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Informes, panfletos, manifestaciones, cadenas humanas y de metal, para atarse a las puertas del Gobierno de Canarias y del Ayuntamiento sureño de San Bartolomé de Tirajana, “si hace falta”. “Así se organiza una repulsa contra la edificación de una macrocárcel”, asegura Guillermo Wyttenbach, miembro del Consejo de Vecinos de Castillo del Romeral, que se resiste numantinamente a la construcción de la prisión, desde septiembre de 2007.
La clave del colectivo que forman más de 3.000 vecinos - aunque son 200 los que asisten de forma habitual a las asambleas-, se enmarcan en el olvido de las diferencias vecinales para afrontar un mismo objetivo: “¡No a la macro cárcel, a la entrada de Maspalomas!”, como reza el panfleto que recuerda que todos los martes a las 20:00 horas, los vecinos se reúnen para poner en común las estrategias de denuncia. “Los canarios deben estar enterado de lo que pasa aquí, porque no sólo es un problema de Castillo del Romeral”, dice Wyttenbach, “por eso, al margen de todos los lentos, torpes y silencios pasos burocráticos, que se olvidan bajo los tabiques y paredes de la construcción, planteamos acciones públicas multitudinarias de efecto”. De esta manera, la entrada del Gobierno autónomo, la propia zona de obras y mañana, la turística playa del Inglés, en Maspalomas, se convierten en campo de batalla y denuncia. Todo está preparado, durante la noche del martes, los vecinos volvieron a reunirse para exponer sus ideas y analizar el avance de las obras. “No somos ciudadanos paletos, como afirman algunos medios, disponemos de profesionales que nos asesoran”, insiste el vecino. Aunque no hace falta estudiar mucho para saber que “llamar la atención” es la consigna. La lección la tienen aprendida, desde hace “ocho días, varios vecinos se turnan en la casa Condal del municipio para hacer guardia”. “Están encadenados y allí seguirán hasta que una solución definitiva” les saque de su fuerte o paralice las obras. Mientras la alcaldesa del municipio, Mari Pino Torres, “ni cruje ni muje. Ella tan sensible”, ironiza Wyttenbach. “No hay atisbo de esperanza, el Consistorio es un muro”, dice el vecino, mientras reconoce que ahora que salieron a la luz pública determinados informes sobre las obras, el Ayuntamiento ha organizado una reunión entre los asesores jurídicos y los vecinos. Los documentos elaborados por los asesores del Gobierno local, reconocían la "ilegalidad" de las obras y la "legitimidad" de la alcaldesa para paralizarlas, “una cuestión que Torres siempre ha negado”. Pese al posible diálogo, “no hay consenso”. Las obras siguen adelante, “se realizan movimientos de tierra”, al tiempo que el Castillo del Romeral organiza los movimientos vecinales. Actuaciones que según Wyttenbach reciben la “persecución policial”. “¿De qué va esta guerra?", se pregunta el afectado por la construcción de la cárcel. En unos días, los vecinos cumplirán su primer año de pulso al Estado. Justamente, cuando se cumple años de otra resistencia, la de Numancia, localidad soriana que repelió la invasión romana, dando fama histórica a su sitio. 





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