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Cuatro años sin Andrés PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Rubén Alemán, Unidad del Pueblo   
lunes, 21 de julio de 2008

Rubén Alemán, Unidad del Pueblo.-

Un veinte de julio de dos mil cuatro se nos fue Andrés Alvarado Janina, un compañero, un amigo que dio su vida por la causa de la libertad, de la igualdad, de la solidaridad. Andrés fue un comunista coherente, uno de esos compañeros que dignifican la existencia humana, alguien querido por los suyos y respetado por sus adversarios de clase.

Andrés estuvo en la cárcel de Cáceres dos de los cuatro años a los que se le condenó inicialmente. Era la época del Movimiento Canarias Libre. Fue detenido junto a Fernando Sagaseta, Armando León, Luis Alsó y Arturo Cantero el 29 de marzo de 1962, después de aparecer unas pintadas antifranquistas en el Estadio Insular. Condenado tras un Consejo de Guerra, en la prisión decide ingresar en el PCE.

Sin duda, uno de los capítulos más importantes de la vida de Andrés es la lucha por dar dignidad a los barrios. El suyo, Tres Palmas, fue ejemplo de decencia humana y de solidaridad vecinal. Junto con otros vecinos y vecinas organiza la lucha contra la subasta del barrio, reconociéndose finalmente las reclamaciones por las deficiencias de construcción de las viviendas y revisándose la cantidad a pagar por las mismas. Corrían los años 75-77. Asimismo, gracias al esfuerzo colectivo logra las mejores dotaciones para un barrio popular: biblioteca, gimnasio, aparcamientos, salón de actos, etc.

La lucha vecinal la entendía como lucha política. Es así. Como marxista-leninista no concebía la transformación social sin la reivindicación más cercana, sin olvidar la solidaridad internacional-ista. Nunca renunció a su clase, sabedor de que la lucha de clases es el motor de la historia y que sin conciencia de clase jamás se podrá erradicar la hegemonía de los que detentan los medios de producción y de cambio en favorecimiento de los más débiles.

Fue en las elecciones municipales de 1983 cuando sale elegido concejal del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria por UPC-AC. Nunca cedió un milímetro al caciquismo demostrado por Juan Rodríguez Doreste, el cual se decía socialista –como en la actualidad, Jerónimo Saavedra- pero al que no le tembló el pulso a la franquista usanza de cortarles el agua a los vecinos y vecinas, obreros y obreras, de Tres Palmas. Hartos de la injusticia que suponía la facturación del recibo del agua de forma colectiva y no individual –pagaba lo mismo el que mucho consumía que el que poco lo hacía- decidieron no abonar el importe de los recibos. La “Guerra del Agua” supuso otra lucha histórica de este sufrido pueblo canario y sacó a la luz la ineptitud de un alcalde socialdemócrata que ya le había hecho la puñeta a la Unión del Pueblo Canario con la famosa censura al anterior alcalde, Manuel Bermejo, el cual “osó” implementar políticas sociales avanzadas como la municipalización de las guaguas. Finalmente se ganó la Guerra del Agua, con el apoyo sin fisuras de Andrés y José Villegas, el otro concejal de la izquierda nacional pero quedando siempre claro que la lucha era de los vecinos y vecinas. Andrés era un vecino más.

Andrés también combatió la especulación en la ciudad, oculta tras la elaboración de los PERIs (Planes de Barrios). Detrás de planes especiales como el de Vegueta-Triana se escondía un gran pelotazo urbanístico. Supo unir la lucha local con la internacional –algo que las anoréxicas mentes siguen sin ver- y en muchísimas ocasiones encabezó manifestaciones contra la guerra, a favor del desarme y la paz en el mundo. Fue de los pocos que llamaba al pan, pan y a Estados Unidos, imperio. No utilizaba subterfugios ni eufemismos. Mientras la socialdemocracia moderna aplaudía con las orejas los bombardeos asesinos contra Yugoslavia él se pronunciaba en contra de esta ignominia y a favor del Socialismo. Un año antes de morir, en 2003, él como un joven más, estuvo en la Plaza Liberada (Parque de San Telmo) para decir “no” a la Guerra de Irak.

Tuve el privilegio de conocerlo y charlar bastante con él en Radio Guiniguada y en Onda Real. Fueron muchos minutos y pocas horas. Andrés era humano, muy humano. Incluso con aquellos de los que discrepaba diametralmente utilizaba la persuasión. Lo más fácil es decir: “no piensas como yo, no quiero hablar contigo”. El no hacía eso. Como luchador por las libertades nunca se negó al debate con el antagonista político.

Canarias sufre un gran drama en el alba del siglo XXI: carecemos de muchos Andrés Alvarado. Y así nos va.

RUBÉN ALEMÁN
UNIDAD DEL PUEBLO

 
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