como fuera de lugar, por tanto, como un peligro, como una amenaza –a pesar de su pequeñez- al modelo de urbanismo que se considera “moderno y civilizado”. Pero a Cho Vito no se le percibe como un peligro porque las edificaciones representen una forma claramente particular y distinta en términos arquitectónicos, ni porque sus habitantes utilicen la playa para actividades diferentes a las harían los usuarios del resto de la costa, sino más bien por su carácter híbrido. Así, en las casas de Cho Vito se mezclan materiales modernos con los tradicionales, nuevos estilos con formas antiguas; por lo demás, sus habitantes usan la playa como los turistas pero también para otras actividades tradicionales, y simultáneamente llevan una vida urbana. Los residentes de Cho Vito, entonces, no encajan en las definiciones al uso ni de urbanita ni de turista. Son las dos cosas al mismo tiempo, a la par que mantienen, adaptándolas a las nuevas circunstancias socioeconómicas, muchas prácticas culturales rurales y marineras de generaciones anteriores.
En esta “manera de vivir”, o si se prefiere, de estar en el territorio, reside buena parte de la incomprensión de la singularidad geográfica y cultural de Cho Vito y, en consecuencia, la incapacidad para comprender la importancia de lo que se perdería social y culturalmente con la desaparición de este poblado. Porque, en el fondo, en una sociedad en la que se pretenden que roles y prácticas sociales están claramente definidos –o se está trabajando o se está de vacaciones; o se vive en la ciudad o se vive en el campo…- Cho Vito y sus habitantes suponen una disrupción del orden, una traslocación de los espacios sociales y urbanos que se pretende están bien delineados. Para decirlo una vez más, desde el punto de vista de las concepciones dominantes de la vida social, Cho Vito es visto como “un lugar fuera de lugar”.
Cho Vito es entonces, a los ojos de los burócratas y de los planificadores urbanísticos, un lugar “impuro” que, como tal, ha de ser limpiado. Por tanto, la demolición de las viviendas de Cho Vito puede ser analizado como un acto de “purificación” que, acompañado del proyecto de remodelación propuesto por la Demarcación de Costas, persigue que este pequeño trozo del litoral sea igual y responda a los mimos cánones de belleza urbana y paisajística que el resto de la costa. Desde esta perspectiva, y en un sentido más profundo y más allá de los posibles intereses especulativos, la desaparición de las casas de Cho Vito sigue el misma tendencia de las prácticas de “limpieza espacial” que caracterizan las políticas territoriales –y particularmente las urbanas- en las sociedades capitalistas. Como Michael Herzfeld y otros antropólogos, sociólogos y geógrafos han mostrado en estudios de conflictos similares en otras partes del mundo, la presión de los sectores socioeconómicos más influyentes trata de imponer un particular orden de la trama urbana que exige el establecimiento de fronteras nítidas entre los diferentes espacios y sus habitantes. En el caso de Cho Vito, que las casas, los paseos y las actividades sociales de los vecinos no sigan el mismo patrón que las que se observan en el resto de la costa es una de las más poderosas razones en la se que se apoya el deseo por “purificar” este último tramo de la costa de Las Caletillas, paradójicamente, en la antesala misma de la más que notoria presencia de la central de Unelco.
Y es, en este contexto donde hay que situar la presentación de las alternativas de remodelación del litoral de Las Caletillas y Cho Vito. Aquí es importante señalar de nuevo el poder del discurso urbanístico dominante, que procede a la mistificación de lo que no es, de hecho, sino una forma más de intervencionismo paisajístico. Así, de llevarse a cabo el “Proyectos de Costas”, el litoral no volvería en modo alguno a recuperar su “fisonomía original” sino, antes al contrario, entraría precisamente en el proceso de “clonación” urbanística que caracteriza la puesta en uso de las costas insulares en atención a la demanda turística. Con el “Proyecto de Costas” la playa de Cho Vito no volvería a ser lo que fue sino que se culminaría el modelo de desarrollo urbanístico que, impulsado décadas atrás, transformó de forma irreversible toda la costa de Las Caletillas. Cho Vito se convertiría, así, en el “pulcro y limpio” tramo final de un paseo marítimo que, inevitablemente, termina en la tapia de la central térmica de Unelco.
La denigración del lugar.
Pero cualquier discurso sobre el que se apoya el afán por “purificar” no puede elaborarse positivamente, sino que requiere siempre presentar de forma negativa aquello que se quiere limpiar. Así, el Proyecto de Costas se presenta como una propuesta cuya justificación se fundamenta en la denigración de las edificaciones de Cho Vito y de los usos de litoral por parte de los vecinos. En este terreno, como es obvio, cobran especial relevancia los significados negativos, y en ocasiones despectivos, de los términos a los que se recurre para describir y valorar el poblado de Cho Vito en el Proyecto de Costas.
Con el objetivo de justificar la construcción de un pase marítimo, previa demolición de las edificaciones del poblado, el Proyecto de Costas se apoya en dos argumentos, que reitera a lo largo del texto: la “baja calidad constructiva” de las edificaciones y su ubicación en un espacio de dominio público. En una primera descripción, se señala que “el borde urbano que circunda e invade (en la zona de Cho Vito) la zona de actuación con edificaciones y urbanización de baja calidad”. Y considera que “existen invasiones del Dominio Público Marítimo Terrestre (DPMT), estando la playa ocupada en casi su totalidad por estructuras y edificaciones”. Y abunda en que “las edificaciones realizadas, de mala calidad constructiva, han ocupado la zona de DPMT creando una franja de litoral degradada”. (cursivas mías).
Es precisamente esta denigración de Cho Vito la que ha impulsado a sus vecinos a establecer una defensa basada en la reivindicación de la historia del barrio, en las características de sus viviendas y en la demostración de que éstas y el resto de edificaciones no suponen un uso exclusivo del litoral ni impiden, por tanto, el acceso público a la playa. Esta defensa se ha hecho patente en la presentación de un considerable conjunto de acciones, textos y documentos gráficos que han contribuido a poner de manifiesto su identificación con el lugar y la continuidad de su vinculación durante generaciones. Por añadidura, esto ha supuesto también la recuperación de la memoria histórica de esta pequeña comunidad a través de la que han aflorado tanto las peculiaridades del asentamiento de Cho Vito como las interrelaciones territoriales y socioculturales del poblado con el entorno inmediato y el resto de la isla. Esto no puede sino ser valorado positivamente.
Sin embargo, y debido justamente a la innegable dimensión positiva de esta recuperación de la memoria colectiva, se mantiene oculta una de las razones que explican la más reciente puesta en valor de la historia de Cho Vito: el hecho de que es la respuesta a un acto de violentación de la vida social. La desigualdad de poder entre los representantes de la Administración del Estado y los vecinos, en base a la falsa creencia de que el Estado encarna la voluntad universal y los vecinos sólo sus propios intereses particulares, ha impedido a los vecinos la crítica a la actuación de Costas y, en su defecto, optar por defender Cho Vito. La voluntad de la Demarcación de Costas de proceder a la demolición de las viviendas de Cho Vito, con su discurso de denigración y posterior “purificación” del lugar no es, en el fondo, sino un acto de imposición política.
Bajo la exigencia política e ideológica de que los criterios de la Administración son el eje de referencia en la evaluación de lo que se considera apropiado y legítimo en los usos del territorio, a los vecinos sólo les queda tratar de demostrar que las viviendas y demás edificaciones hechas en Cho Vito se ajustan a los parámetros definidos por la Administración. En otros términos, los vecinos sólo pueden defenderse recurriendo a los mismos presupuestos socioeconómicos y principios ideológicos que, precisamente, la Demarcación de Costas utiliza para justificar su decisión de derribar el poblado. Y, así, se ven en la tesitura de demostrar que sus casas son constructiva y estéticamente adecuadas y “dignas” de ser vividas no según sus propias concepciones sino con arreglo al baremo que rige las actuaciones de la Ley de Costas. Atrapados los vecinos en esa lógica, es obvio que los expertos en urbanismo siempre podrán afirmar que el poblado de Cho Vito no se ajusta a canon de la política territorial oficial.
Pero toda esta dinámica muestra, además, una dimensión que se la puede calificar de violencia moral. Los vecinos de Cho Vito han abierto sus casas, mostrando el interior de sus viviendas –su distribución, sus muebles, su decoración-; han proporcionado también abundantes muestras de sus actividades colectivas –en la playa y en su entorno-. Pero las gentes de Cho Vito no han hecho todo esto en un acto voluntario de afirmación grupal, sino obligados ante la tesitura de peder sus viviendas. Ciertamente, todo lo que ellos han escrito y todas las imágenes que han hecho públicas ha contribuido de forma notoria a la cohesión social del poblado. Pero, para decirlo de otra forma, los vecinos de Cho Vito no han tenido, en este contexto, otra alternativa que “exhibir” sus casas para tratar de demostrar su viabilidad y “dignidad”.
De tal forma que el hecho de que los vecinos se hayan visto inducidos a mostrar sus espacios de vida doméstica supone, en la práctica, una violentación de su privacidad. Pero es importante señalar aquí que esto responde a un complejo y contradictorio mecanismo social por medio del cual, como han mostrado Stallybras y White, la exigencia de “limpieza y purificación” de los espacios sociales y la aplicación de leyes de exclusión por parte de los estratos sociales altos van acompañadas, simultáneamente, de su fascinación por las condiciones de vida de los grupos populares. Y así, este perverso dispositivo hace que cuando los sectores populares muestran su vida privada no se consiga con ello salvaguardar su respetabilidad sino, por el contrario, satisfacer el deseo “cuasi-pornográfico” de los estratos sociales altos de imponer su mirada al tiempo que certificar su superioridad. Es por esta razón por la que a pesar de que los vecinos de Cho Vito han permitido la mirada al interior de sus casas, esto no ha servido para captar la sensibilidad de los especialistas en urbanismo y los expertos en patrimonio cultural hacia esta particular muestra cultura popular en la costa de Las Caletillas, sino para ratificar su juicio previo que califica a Cho Vito como un enclave no sólo sin interés histórico y cultural sino, incluso, atentatorio contra los usos públicos de esa parte de la costa.
Pero, al margen de lo anterior, cabe preguntarse sobre el manifiesto contraste entre las percepciones de los vecinos y los responsables de la Demarcación de Costas. En esta cuestión, el aparentemente inocuo uso de los mapas cobra, por el contrario, una especial relevancia.