 Cándido Quintana Transcurrido más de medio año de este 2008 y considerando la gravísima crisis económica que nos ha tocado de lleno, creo que es más necesario que nunca, que hagamos una profunda reflexión y evaluemos todo lo mucho que se ha hecho mal por estas Islas Canarias, otrora afortunadas pero venidas a menos por el imparable afán de unos cuantos de enriquecerse de forma desmesurada. Y esto, con el beneplácito de los Gobiernos de turno y a costa de dilapidar, a toda prisa, nuestros ya escasos recursos naturales, lo que ha propiciado que la crisis se haya magnificado por aquí hasta límites muy preocupantes y, lo que es peor y perdonen mi falta de optimismo, con muy complicada marcha atrás. No son admisibles argumentos como que la crisis es achacable, única y exclusivamente, a factores externos, que por aquí somos inocentes.
Decía yo en un artículo que me fue publicado en este mismo periódico, hace unos meses, que la construcción había tocado techo, que ya no procedía sostener en plena faena un parque tan descomunal de maquinaria pesada, que África estaba ahí y tenía esa necesidad. Un Gobierno preocupado y mínimamente congruente, hubiera incentivado a los grandes constructores con esta loable finalidad. No se trata de dejar sin trabajo a tantas miles de personas, se trata de buscar el equilibrio necesario para minimizar lo que se nos está viniendo encima. El turismo y la construcción ya no van de la mano, sino todo lo contrario. El turista rentable, el de calidad que ha generado la mayor parte de nuestra riqueza, no nos visita por el cemento y el asfalto, de esto ya tienen de sobra en sus ciudades de origen, viene buscando el Medio Ambiente y los Recursos Naturales que estamos deteriorando. Tenemos pendiente aún la tan necesaria rehabilitación de la obsoleta planta hotelera, así como de un significativo número de edificios públicos y es justo ahí donde procede atacar ahora, afrontando, paralelamente, todas las reconversiones que sean necesarias, para que no se destruya tanto empleo. Se trata de encajar este impactante sector en límites sostenibles, tal y como procede en unas Islas con territorios tan limitados, que sólo pueden vender de forma competitiva, el sol, el buen tiempo y el Medio con que nos ha dotado la madre naturaleza. Y es que esa imagen que se ha proyectado al exterior, del “oro ficticio” que comentaba en otro artículo reciente, que tanta población foránea ha atraído a su llamada y tantos parados está dejando ahora en el camino, no era nada real, y su motor principal, la construcción, se nos ha averiado y sus repuestos son muy caros y difíciles de conseguir. Que el sector empresarial es muy importante y hasta básico, nadie lo pone en duda, pero lo que no pueden hacer los empresarios es amenazar, ni tratar de dirigir nuestra nave a sus intereses o caprichos, tiene que primar el interés general, que no es precisamente lo que ellos buscan. Leía hace unos días, aunque no me sorprendí por ello, como el presidente de la CEOE, don José Fernando Rodríguez de Azero, urgía al Gobierno a iniciar las obras del puerto de Granadilla y esto es lo que no se debe tolerar. Opinar podemos todos, pero esto es una clara exigencia y no procede. Yo desde esta columna, le traslado al Sr. Rodríguez de Azero unas simples preguntas, que le agradecería que me contestara de forma congruente y sin pensar en su bolsillo. Admitido oficialmente que el proyecto del puerto de Granadilla ocasionaría, de hacerse, muchos efectos negativos irreversibles e incompensables a ese Medio del que vivimos y debemos preservar, ¿de verdad cree que esta nueva aportación de cemento y asfalto en una monstruosa infraestructura innecesaria, tan cercana a los más importantes núcleos turísticos, procede? ¿Realmente piensa que con la ejecución de esa obra se recuperaría nuestra economía, que no sería pan para hoy y hambre para mañana o más miseria? A las anteriores preguntas le añado otras que considero vitales. Si a una obra tan devastadora como esta, que agravaría el sector turístico, le sumamos que técnicamente, por el inapropiado lugar escogido, se trata de un disparate en toda regla, ¿cree don José Fernando que hay que seguir adelante con ella, aún existiendo otras alternativas superiores y menos impactantes? ¿De verdad no le preocuparía nada esa grave afección al Medio Ambiente o se limitaría a decir que opinar sobre eso no es su cometido? ¿Cree que su misión es sólo ganar dinero a costa de lo que sea, aunque lo que sea, sea el futuro de todos? (*) Presidente de la Plataforma de Defensa del Puerto de Santa Cruz |