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Un experto asegura que el 99% de las enfermedades desatendidas se ubican en los países pobres PDF Imprimir E-Mail
lunes, 14 de julio de 2008

SB-Noticias.- El investigador Jorge Alvar inaugura la Universidad de Verano de Adeje con una conferencia sobre las patologías tropicales más desconocidas. 

El director del programa de lucha contra la Leishmaniasis de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Jorge Alvar Ezquerra, inauguró hoy lunes 14 de julio la Universidad de Verano de Adeje con una ponencia titulada ‘Enfermedades olvidadas, poblaciones olvidadas’, en la que hizo una amplia descripción de las principales patologías que afectan a grandes núcleos de población mundial y que básicamente se concentran en zonas tropicales donde la pobreza es extrema. De hecho, señaló que el 99% de las enfermedades desatendidas, es decir, poco investigadas y con nulo impacto en la industria farmacéutica, están ubicadas en los países más pobres, donde la Lesihmaniasis, el Dengue, el Mal de Chagas o la Úlcera de Buruli causan verdaderos estragos.

Así, mientras la carga de enfermedad del Sida, la tuberculosis y la malaria ocupan el 46%, las enfermedades tropicales abarcan un 24%, afectando a un cuarto de la población mundial. Se trata de patologías propias de zonas rurales recónditas, explicó el investigador, con programas de control mal definidos.  “Son enfermedades mutilantes, que causan graves discapacidades, se asocian a periodos bélicos y producen grandes estigmas en quienes las padecen, unos enfermos que son habitualmente segregados de su comunidad”. En cualquier caso, añadió, representan enfermedades ajenas al mundo occidental, y por tanto olvidadas por los laboratorios. En esta tesitura, la OMS trata de aumentar la sensibilización hacia estas enfermedades, mejorar el acceso a los medicamentos y reforzar el sistema sanitario de salud, explicó el conferenciante.

Alvar dio cuenta de la situación de algunas de las enfermedades tropicales más comunes, entre las que se encuentran la Dracunculiasis, conocida como la enfermedad del Gusano de Guinea, que se transmite genralmente a través del agua que se bebe, en la que se cuela el crustáceo de este gusano. En 2005 se había registrado 10.000 casos en todo el planeta, cifra que ha ido reduciéndose paulatinamente  a medida que se ha ido trabajando con las comunidades de poblaciones afectadas, especialmente en Sudán y Ghana. El objetivo de la OMS es erradicarla en 2010.

El investigador señaló que hay 1.200 millones de personas afectadas por la Filiariasis Linfática, con efectos tan devastadores como la elefantiasis, que produce enormes deformaciones en el cuerpo humano. “En estos casos es necesaria la administración masiva del medicamento, y las expectativas están siendo muy prometedoras, puesto que se está cubriendo mucha más población de la que se esperaba. Probablemente”, apunto, “dentro de cinco años esté controlada”.

Jorge Alvar abundó después en las enfermedades que no tienen tratamiento, por falta de investigación y de medicamentos por parte de la industria farmacéutica. Además, agregó, las padecen poblaciones con dificultad de acceso al sistema sanitario y que necesitan de personal cualificado para su administración, ya que muchas veces tienen efectos secundarios. Pocos son los medicamentos que las curan, apuntó.

La Leishmaniasis es una de ellas, que puede darse de forma cutánea o de forma visceral y se asocia en esos casos al Sida. Se trata de la enfermedad parasitaria más mortal, después de la malaria, y con especial prevalencia en el sudeste asiático y ‘cuerno’ de África. En estos momentos se cuentan alrededor de doce millones de casos, para los cuales hay varios medicamentos. El problema es que algunos tienen efectos cardiotóxicos y se necesitan 28 días de hospitalización y, en otros casos, tienen efectos nefrotóxicos. Existe un tratamiento más adecuado, vía intravenosa, pero es extremadamente caro.

Alvar relató en su ponencia que cerca del 40% de los enfermos de Leishmaniasis en Etiopía padecen Sida, al tiempo que explicó que hasta que la enfermedad no fue un asunto de agenda política no tuvo ninguna repercusión en la industria farmacéutica. “El mundo científico tiene que ponerse de acuerdo en cuál es la dosis efectiva mínima para curar esta enfermedad; ahora mismo estamos en negociación con los laboratorios”.

En estos momentos el tratamiento oscila entre los 100 y los 300 euros, algo inviable para la renta familiar de una familia africana o asiática. A eso se añade la falta de medicamentos efectivos, por lo que hay que investigar más y, en opinión del experto, hay que pasar de la monoterapia  a la combinación de fármacos.
 
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