|
José M. Balbuena Castellano.- xisten en España, como en todas partes, unos cuantos periodistas que se convierten en seres repelentes, tanto por lo que dicen como por lo que hacen. Así, por ejemplo, tenemos en la cadena de los obispos, un cantamañanas especializado en insultos y descalificaciones, que le han costado bastante caro. Esperemos que le sirva de lección, aunque en su insensata soberbia ya ha anunciado que seguirá haciendo lo mismo desde esas “cristianas ondas” de la COPE (¡Oh Jesús, no se te ocurra venir a la tierra para ver lo que han hecho de tu Iglesia!). A pesar de ello, todos sabemos que tiene sus seguidores, y a lo mejor consideran que los fallos en su contra emitidos por los tribunales de justicia, son injustos, porque ha ejercido “el derecho a la libertad de expresión”. Entiendo que la libertad de expresión no consiste precisamente en faltar el respeto a los demás, en ridiculizarlos públicamente y en levantar infundios y calumnias. Y así podríamos seguir destacando “el periodismo” que practican otros elementos con muy poca ética en este país. Pero no me voy a molestar ni en mencionarlos.
Pero no necesitamos irnos tan lejos para encontrarnos a un señor que desde hace años bombardea a la isla de Gran Canaria y a los grancanarios con su senil y obsesa pluma. Sus editoriales son contundentes y lo peor es que mucha gente de la isla y de la otra provincia está convencida de que lo que plantea el caballero en cuestión es la “pura verdad”. En unas de esas diatribas contra nuestra isla escrita el 19 de junio pasado y que titulaba “La vergüenza del Archipiélago” se metía con la consejera de Turismo, Rita Martín a la que criticaba su “dadivosidad” con Canaria (así es como llama a nuestra isla porque se le atraganta el “Gran”), y ahora viene su eterno y ramplón argumento” la tercera isla en extensión pero la primera en fealdad”. (¡Ay Pepito, se ve que no la conoces, a pesar de que, según dicen, eres hijo de una grancanariona!. Aunque la verdad: prefiero que no lo seas). Según ese eminente “periodista ultrachicharrero”, somos “un territorio desangelado”, y añade que no le extraña que cada vez venga menos el turismo a Gran Canaria (el Gran lo he puesto yo) mientras aumenta en Tenerife. Asegura don Pepito que los pasajeros, en cuanto bajan del avión, contemplan un paisaje “desértico y sucio”, y los turistas que acuden a Gran Canaria (el Gran es mío) “lo hacen engañados”. Su conclusión es que la consejera “no debería malgastar el dinero público en inversiones inútiles”. Afirma que la consejera “sufre también la prepotencia asfixiante de Gran Canaria” (el Gran es mío). Yo no digo que nuestra isla esté como una patena, y que no tenga lugares donde se han realizado muchos estropicios, pero el editor de El Día se pasa en sus apreciaciones. Llamar ridículo” al Roque Nublo, cuyo entorno fue calificado de “tempestad petrificada” por Unamuno, es también pasarse. Además ¿sabrá este individuo quién fue Unamuno?. Como la rabieta del señor Rodríguez no tiene desperdicio, dejaré para un segundo capítulo sus otras notables apreciaciones sobre Gran Canaria (pese a usted, señor editor). José M. Balbuena Castellano |