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Decir que la inmigración es la responsable del deterioro sanitario que soportamos los canarios es mentir descaradamente, con perversión y falsedad manifiesta e interesada. Achacar a la superpoblación de Canarias los colapsos sanitarios que nos oferta nuestro gobierno a los habitantes de las islas, por mayor consumo y falta de recursos, es falaz y torticero. Intentar esconder los planteamientos políticos y de gestión sanitaria tras el parapeto de los inmigrantes irregulares, es una cobardía inadmisible.
Porque la verdadera realidad es otra. Porque el aumento poblacional de las islas, porque su crecimiento demográfico, poco ha incidido, ni incide mayormente, en los déficit ni problemas de los servicios públicos y, en este caso, en la sanidad. Se sigue denunciando por todos los medios la precariedad de camas hospitalarias que provoca una saturación y colapso de los servicios de urgencias de nuestros grandes hospitales que no pueden dar tratamientos, no ya eficaces sino humanitarios, a los cientos de pacientes que se hacinan en los pasillos abarrotados de camillas y sillas donde permanecen días consecutivos a la espera de un ingreso. Se denuncia desde los distintos ayuntamientos e instituciones públicas la grave situación en que se encuentran los servicios de salud de Canarias, el último el de Agüimes, que delata el grave malestar de los profesionales, familiares y, por supuesto, de quienes sufren en primera persona las listas de espera y demoras de nuestro sistema, haciendo adherirse al partido socialista en el ayuntamiento de El Rosario en apoyar esta demanda. Lo denuncian los enfermos y representantes diabéticos de las islas que demandan una solución a su problema. Lo acusan los usuarios del acelerador lineal del hospital de la Candelaria que no pueden recibir su tratamiento con eficacia y constancia por el deterioro de aquel. Lo expresan los cientos y miles de pacientes que esperan ser atendidos en consultas de especialistas o para realizarse una prueba diagnóstica. Lo reclaman el gran número de personas que permanecen de pie durante horas en las consultas para ser atendidos, después de desplazarse de distantes lugares de la isla, tras madrugar muy temprano para poder asistir a las citas, tratándose de pacientes ancianos e impedidos. Lo gritan quienes deben esperar horas y horas por una ambulancia que los traslade a un centro sanitario a recibir tratamiento, el día que no suspenden el servicio. Lo imploran aquellos que son “ingresados” en un solitario y frío pasillo de hospital, mientras esperan ser ingresados en una cama, donde realizan todo tipo de actividad personal e íntima frente a cualquiera, sin importarles el pudor y la vergüenza ajena, como comer, defecar, orinar, lavarse y recibir de paso una medicación. Y mientras tanto, el verdadero escándalo que se oferta como sanidad para todos universal y gratuita, mientras la lista de espera quirúrgica no disminuye, las urgencias están colapsadas, las listas de espera especializada llega al año, mientras tanto, digo, los conciertos con las clínicas privadas, centros de I y acaso II nivel, prosperan y permiten elegir a los enfermos que les interesa, utilizando todas las camas de sus centros en procesos solo quirúrgicos y rentables, operando cada día más, con poco y deficiente control en su acreditación, haciendo que los pacientes peregrinen, desde sus hospitales de referencia a aquellas sin haberlo solicitado ni autorizado en la mayoría de los casos, que con el argumento de disminuir las listas quirúrgicas, la llenan de intervenciones que deberían realizarse en los centros públicos del propio sistema que mantiene el Servicio Canario de Salud y sus funcionarios gobernantes, en una clara intención descapitalizadora y de desmantelamiento de la sanidad pública en beneficio de la privada. (continuará) (*) Doctor en Medicina y Cirugía Unión Ciudadana - CSEA |