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Uno de los servicios públicos que peor funcionan en nuestra comunidad es el del sector de la sanidad. Nos hemos acostumbrado, sin casi sorprendernos y soportarlo con resignación, a esta grave deficiencia social a la que tenemos derecho a recibir en su totalidad y con garantía, según se contempla en la propia Constitución Española y en la Europea, reconociendo el derecho a la salud.
Son muchas las denuncias y quejas por parte de la ciudadanía, de los estamentos sanitarios, de las organizaciones sociales, de los representantes políticos, del defensor del pueblo; son conocidos los datos y estadísticas ofrecidos por el socio barómetro sanitario, por el CIS ( Centro Investigación Sociológica), por la OCU ( Organización de Consumidores y Usuarios), que nos informan de que tenemos la sanidad peor valorada del estado, de que tenemos el tiempo de espera para recibir atención sanitaria que duplica al nacional, de que poseemos las peores cifras del sistema público sanitario, de que las listas de espera que publican desde los estamentos oficiales no son reales y de que los informes elaborados no se ajustan a la verdad, de que las urgencias de nuestros hospitales muestran una quiebra de la sanidad canaria….. Las razones de todo este deterioro son conocidas; el mantenimiento de estas insuficiencias, de los bloqueos sanitarios, del escaso números de camas hospitalarias, de la falta de inversión , personal e infraestructuras del sector primario, de los bajos ratios de médicos y personal sanitario, de la ausencia de hospitales comarcales en el territorio insular, de la concertación de servicios, del desmesurado gasto farmaceútico y de muchas cosas más, tienen un íntima relación con la politización y gestión de la sanidad que mantienen nuestros representantes gubernamentales, en una clara definición y apuesta por la privatización y control por determinados grupos empresariales de nuestro archipiélago. Después de doce años de haber sido realizadas las competencias en materia sanitaria para su control por el gobierno de Canarias, después de lustros de estar gobernando y realizando un peculiar sistema de gestión, no se entiende, con los datos que conocemos todos, la ausencia de crítica y la autocomplacencia de nuestros políticos, verdaderos analfabetos funcionales en materias sanitarias y de salud. O sí se entiende ?…. Esta nefasta politización de nuestra sanidad, que controla los mecanismos económicos para rentabilizar el sector privado, que mantiene una gestión ineficaz, nula y lenta, no profesionalizada y con criterios anacrónicos y desfasados, con representantes y rectores de los puestos directivos colocados a dedo, no hace sino consolidar y mantener prebendas a unos cuantos privilegiados, casi siempre a los mismos de siempre. Existen muchos intereses creados en torno al “negocio de la sanidad”. Están empeñados en que la sanidad pública canaria no funcione. No se concibe que conociendo los datos actuales no se cambie, de que se modifiquen los criterios, de que busquen las soluciones. Porque, existen estas soluciones y hay que exigirlas como garantía de nuestros derechos ciudadanos, comenzando desde la enseñanza de la salud en las escuelas, de la mejora en el sector primario hasta los servicios hospitalarios. El modelo sanitario que tenemos garantiza y proporciona un alto nivel de prestaciones, pero hoy, es un sistema rígido y con claras muestras de agotamiento. Hay que aplicar criterios científicos y profesionalizados para su mejora. Hay que efectuar un cambio en la gestión ya que no todo se resuelve por un aumento de la financiación. Es preciso que el usuario, que el ciudadano sea el protagonista del control, gestión y empleo de sus propios recursos porque es quien los mantiene con sus aportaciones a la Seguridad Social y sus impuestos. Es hora de que participemos activamente, democráticamente como ciudadanos para exigir que nuestros políticos actúen con transparencia y resuelvan los graves problemas, déficit y carencias que soportamos en materia de salud, porque ya estamos indignados. No podemos seguir siendo espectadores de lo que sucede, porque de la Sanidad Pública dependen aspectos importantes de la calidad de vida de la ciudadanía. Es necesaria una mayor implicación de los agentes sociales, económicos, profesionales y de la ciudadanía para lograr un Pacto Ciudadano por la Sanidad y no seguir insistiendo en esta burda maniobra electoralista que se empeñan en mantener de un pseudo pacto que casi nadie apoya y considera, dirigido a las élites profesionales y económicas. Porque nuestra sanidad está secuestrada por políticos y empresas y contra eso tenemos que dirigir nuestro Pacto. Este es el cambio por el que abogamos muchos ciudadanos y que debemos conseguir, ya que somos quienes más sufrimos el déficit de la sanidad pública. Hay métodos de eficiencia, honradez y sentido común que pueden cambiar nuestra sanidad y hay que convencernos de que la fuerza y la razón están de nuestra parte. Sólo está en nuestra manos poder hacerlo. |