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Tempestad sobre La Gomera - XV Imprimir E-Mail
sábado, 04 de octubre de 2008
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Fernando VII (El déspota)
Un saludo a la Isla: “totus tuus, ego sum” (yo soy todo tuyo). Un consejo a Curbelo: ¡dimite ya!, no dinamites la Institución, antes de que llegue el crepúsculo. “usque tandem abutere patientia nostra, Curbelo” (hasta cuando vas a abusar de nuestra paciencia, Curbelo). ¿Aún no estás convencido de que la notoriedad, junto al delito, no es la mejor formula para llegar a viejo en el oficio de político?.

Desde que Curbelo detenta el Cabildo, mayo del noventa y uno, ha llovido mucho. El número de funcionarios y contratados ha crecido de forma exponencial; se ha multiplicado por ocho. En la práctica, colocados a dedo lo son casi todos, aunque se intente guardar las apariencias representando una farsa; convocando unas oposiciones cuyas plazas están previamente otorgadas. Nepotismo, clientelismo y las debidas prebendas a la mafia. Si el padrino entró en la docencia por la puerta falsa, nosotros, que somos unos parias, entramos al Cabildo por las alcantarillas.

Parientes, amigotes, confidentes, secuaces y muñidores que rastrean todo el territorio, amedrentando a los insulares. Un enjambre de zánganos parasitarios que liban de la colmena del Estado; de los fondos públicos que tributamos los contribuyentes.

Los hay que cobran sueldo sin ir a trabajar. Como el secuaz encargado de la finca del Cedro, el que regenta la cuadra, el de los caballos, que se aprovecha de las tierras en beneficio propio. El del merendero próximo a las propiedades del Cabildo, que campea a sus anchas por esos predios, cerrando caminos públicos a su antojo, y abriendo y asfaltando otros nuevos  hasta el patio de sus casas, en la zona de protección periférica del Parque Nacional; sin que haya autoridad divina o humana que intervenga, lo pare y lo detenga.

Con la deriva de Curbelo hemos retrocedido a lo que Cossio, con toda la razón, denominaba  situación histórica del “cacicato”. Tenemos un sátrapa en el Cabildo y, en su caso, es el sicario de la igualdad de oportunidades.

Hay que despertar a “Guarapo”, el grupo ecologista de la resistencia, que hizo historia en la Isla en las décadas de los ochenta y noventa; cuando el libertinaje, la inseguridad y el vilipendio, enfrentándose en absoluta soledad a especuladores, promotores y constructores, que depredaban la belleza y el medio ambiente, con la complicidad dolosa de la respectiva autoridad, local o insular.

El Ayuntamiento de San Sebastián debería poner en cuarentena las apetencias desmedidas, tanto en El Machal como en El Lamero, de ese poderoso promotor y constructor de Tenerife y del que fue presidente del Cabildo de La Palma. Más, si tienen algún trato o cambalache con el padrino. No está bien el manoseo y el mangoneo que se traen con la Isla. Deberían acabarse los polvos a cinco duros, con lo que se ha encarecido la vida. Trescientos euros es lo razonable, por cinco minutos. Excluyendo el “meuble”.

En el declive de la Restauración, cuando el apogeo del caciquismo y el reinado de Alfonso XIII, desempeñó el ministerio de Instrucción Pública el jienense Natalio Rivas; conocido por lo detestable de sus inclinaciones: el trato de favor, el nepotismo y el clientelismo. Un día del mes de mayo, los estudiantes de la universidad Complutense se rebelaron y, marchando por el bulevar del barrio de Argüelles, llegaron a la sede del Ministerio. El ministro, al oír la algarada salió al balcón, momento que los estudiantes aprovecharon para increparlo del siguiente tenor: “Natalio, cabrón, colócanos a todos, que somos todos hijos de Dios”. Versus, “Curbelo, anda, colócanos a todos, aunque sea de peón”.

En sus libelos dominicales, Curbelo abunda en la demagogia. Esta vez reclamando “un plan unitario” con todas las administraciones y los agentes económicos y sociales; para fomentar el empleo y la formación profesional. Esta música suena a gaitas: más subvenciones, clientelismo, vagancia y más “despilfarro” de fondos públicos. Como cuando con el Aeropuerto, la vinícola y la Universidad de Verano..

A este paso exigirá la independencia. La Gomera reúne todos los elementos que el Derecho Internacional exige para la constitución de un Estado: territorio; población subvencionada y organización politicomafiosa. Es decir, soberanía. El segundo paso será incorporarnos a la Confederación Bolivariana, con la “octava isla”.

Me asalta aquella simpática anécdota, atribuida al austero magnate Paul Getty. Los periodistas le preguntaron, ¿Mr. Getty, cual es la receta para hacerse millonario?, y Getty, que era un financiero con más conchas que un galápago, pausadamente les dio la receta: “no trasnochar, madrugar, trabajar duro y encontrar petróleo”. Las carcajadas de los periodistas se oyeron en todo Wall Street. Getty, imperturbable, los reconvino: “caballeros, si no madrugan y trabajan duro, nunca encontrarán petróleo”. ¡Hay que encontrar petróleo en La Gomera!. Cuidando de que no se lo apropie la mafia.

Curbelo se queja de que lo insultan y lo injurian: La vía del juzgado de guardia está expedita las veinticuatro horas del día. Aunque mentarle la Justicia a un mafioso equivale a insinuarle la cuerda a un patibulario. Lo que si es ofensa, es que la prensa y los poderes fácticos intenten imponer un silencio necrófilo a la libertad de expresión en el debate político; en una cuestión tan grave como es la corrupción.
 
Curbelo recordará cuando hace dos lustros se querelló por calumnias y desacato. La Justicia desestimó su pretensión. No le dio la razón, absolviendo a la parte contraria. A la que él había acusado de imputarle falsamente tres delitos: información privilegiada, tráfico de influencias y prevaricación; compinchado con su hermano Hipólito Curbelo. La sentencia, como es recurrente y habitual en él, la ocultó “erga omnes”, a todo el mundo. Por lo que, tratándose de un asunto político condenado al secretismo, no la conoció la oposición, la opinión pública, ni los medios de comunicación. A sensu contrario, los delitos se cometieron y prescribieron, quedando impune por falta de persecución.

Los medios de comunicación, y en singular la prensa provincial, mediatizada por los poderes fácticos, con su silencio es encubridora, por omisión, del debate político sobre la corrupción.

Con el tiempo me he habituado a un comportamiento de tipo bipolar: pienso como un pensador, en la melancolía, y actúo como un diletante, en la euforia. Es triste llegar a mi edad sin un criterio moral más o menos claro. No me refiero a la moral grande, la que a veces se escribe con mayúscula. Ahí me defiendo. No dudo sobre el bien y el mal; sino sobre algo mucho más prosaico; ¿Cómo hay que manejarse en la vida cotidiana?. Hablo de cómo se administra uno, cómo tratar a los demás, cómo jerarquizar su entorno. Me muevo dentro de lo que llaman moral pequeñoburguesa, que consiste, básicamente, en hacer lo mismo que la mayoría. No es para andar orgulloso.

Mis dudas arrancan con la adolescencia y la juventud. Unas de las primeras personas a las que, al margen del ambiente doméstico, atribuí la condición de genios son, al mejor político de Canarias y a Pedro Marrero Fariña, un erudito in memoriam, que declamaba en inglés a Shakespeare, como si fuera Peter O’toole en Stratford von Avon. Mi padre traía a casa el diario “Informaciones” y la “Revista de Occidente”. Cuando tuve criterio propio, me suscribí a las revistas “National Geography” y “Triunfo”; su llegada era el mejor momento de la semana, y el momento cumbre, el minuto de oro.

A mi abuelo Alonso lo veneraba y él me correspondía abiertamente, declarando sin recato que era su nieto predilecto, de los dieciséis que tenía. Como homenaje a él, su nombre procuro llevarlo con el mayor decoro. Me transmitió la pasión por los caballos, los perros, vacas, ovejas, cabras y cualquier bicho viviente con cuatro patas. Sin menoscabo de aquellas que tienen solo dos.

Yo tenía por norma no dar consejos. Lo he llevado a rajatabla hasta hace cosa de dos años. Pero el tiempo me ha arrojado a la madurez y ahora los doy; aún sabiendo que en mi juventud me sirvieron de poco.

Los pueblos que desconocen su historia están abocados a repetirla”, dice sir Winston Churchill en su obra “Historia de los pueblos de habla inglesa”.

Que la Historia es una ciencia social, es una realidad que nadie cuestiona. Que la reflexión y el análisis sobre el pasado tienen con frecuencia una proyección política, no es menos cierto. Que el historiador, sirviendo a la verdad hasta donde sea posible, adquiere un compromiso con su país y sus conciudadanos, es algo que he asumido, desde el día en que publiqué los primeros artículos sobre la realidad insular gomera. Los artículos tienen como objetivo ayudar al lector a comprender. Nada más. Ya es mucho, si lo consiguen, puesto que comprender es el primer paso para avanzar. Avanzar hasta donde quiera la mayoría. Por ello digo que el estudio de la Historia tiene una función social, económica, cívica y política.

La principal obligación de un testigo es prestar testimonio. Desde que comenzó mi andadura por la política institucional, en La Gomera, me asediaron algunas dudas sobre la calidad de los políticos insulares, que con el tiempo se fueron tornando en serias preocupaciones. Entré en la política cuando la clandestinidad, por convicción ideológica, por un compromiso con la Isla y por estética: mi partido era el más aseado y el más intelectual. Después, con el tiempo, sufrí una dolorosa decepción, que no es imputable a todos, pero si a los más destacados en la Isla. Sin prepotencia, me tengo y me considero aún como uno de los históricos de la provincia.

La Historia de La Gomera, en relación a su superficie, población y situación, es de por si muy interesante. La historia comienza en el último tercio del siglo XV. La Isla adquiere la condición de Señorío, un condado cuasi feudal. La llegada de los conquistadores no fue violenta en sus comienzos, después hubieron confrontaciones y represiones muy cruentas, por parte de los castellanos con los aborígenes (Autacuperche, Hernán Peraza, Beatriz de Bobadilla, Juan Rejón, Vera, etc.). Colón llegó para descubrir Las Indias en septiembre de 1492. Es el timbre de gloria que luce la Isla. En sus viajes postreros en ella también se abasteció. En el XVI, una escuadra de históricos conquistadores recalaron en La Gomera: Velásquez, Cortés, Pizarro, Ponce de León, Núñez de Balboa, Núñez Cabeza de Vaca, etc. Entre ellos un antepasado directo, el capitán Hernando de Trujillo, al servicio de SS. AA. RR. los Reyes Católicos.

En los siglos XVII y XVIII, cayó sobre la Isla un manto de aislamiento y de silencio. En sus postrimerías se lo sacudió el ilustrado e insigne sacerdote, honorable liberal, Dr. don Antonio José Ruiz de Padrón. Amigo de Thomas Jefferson y Benjamín Franklin, masón como ellos. En el año 1776, en Filadelfia, participó en la redacción de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. Fue elegido por la Isla diputado a las Cortes Constituyentes de Cádiz, en 1812. Tuvo una meritoria y contributiva dedicación. Una de sus propuestas, que prosperó, fue la abolición del Tribunal del Santo Oficio “La Inquisición”, cuestión que le costó el destierro y la vida, impuesto por el rey traidor Fernando VII.

En el siglo XIX, caciquismo puro y duro, esparcidos en forma de numerosos corrales por toda la Isla. Unos brutos que llegaron a practicar el mal llamado “derecho de pernada”, un abuso repugnante de unos infames.

El siglo XX se despereza y se levanta con una luminosa eclosión. Una sinfonía fantástica de intelectuales, historiadores, poetas y pintores. Catedráticos universitarios: Gumersindo Trujillo Fernández, Ramón García Luengo, Carmelo García Cabrera,… Poetas: Pedro García Cabrera, Pascasio Trujillo Sarmiento, Antonio Jesús Trujillo Armas, Fernando Padilla Trujillo, Manuel Navarro Rolo, Félix Casanova de Ayala, Pedro Bethencourt Padilla, Nicolás Segredo,… Historiadores: El Canónigo José Trujillo Cabrera y Luis Fernández Pérez. Pintura: José Aguiar.

En economía, las llegadas de las compañías británicas Fiffíes y Elder & Dempster, fruteros y navieros. Mario Novaro Parodi y Lloret i Llinares, pesquerías y conservas. Trujillo do Santos S.L.. Álvaro Rodríguez López y Thomas Olsen, terratenientes y navieros. Cuando se establecieron en la Isla trajeron una bocanada de aire Fresco desde el exterior.

En lo social y en lo político el siglo pasado fue ajetreado y reivindicativo. Huelgas, movimiento obrero, fundación del sindicato de clase “Federación Obrera”, donde convivían socialistas, anarquistas y comunistas. Según Marcelino Camacho, el embrión de las Comisiones Obreras.

En política, declive de la Restauración, que es sinónimo de caciquismo y de corrupción. La Republica, recibida con alborozo por el sector liberal y la clase trabajadora, con reticencias por los conservadores. Guerra Civil, polarización y enfrentamiento de la sociedad. Dictadura, opresión y escaces. Democracia, nacimiento de un fenómeno exótico, exógeno y cancerigeno, en el entramado políticoeconómicosocial de la isla, “la mafia”, dirigida desde el Cabildo Insular.

En síntesis, el genuino actor y protagonista de la Historia de la isla de La Gomera es su pueblo, el de la diáspora, el que se orienta por la rosa de los vientos, los gomeros anónimos, sufridos, valientes, indómitos, esforzados y laboriosos; festivos como la Romería de San Juan, la que pintó Aguiar. ¡Dios, que buenos labradores para tan malos señores!. Que la Providencia los bendiga.

Ser o no ser, esa es la cuestión. Hemos llegado a un punto sin retorno. Las naves están ardiendo y la suerte está echada. Cruzamos el Rubicón con todas sus consecuencias. Yo soy yo, y mis circunstancias. Adelante pues…

Una vez más la Historia señala a los gomeros un Resurgimiento. No prodiguemos esta oportunidad. Es una catarsis. Un imperativo moral.

Recordando a La Gomera, le cantamos a la Isla las estrofas de Nabucco. “Vuela, vuela, pensamiento (Giuseppe Verdi)”:

Vuela, vuela, pensamiento sobre alas doradas,
pósate sobre las praderas y montañas,
donde derrama su fragancia
el aire dulce de la tierra natal.
Saluda a las riberas del Jordán
y a las destruidas torres de Sion.
¡Ay, mi patria hermosa y abandonada!
¡ay recuerdo tan grato y fatal!.
¡Arpa de oro de los fatídicos vates!
¿porqué cuelgas silenciosa de los sauces?
Aviva nuestros recuerdos queridos,
¡háblanos del tiempo que fue!.
Canta en dulces lamentos,
el destino de Jerusalén.
O te inspire el Señor una melodía,
que te infunda virtud al partir.

La Gomera, los valles, el Cedro. Es nuestra tierra añorada.

MARCO CATÓN
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