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La sanidad pública en nuestro país está considerada de buena calidad y con ofertas y prestaciones de alto nivel, asistida por buenos profesionales de ejemplar dedicación, con modernos hospitales equipados con alta tecnología. Dicho así parece que, entonces, no se entiende por qué existe entre la ciudadanía y los agentes sociales y políticos un debate que cuestiona la “salud” de nuestro sistema público sanitario de forma permanente. No se entiende, entonces, que nuestra sanidad, y especialmente la canaria, estén en los últimos puestos del ranking nacional y que se demuestra, con cifras y estadísticas, las precariedades que soportamos los ciudadanos de estas islas.
Pero si comparamos los presupuestos e inversiones públicas que se destinan a la sanidad, podemos concluir que, efectivamente, los servicios sanitarios, de forma milagrosa, ofrecen maravillas y buenas soluciones comparadas con las ofertas de otros países ya que se da una cobertura social al 100% de la población... Y es que hay que recordar que el gasto público en sanidad se encuentra situado en el 5.4% de PIB, que se considera escaso, si la idea es cubrir a toda la población y las coberturas tecnológicas deben ser de última generación. Invertimos, en la Europa de los 25, un punto por debajo del promedio del continente, que, se mire por donde se mire, indica que gastamos poco en sanidad y además lo hacemos mal. Pero no nos engañemos; un sistema sanitario que mantenga los cientos de miles de pacientes en lista de espera quirúrgica, 400.000 de los que 36.000 están en Canarias, que no resuelva la masificación en los servicios de urgencias, que permite la atención primaria de enfermos con 5 minutos por persona, siendo el país de la Europa desarrollada que menos tiempo de consulta dedica a sus pacientes, que no cubra las patologías buco dentales de su población, que persista con los déficit en la salud mental, que tenga unos gastos farmacéuticos de tal calibre que mantiene en la quiebra económica constante al sistema, que no invierta lo necesario en materia sanitaria y de salud, siempre menos que la media de los países desarrollados occidentales de su entorno, que no atienda de forma adecuada a las drogodependencias ni a los discapacitados, es un sistema que no puede ser del todo maravilloso ni tan bueno como nos quieren hacer ver nuestros gobernantes. Esta afirmación interesada de las bondades de nuestro sistema público sanitario, avalada por un informe de la OMS (Organización Mundial de la Salud), que la considera como la séptima mejor del mundo, está cada vez más cuestionada por todos, ya que, como alguien ha comentado, no tiene credibilidad científica alguna y fue emitido bajo manipulaciones y errores que obligó a dimitir al propio director del informe. Parece necesario tomar decisiones en el intento de resolver estos graves problemas que existen en el sistema sanitario público. Pero no solo en la dirección de aumentar los recursos y las inversiones, que sí que se precisan; sino también en la puesta en marcha de medidas para aumentar la eficiencia en el control y gestión de estos siempre escasos recursos sanitarios para mantenernos en el marco de la universalidad y gratuidad de los servicios a la población. Y para ello se precisa un cambio de mentalidad en los gestores políticos de nuestra sanidad. Porque la sanidad está gravemente politizada y dirigida por elementos extraños que la mantienen secuestrada por intereses económicos a los que interesa que nada cambie para su beneficio personal. Y estas medidas correctoras deben ser puestas y gestionadas, y por consiguiente dirigidas, por verdaderos profesionales sanitarios con reconocida capacitación en la gestión sanitaria. En Canarias la idealización de nuestros políticos responsables en materia sanitaria es algo que roza lo esperpéntico. Seguir manteniendo la propaganda de que nuestra sanidad y en materia de salud se realizan actuaciones positivas, de que desaparecerán las listas de espera, de que ningún canario esperará más de 150 días para ser operado, de que se realizará una gran reforma sanitaria, de que se invertirá mucho en atención primaria, de que el pacto social solventará nuestros problemas y de tantas y tantas falsedades más, es una burda y manipulada información electoralista de la que ya los ciudadanos estamos muy cansados. Porque la realidad es bien distinta; sufrimos la sanidad más lenta en tiempos de espera de todo el estado, tanto en quirúrgicos como en consultas y exploraciones, con graves colapsos hospitalarios, con poca productividad de las áreas quirúrgicas hospitalarias, con déficit asistenciales en los centros primarios, con las masivas derivaciones de las patologías más rentables a los centros privados, convirtiéndolo en el sistema concertado más alto de todo el país y donde se invierten los presupuestos de forma mayoritaria en el intento de descapitalizar el servicio público, con la relación más baja de médicos hospitalarios y número de camas, con fuga de profesionales sanitarios del sistema público, produciendo una gran sobrecarga que deben soportar los profesionales, debido a su escasez, que en número están por debajo de la media nacional en relación con los habitantes. Si además sumamos que tenemos el menor índice de esperanza de vida, de las grandes bolsas de pobreza que padecemos en las islas, a pesar de que el vicepresidente Sr. Mauricio niegue los datos de Cáritas, el mismo que dijo que desaparecerían las listas de espera en un año, de los índices de patologías metabólicas más elevados (obesidad , hipertensión y diabetes), que se relacionan al mayor precio de la cesta de la compra y a los bajos salarios laborales que padecen los trabajadores, de las bajas prestaciones sociales, del índice de paro tan elevado…… (*) Doctor en Medicina y Cirugía Unión Ciudadana |