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Con esta política se está frenando el desarrollo de la sanidad pública que se apaga cada día más, con grave pérdida de confianza de los ciudadanos ante las ofertas de los profesionales sanitarios que nada pueden hacer para frenar esta anormal y nefasta situación de servicios sociales.
Hay que desenmascarar a los verdaderos artífices de esta política sanitaria que sufrimos en nuestra comunidad y que están llevando al caos en materia sanitaria a nuestra región. Son los responsables de la consejería y los directores de los servicios de salud los protagonistas de este diseño de gestión tercermundista que soportamos. Son los mismos responsables de que aún no contemos con verdaderos hospitales en el norte y sur de la isla de Tenerife que descongestionen los hospitales de referencia de Santa Cruz. Nuestra administración pública debe saber que estamos ya en un grave colapso sanitario y que el ciudadano canario, demandante de servicios de salud, exige mecanismos de control y coordinación entre todos los recursos existentes que den adecuado funcionamiento y respuesta a sus peticiones y derechos sociales. Venimos asistiendo a una manifiesta desatención progresiva de los hospitales públicos que contrasta con la atención que nuestros gobernantes prodigan con la sanidad privada, en unos conciertos singulares que se niegan a modificar para que se acepten los enfermos que colapsan nuestras urgencias y se permita producir más y mejor a los hospitales de III nivel que hoy se encuentran improductivos en gran medida por la continua derivación de los pacientes. Hace años que venimos denunciando que en los hospitales públicos no se nos deja trabajar ya que casi un 70 % de las listas quirúrgicas son trasladas a centros concertados, manteniendo el resto de patologías menores, o con muy grandes complicaciones que nunca serán rentables económicamente, para que se traten en los centros de referencia de máximo nivel; o para recibir los casos desgraciados y complicados que se han efectuado en las clínicas privadas y que entonces no quieren o saben resolver. En este momento se han invertido los términos. Los hospitales públicos son los complementarios y suplementarios de los centros privados que no aceptan sino patologías quirúrgicas limpias y económicamente rentables. A un gobierno se le juzga por sus aciertos y logros a la hora de realizar y ofrecer servicios y prioridades a sus ciudadanos; y éste actual ha sido ejemplo de una manifiesta incompetencia en relación con la sanidad. Ningún colectivo social cree ya las mentiras y falsedades que se les informa. Todos los ciudadanos ya saben que las listas de espera son mayores que nunca, que los servicios ofertados son inaguantables, que la atención se eterniza. Lo demás son solo promesas electorales y ya estamos cansados e indignados. Y no todo puede imputarse a la supuesta invasión inmigrante que superpuebla nuestro territorio, motivo y razón de nuestra pérdida de calidad de vida, de deterioro del medioambiente, de saturación en la prestación de servicios. Hay que hablar de mala gestión y de política equivocada y dirigida a intereses particulares inconfesables que, afortunadamente, cada día van aflorando a la luz para escarnio y pecado de los verdaderos protagonistas, que ya todos conocemos. (*) Doctor en Medicina y Cirugía Unión Ciudadana - CSEA |