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SB-Noticias.- Del 10 al 30 de julio el Centro de Arte La Recova acogerá una exposición recopilatoria y antológica de la obra del pintor y escritor tinerfeño Enrique Lite, artista que juega un papel esencial en la renovación de la plástica canaria en la segunda mitad del siglo XX. Se trata de la primera exposición antológica que sobre Enrique Lite se lleva a cabo, y según explica la coordinadora y directora de la muestra, Magda Lázaro,ha levantado mucha expectación, pues incluso amigos íntimos del autor nunca han contemplado toda su obra.
La muestra, programada por el Organismo Autónomo de Cultura (O.A.C.) del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, constará de una doble vertiente, la plástica y la literaria, e incluirá casi un centenar de obras (óleo sobre lienzo y dibujos) de formato medio y grande. Enrique Lite fue un artista de sólida y profunda formación académica. Simultaneó, con admirable coherencia y lucidez, su aportación creadora de vanguardia con una intensa y rigurosa actividad docente. La aportación de Lite fue esencial en la constitución y consolidación del Grupo Nuestro Arte, movimiento que, como heredero de la tradición de "Gaceta de Arte", situó a Tenerife y Canarias como referente de la actividad artística y literaria española de los cincuenta a los ochenta del pasado siglo. Pero el artista no fue sólo un creador, sino también un dinamizador de la vida cultural canaria en un momento en el que crear era un acto de rebeldía y de compromiso en la lucha por la libertad y la dignidad humana. Agudo y riguroso polemista, hombre de convicciones y de carácter franco y leal, junto a sus mayores (Pérez Minik, García Cabrera, Westerdhal…) y de sus coetáneos (Pedro González, Tarquis, Vizcaya, Tovar, Nazco, María Belén Morales…), Enrique Lite sostuvo un combate heroico por la cultura, del que su obra pictórica y literaria es el más claro testimonio. La exposición quiere resaltar la labor de Lite, que contribuyó de forma decisiva a iluminar las sombras del tiempo en el que le tocó vivir. El catedrático, experto y crítico de arte y asesor del Museo Reina Sofía Fernando Castro Borrego será el comisario de la muestra. La coordinación y dirección del montaje correrá a cargo de la galerista Doña Magda Lázaro. DATOS BIOGRÁFICOS 1926.- Nace en Santa Cruz de Tenerife. 1947.- Participa en la Primera Exposición Regional de Pintura, patrocinada por la Universidad de San Fernando, en el Casino de La Laguna, del 17 al 24 de septiembre. 1950.-Obtiene el Primer Premio Nacional de Acuarela del Instituto Nacional de Pintura. 1951.- Participa en la Exposición Nacional de Acuarela. 1952.- Ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de Tenerife. Años atrás había iniciado estudios de Filosofía y Letras, en la Universidad de San Fernando de La Laguna, que dejaría sin concluir. 1952-3.- En estos años participa en diversas exposiciones regionales y provinciales. 1954.- Comienza a colaborar, desde su primer número, del 28 de octubre, en la página «Gaceta Semanal de las Artes», del periódico La Tarde, con escritos literarios, ilustraciones y críticas de arte y literatura, página de la que fue, junto a José Domingo y a Julio Tovar, uno de sus principales animadores. Firmaba sus escritos como Enrique Lite, Lite, con las iniciales E. L. y, más adelante, con los seudónimos Martín Ledesma y Enrique Ledesma. 1955.- Ilustra dos libros de poemas del escritor José Domingo, editados por Goya. 1958.- Conferencia, en el mes de mayo, en el salón de actos del Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz, sobre «Lo decorativo y la caricatura personal». 1959.- Participa, en marzo, en el coloquio sobre «Arte actual» celebrado en el Colegio Mayor San Agustín, con motivo de la Semana Universitaria. A partir de este año, Gaceta Semanal de las Artes inicia la edición de una serie de libros de escritores canarios (Manuel Castañeda, José Domingo, Pilar Lojendio, José María de la Rosa, Julio Tovar...), algunos de los cuales ilustró Lite. 1960.- Forma parte de la directiva de la Sección de pintura del Círculo de Bellas Artes de Tenerife. Participa en la iv Exposición Regional de Pintura y Escultura, celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife. En el mes de abril lee, en el Ateneo de La Laguna, la conferencia «Tema y tiempo en el arte actual». 1961.- En febrero, conferencia en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife: «Notas para la biografía de un joven pintor». Exposición colectiva Feria de Navidad [Pedro González, Agda Holmsen, Enrique Lite, María Belén Morales, Ulla Nigren, Juan Pedro, Fredy Szmull, Tanja Tamvelius, Maud Westerdahl]. Círculo de Bellas Artes de Tenerife, del 15 al 30 de diciembre. El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife adquiere a finales de este año uno de sus cuadros, con destino al Museo Municipal. 1962.- Dicta la conferencia «La pintura que emigra», coincidiendo con la clausura de la exposición del pintor Pedro González, en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife [marzo]. En el mes de junio habla sobre «El dominio del azar», en la clausura de la Exposición antológica de la acuarela en Tenerife, en el Museo Municipal de Santa Cruz [publicado el texto en La Tarde del 21 de junio]. Colectiva Pintura-Escultura [Alberto Brito, Manolo Casanova, Carlos Chevilly, Pedro González, Enrique Lite, Mª Belén Morales, Víctor Núñez, José Sixto, Manuel Villate]. Ateneo de La Laguna, septiembre. Exposición conjunta Dibujo. Pedro González. Enrique Lite, en el Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, entre los meses de octubre y noviembre. En la clausura de la misma, se celebra un coloquio sobre arte contemporáneo, en el que Lite lee la conferencia «Desde Esta casa en llamas», reflexión que parte del encuentro de dos personajes de la novela de William Styren [reproducido en La Tarde, de 15 de noviembre]. 1963.- En el mes de septiembre, funda, junto a Pedro González y Miguel Tarquis, el grupo Nuestro Arte, del que será uno de sus principales animadores. Primera exposición de Nuestro Arte, celebrada en el Museo Municipal de Santa Cruz, entre octubre y noviembre. Además de Lite, participan: Manolo Casanova, Eva Fernández, Pedro González, Maribel Nazco, Víctor Núñez, Manuel Villate, Juan José González y María Belén Morales. El 15 de noviembre, coincidiendo con esta primera exposición, dicta en el Museo Municipal la conferencia «Diario de un pintor» [véase, al respecto, el artículo de J. T. [Julio Tovar] publicado en La Tarde, de 21 de noviembre]. 1964.- Le conceden la beca del «Comité d’Ecriváns et d’Editeurs pour une antraide Européenne», que le permitiría viajar a París. Organizada por Nuestro Arte, participa en la exposición Homenaje a Miguel Ángel. Museo Municipal, Santa Cruz de Tenerife, entre los meses de abril a junio. Colectiva Arte Contemporáneo en el Museo. Museo Municipal, Santa Cruz de Tenerife, septiembre. Entre el 1 y el 10 de octubre, exposición individual de dibujos, en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. A finales del mes de octubre recibe un homenaje en el Real Club Náutico de Tenerife, con motivo de la concesión de la beca del «Comité d’Ecriváns et d’Editeurs». Intervienen en el mismo el catedrático Carmelo García Cabrera y el pintor Pedro González. Expone en el Primer Salón de Arte Experimental de Canarias, organizado por Nuestro Arte en el Museo Municipal, entre noviembre y diciembre. Además, actúa como presentador de un recital poético experimental, incluido entre las actividades del Salón, en el que intervienen Eugenio Padorno, Alberto Pizarro y Fernando García Ramos. 1965.- Interviene, junto a Pedro González, Manolo Casanova y José Luis Fajardo, en el diseño de la escenografía de la obra teatral de Gilberto Alemán Cuatro Estudios en Negro, con puesta en escena y dirección del grupo «La Carátula» y de Emilio Sánchez Ortiz. En abril, Segunda Exposición del Grupo Nuestro Arte, en el Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Obtiene el Premio de Honor del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, en la VI Exposición Regional de Pintura y Escultura, celebrada en junio en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife. III Exposición Colectiva de Pintura y Escultura. Asociación Española contra el Cáncer, celebrada en los salones del Cabildo Insular de Tenerife, en el mes de octubre. Quinta Exposición Grupo Nuestro Arte. Homenaje a Julio Tovar, en el Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, en diciembre. Se gradúa como profesor por la Escuela Superior de Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Obtiene por oposición la plaza de Profesor de Dibujo del Antiguo y Ropajes en la Escuela Superior de Bellas Artes de Tenerife. 1966.- Tras el fallecimiento, en septiembre de 1965, de Julio Tovar, pasa a dirigir la página de la «Gaceta Semanal de las Artes». IV Exposición Colectiva de Pintura y Escultura. Asociación Española contra el Cáncer. Tenerife. Expone con Nuestro Arte, entre febrero y marzo, en la Casa de Colón de Las Palmas y en el Casino de Agaete, únicas exposiciones del grupo fuera de su ámbito habitual. Exposición individual en el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria, en el mes de octubre. 1967.- Enrique Lite. Óleos-collages-dibujos, individual en el Museo Municipal, Santa Cruz de Tenerife, en mayo. 1968.- Enrique Lite. Pinturas. Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, del 10 de diciembre de 1968 al 10 de enero de 1969. Exposición colectiva Doce pintores y cuatro escultores. Homenaje a Oscar Domínguez. Museo Municipal, Santa Cruz de Tenerife, febrero de 1968. En el mes de marzo lee la conferencia «La pintura en Canarias». 1969.- Participa en la Exposición homenaje a Miguel Tarquis, en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, abril. Individual Pinturas. Dibujos, en el Ateneo de La Laguna, del 3 al 15 de junio.También en el Ateneo, en julio, Exposición Colectiva de Pintura. VII Exposición Colectiva de Pintura y Escultura. Asociación Española Contra el Cáncer. Círculo de Bellas Artes, Santa Cruz de Tenerife. 1970.-VIII Exposición Colectiva de Pintura y Escultura, de la Asociación Provincial Española contra el Cáncer. 1971.- IX Exposición Colectiva de Pintura y Escultura. Asociación Provincial Española contra el Cáncer. Santa Cruz de Tenerife. Exposición Enrique Lite. Óleos, collages, dibujos. Museo Municipal de Bellas Artes, Santa Cruz de Tenerife, del 23 de abril al 8 de mayo. 1972 Colectiva 72. Galería Gaudí, Santa Cruz de Tenerife, del 2 al 12 de marzo. X Exposición Colectiva de Pintura y Escultura. Asociación Provincial Española contra el Cáncer. Santa Cruz de Tenerife. Publica la narración El pescador, barro todo él, lloraba, con ilustraciones de Pedro González. 1973.- Exposición individual en el Museo Municipal, Santa Cruz de Tenerife, noviembre. 1974.- Colectiva 20 pintores canarios. Galería Yles, Las Palmas de Gran Canaria, entre noviembre y diciembre. 1975- Individual en la Galería Gánigo de Santa Cruz de Tenerife, del 19 de diciembre al 10 de enero de 1976. XIII Exposición Colectiva de Pintura y Escultura. Asociación Española contra el Cáncer. Santa Cruz de Tenerife. Es admitido como Miembro del Instituto de Estudios Canarios, en su sección de Literatura. 1976- Individual en las salas de Arte y Cultura de la Caja General de Ahorros y M. P. de Santa Cruz de Tenerife, de La Laguna, del 14 al 24 de diciembre; y del Puerto de la Cruz, del 28 de diciembre al 10 de enero de 1977.-Participa en el Certamen Internacional de Artes Plásticas, celebrado en Lanzarote, y en el Certamen Nacional de Baracaldo. Incluido en la exposición itinerante Arte canario, organizada por la Comisaría Nacional de Museos y Exposiciones, con la participación, en la selección, de los críticos Juan Antonio Aguirre y Eduardo Westerdahl. 1977.- En marzo, 40 cuadros de Enrique Lite, en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria. 1983.- Enrique Lite Lahiguera fallece el 20 de septiembre en la capital tinerfeña. 1985.- En el mes de noviembre, Homenajes a Enrique Lite, Antonio Vizcaya, Miguel Tarquis y Julio Tovar. Parque Cultural «Viera y Clavijo» de Santa Cruz de Tenerife. 1988.- La Universidad de La Laguna crea el Premio de Pintura «Enrique Lite». 1992.- Incluido en la exposición El arte de los años 60 en Canarias, comisariada por Fernando Castro Borrego, y patrocinada por La Caja de Canarias. 1998.- Tras varios años sin convocarse, reaparece el Premio de Pintura «Enrique Lite», del Vicerrectorado de Extensión Universitaria de la Universidad de La Laguna. Figura en la exposición Nuestro Arte, celebrada en el Centro de Arte La Granja, de Santa Cruz de Tenerife, entre septiembre-octubre; y el Centro de Arte La Regenta, Las Palmas de Gran Canaria, octubre-noviembre. 2001.- Incluido en la selección Imágenes para un siglo. Una cronología visual del arte en Canarias 1898-2000. Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2001. El Cabildo Insular de Tenerife adquiere una de sus obras sobre papel, con destino al actual TEA. 2007.- Obra suya figura en la exposición Arte contemporáneo en Canarias, de la figuración a la abstracción 1904-1975. Sala de Arte y Cultura de CajaCanarias, La Laguna (Tenerife), mayo; Casa Massieu, La Palma, septiembre. TEXTO DE FERNANDO CASTRO BORREGO Texto de Fernando Castro Borrego, comisario de la exposición, incluido en el catálogo editado por el Organismo Autónomo de Cultura (O.A.C.) del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife: "LA CÁRCEL QUE HABITAMOS O EL PARAISO SOÑADO REFLEXIONES SOBRE LA PINTURA DE ENRIQUE LITE" Fernando Castro Borrego Con motivo de una exposición individual celebrada por el pintor Enrique Lite en el Museo Municipal de Santa Cruz, en mayo de 1967, Domingo Pérez Minik escribió lo siguiente: "Somos capaces sólo con colores, líneas y objetos creados de manifestar nuestro oscuro mundo anímico, la alegría, el odio, la esperanza, la cárcel que habitamos o el paraíso soñado " (1). He aquí una buena definición del mundo creativo de Enrique Lite, artista que vivió en una época difícil donde todo conspiraba contra la poesía. En el páramo cultural de la posguerra el mundo se había vuelto opaco, y él, como artista sensible, amaba la transparencia. Solía decir que la suya era la "generación del bache" o la "generación escachada". Esta conciencia generacional alude a la situación intermedia de aquellos artistas que, al realizar su obra en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, sufrieron las consecuencias del colapso de las vanguardias insulares que se produjo al estallar la Guerra Civil, sin que pudieran beneficiarse del renacimiento artístico incipiente que se dio en los últimos años de la dictadura. Frente a los supervivientes de la generación de Gaceta de Arte, estos creadores de la posguerra experimentaron un sentimiento ambivalente, mezcla de admiración, envidia y sentimiento de orfandad. Aunque hay que admitir que a veces los reproches que lanzaron hacia aquella generación que les precedió no estaban justificados, pues tanto Eduardo Westerdahl en el terreno de las artes plásticas como Pérez Minik en el de la literatura hicieron todo lo posible por transmitirle a ellos el testigo de su valiosa experiencia. El puente entre ambas generaciones lo tendió, principalmente, Eduardo Westerdahl. Necesitaba aliados que se sumaran a su causa cuando, a finales de los años cincuenta, se recrudeció el debate entre los partidarios de la figuración académica y los de la abstracción informalista. En el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz se dirimía esta batalla. Enrique Lite recuerda aquellos años: "Nuestra inquietud intuía desconocidas sorpresas. De allí, de la caja del Círculo, brotaron un día. Entramos de puntillas. El acto había comenzado. Al fondo de la sala oscura, enmarcada en las luces del pequeño escenario, un hombre de mediana estatura y gesto decidido, poco más o menos decía: ‘Yo no vengo aquí con bandera de paz…’ Esta frase produjo un fuerte impacto en nuestro ánimo (…) La partida de la pintura no había terminado; al contrario, comenzaba con nuevos bríos y las cartas caían, en los verticales tapetes de las galerías, con insospechados triunfos. La palabra, la versión, la interpretación al día estaban presentes. Alguien nos dijo: ‘Es Westerdahl’. Sería incierto decir que su nombre nos era desconocido. Repetidas veces había surgido en las diarias divagaciones, pero con reservas, anteponiendo el brazo extendido y la palma de la mano abierta al nombre, con la señal de peligro a flor de labios; algo turbaba las mansas aguas cuando se decía Westerdahl. Infundía temor el apellido nórdico. Recordamos que alguien dijo que llevaba una bomba de colores escondida en cada uno de sus bolsillos. Gritaba a los sordos empedernidos, a los pedagogos de la sordera. Pero, afortunadamente, nosotros quisimos escuchar, después que la casualidad de una tarde nos dio su grito" (2). Así pues, fue Eduardo Westerdahl quien transmitió a los jóvenes de la posguerra las claves de la tradición moderna en las artes, de las cuales él era uno de sus depositarios. "Se nos podrá decir –prosigue Lite refiriéndose a las vanguardias- que cuando hicimos este descubrimiento ‘era ya viejo el invento’. Pero hay que considerar que pertenecemos a una generación interrumpida, que debió llevar el sello de la continuidad, y, sin embargo, vivió en un largo marasmo impuesto por circunstancias ajenas a su propia razón evolutiva (…). La realidad es que nuestra generación apenas sabía de nada; vislumbraba la vida cuando se torció su destino; ni podía confortarse con el recuerdo grato, ni vislumbrar un porvenir esperanzado; tampoco se resignaba a ser una generación perdida, pero desde luego era, y aún lo es, una generación ávida de cosas que respondieran a su momento vital. Nos han dicho que es una generación blanca, como una especie de trozo de cera a punto de fuego y molde. En el orden de cosas que venimos comentando, encontramos el fuego y tratamos de encontrar el molde adecuado a nuestras apetencias. La solución de continuidad al entreacto de nuestra existencia ha sido preludiado por la fe inquebrantable de un hombre que se llama Westerdahl" (3). Este texto de Lite describe con inusitada lucidez el mapa cultural canario a principio de los años sesenta. La apuesta estaba clara: había que seguir dando la batalla por el arte nuevo. Lite matiza a continuación el juicio que le merecía Westerdahl y su legado: "Claro está que han pasado los años y en el curso de éstos, han transcurrido muchas cosas. Conocimos a Eduardo Westerdahl, compartimos muchas de sus inquietudes y desvelos y ya supimos directamente de sus constructivos proyectos. Queremos decir, a fuer de sinceros, que quizá hoy no estemos de pleno acuerdo con sus opiniones (…) Tampoco creemos que su partida esté aquí, en la Isla, ni mucho menos ganada" (4). Nadie como Lite supo expresar mejor la necesidad de hacer justicia a la generación de las vanguardias insulares. Este reconocimiento era imprescindible para seguir avanzando por la senda de un arte presidido, como debe ser, por la idea de la libertad. Nadie nos dio un retrato más penetrante del papel crítico que en aquel momento aciago de la posguerra jugó la figura de Eduardo Westerdahl. Por su parte, Domingo Pérez Minik no acababa de entender por qué aquellos jóvenes se sentían más desamparados de lo que estuvieron ellos, los redactores de Gaceta de Arte, cuando se enfrentaron a las fuerzas reaccionarias que prohibieron, por ejemplo, la proyección de Edad de oro de Buñuel: "Muchas veces le he oído decir a Enrique Lite, con su bronca expresión y su incertidumbre apasionada: ‘Somos una generación escachada’. Nos vamos a detener en descubrir los motivos de esta ‘escachadura’. Escachada o no, la verdad es que estos escritores nuevos han sabido traer a Tenerife el aire del ancho mundo, escribiendo como antes no se escribía, con sus narraciones negras o ácidas, con su prosa subjetiva y su objetivación cruel, con su poesía neorrealista o social y con una interpretación metafísica de la isla muy alejada de los tópicos al uso, con oscuridad o lucidez, con dolor y humanidad" (5). Pérez Minik quería abrir un diálogo con esa "generación escachada". Claro que hay una diferencia entre una generación truncada, la de la República, a la que pertenecían Pérez Minik y Westerdahl, y una "generación escachada", la de la posguerra, de la que Julio Tovar y Enrique Lite eran destacados representantes. Aquellos al menos pudieron iniciar su andadura antes de que un muro infranqueable, el de la Guerra Civil, se interpusiera entre sus sueños y la realidad. Ni unos ni otros hicieron otra cosa que consagrar todos sus esfuerzos en la tarea de ganar parcelas de libertad en un espacio confinado como el de la dictadura franquista, y no fue tarea fácil. Durante los años cincuenta Enrique Lite colaboró con sus cuentos y poemas en la Gaceta Semanal de las Artes, página literaria publicada en el periódico La Tarde (6). Dudaba todavía entre dedicarse a la escritura o a la pintura. Recibió el Premio de Cuentos del periódico La Tarde. Cuando en 1956 el periodista Vicente Borges le instó a definirse entre las dos artes, contestó lo siguiente: "Son difíciles las dos cosas. Pero a mí me es más fácil escribir que pintar" (7). Cinco años después, en 1971, dicho periodista le volvería a hacer a Lite la misma pregunta, y ésta fue su respuesta: "(…) si lo que quieres que te conteste es si me siento mejor escribiendo que pintando, pues bien, contestado está: pintando" (8). Su labor literaria se proyectó no sólo en el campo creativo (cuentos y poemas) sino también en el de la crítica de arte, donde al principio trató de establecer una posición conciliadora entre el academicismo representado por el periodista Vicente Borges, paladín de los pintores acuarelistas atrincherados en la sala del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz, y el espíritu de la vanguardia del que Eduardo Westerdahl era su principal valedor. Si bien durante los años sesenta se decantaría por las posiciones defendidas con ahínco por este crítico vanguardista, renunciando a hacer concesiones al espíritu de la academia, en los años cincuenta todavía apostaba por la obra de Antonio Torres, en un intento de abrir una vía intermedia entre el regionalismo y el vanguardismo (9). No en vano este pintor figurativo había coqueteado con ambas posiciones, atravesando una breve etapa surrealista. En Antonio Torres cifraba Lite la esperanza de ver cumplido ese sueño de un nuevo regionalismo (10). Es evidente que su profecía no se cumplió. Torres fue un pintor malogrado. Fiel a su posición ecléctica, sostenía que el pintor de la isla, como nuevo Mesías de una escuela canaria de pintura, debía resistir a los cantos de sirena del regionalismo anecdótico, condición necesaria para acceder a una obra de dimensión universal: "No es el camino del folklore –mejor aún de la anécdota del folklore-, el más adecuando para llegar a penetrar en el alma de nuestra isla (…). Sabemos que aún no ha llegado el auténtico pintor de la isla, y hoy, más que nunca estamos convencidos de ello (…) (11). Esta profecía recuerda la opción estética que en los años treinta formulara el poeta Pedro García Cabrera en su revista Cartones, encaminada a refundar el regionalismo despojándolo de connotaciones localistas y dotándolo de una rigurosa dimensión de universalidad. Cuando los artistas de la Escuela Luján Pérez, herederos de aquellas posiciones neorregionalistas defendidas en los años treinta por García Cabrera y Felo Monzón, expusieron sus obras en el Museo Municipal, en mayo de 1961, Enrique Lite escribió un artículo elogioso en la Gaceta Semanal de las Artes (12). Las referencias a la realidad insular que estos artistas grancanarios planteaban en sus obras no guardaba ninguna relación, según Lite, con el costumbrismo de los acuarelistas que exponían en la sala del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. No sólo era preciso superar el localismo estéril, sino también la actitud mimética y reverencial hacia las tendencias artísticas foráneas, en clara alusión al formalismo vanguardista, que era la opción estética preconizada contra viento y marea por Eduardo Westerdahl. Así pues, la tarea perentoria que se le presentaba al artista canario –sigue diciendo Lite- consistía en dotar de "universalidad y trascendencia a nuestros valores geográficos y humanos (..), desviando a los jóvenes pintores de falsos caminos, de perniciosas influencias y poniendo los cimientos para que se haga realidad la tan deseada escuela canaria de pintura" (13). Aunque admiraba la abnegada lucha de Eduardo Westerdahl en la defensa de lo nuevo, no podía dejar de deplorar su olímpica indiferencia hacia la realidad geográfica y humana de Canarias. Sin embargo, esta tercera vía que Enrique Lite había postulado a finales de los años cincuenta no fue transitada por él tras haberse integrado en los años sesenta en el grupo Nuestro Arte. El sello de la inquietud existencial que presidió la actividad de este grupo entraba en contradicción con el discurso neorregionalista que antes había defendido. Aunque hizo de la soledad su tema, no puede decirse que nuestro artista emprendiese en solitario su aventura intelectual y creativa. Compartió inquietudes con los poetas y escritores que colaboraban asiduamente en la mencionada Gaceta Semanal de las Artes, sobre todo con Julio Tovar. Y en los años sesenta sumó esfuerzos con los miembros del grupo Nuestro Arte en la tarea de renovar el panorama artístico insular. Esta sociabilidad contrastaba con su fama de hombre huraño. Ernesto Salcedo, gran amigo suyo y director del periódico El Día, nos dejó el siguiente retrato del artista y del hombre: "Sin embargo, al margen de todos sus valores como profesor, como escritor, pintor, que fueron y seguirán siendo valores magnificados por su mismo sentido de la humildad personal, yo me quedo con el Enrique Lite amigo, dialogante, tertuliano, lleno de sencillez, repleto a rebosar de bondades y en posesión de aquellas deliciosas contradicciones que, para ocultar su natural apocamiento, le escondían detrás de un caparazón de hombre terrible, capaz de comerse a los niños crudos. Él, que tuvo siempre alma de niño grande". (14) Fue Enrique Lite tertuliano habitual del café El Águila y del bar Sotomayor, los dos focos donde se concentraba la vida intelectual del Santa Cruz durante la posguerra (15). En aquellos cenáculos se fraguaron algunas de las experiencias estéticas más interesantes de los años sesenta en Tenerife. Seguramente el acontecimiento que marcó definitivamente su carrera de artista fue su reencuentro con Pedro González, cuando éste retornó de Venezuela donde tuvo la oportunidad de conocer las grandes creaciones de la vanguardia internacional y del arte cinético venezolano, expuestas en Caracas bajo el régimen del dictador Pérez Jiménez. Y digo reencuentro porque ambos creadores se conocieron a principio de los años cincuenta en las aulas de la Escuela de Bellas Artes de Santa Cruz , en el palacete de la Plaza de Ireneo González. Puede decirse que desde que en 1959 Pedro González mostró su obra en Santa Cruz (exposición del Casino) supo Enrique Lite que en él se podía confiar la tarea de regenerar la pintura canaria. Y, en justa reciprocidad, Pedro González encontró en Enrique Lite al mejor amigo, un alter ego con quien podía emprender todas las aventuras intelectuales con las que había soñado antes de emigrar a Venezuela. Como fundadores ambos del grupo Nuestro Arte, hicieron posible el proyecto de renovar el panorama artístico insular. El papel que jugó Enrique Lite en la fundación del grupo Nuestro Arte fue reconocida años después por Pedro González: "lo iniciamos [el grupo] Miguel Tarquis, Enrique Lite y uno, que regresaba entonces de América". Enrique Lite estuvo presente también en la reunión donde esta aventura se gestó, celebrada, como reza en el texto del catálogo, en el monte de las Mercedes, en diciembre de 1963. Pedro González recuerda además que, antes de regresar de Venezuela, Enrique Lite y Julio Tovar lo mantuvieron informado por carta de todo lo que sucedía en el escenario artístico de la Isla, siguiendo con especial interés la polémica que se desataba cada año entre los partidarios de la abstracción y de la figuración, con motivo de la concesión de los premios del "Concurso Regional de Pintura y Escultura", cuya primera edición fue convocado por el Ayuntamiento de Santa Cruz en 1958, año en el que precisamente una obra de Pedro González obtuvo el primer premio, para gran regocijo de Eduardo Westerdahl, Enrique Lite y de todos los partidarios del arte nuevo (16). Suponemos que fue Enrique Lite quien se encargó de gestionar la exposición celebrada por Pedro González en el Casino de Santa Cruz, en 1959, dos años antes de que éste regresara de Venezuela; ocasión en la que fueron exhibidas un conjunto de obras sobre papel de este artista, las cuales respondían a los principios de una neofiguración expresionista cuyas inflexiones dramáticas estaban presentes también en la obra que Enrique Lite estaba realizando entonces. Hubo dos acontecimientos importantes que prepararon la fundación del citado grupo, y en ambos participó Enrique Lite. Me refiero a la exposición colectiva celebrada en el Ateneo de La Laguna, del 11 al 21 de septiembre de 1962, integrada por los siguientes artistas: Alberto Brito, Manolo Casanova, Carlos Chevilly, Pedro González, Enrique Lite, María Belén Morales, Víctor Núñez, José Sixto y Manuel Villate. Y en segundo lugar, la exposición de dibujos que, de octubre a noviembre de ese mismo año, celebraron Pedro González y Enrique Lite en el Museo Municipal, sala que se convirtió en el verdadero refugio de estos artistas, ya que, como hemos visto, el Círculo de Bellas Artes era un coto privado de los acuarelistas. Fue decisivo el hecho de que ocupara la dirección del museo una persona culta y sensible como Miguel Tarquis, que contó además con la inestimable ayuda de Antonio Vizcaya, su secretario, dándose así las condiciones para acometer la renovación del panorama artístico insular por la que Enrique Lite había abogado en sus críticas de La Gaceta Semanal de las Artes durante los años cincuenta. Por otra parte, la amistad que Lite mantuvo con Antonio Vizcaya Cárpenter y Miguel Tarquis, director del Museo Municipal de Santa Cruz, fraguó en la fundación de la editorial del grupo Nuestro Arte, muchos de cuyos títulos fueron ilustrados por el propio artista. En el terreno creativo cabe decir que la presencia de Pedro González en la isla hizo que Enrique Lite asumiera, sin abandonar totalmente la escritura, una carrera de pintor presidida por la voluntad de innovación que había proclamado en sus escritos de crítica de arte desde mediados de los años cincuenta. Sus collages abstractos reflejan la misma angustia existencial de los cuadros contemporáneos de Pedro González. Es evidente que Lite había encontrado al pintor en quien se podía fundar la nueva escuela canaria de pintura. Ambos amigos se integraron poco después en el cuerpo de profesores de la recién creada Escuela de Bellas Artes, que tenía su sede en el palacete de la Plaza de Ireneo González (17). Y cuando Enrique Lite celebró una exposición de dibujos en el Círculo de Bellas Artes, 1960-61, Pedro González dio testimonio en el texto del catálogo de la afinidad de sus intereses intelectuales: "En la cartulina de Enrique Lite, nada más mirar, la mancha de tinta señala al artista como hombre, como compromiso. (…) No se ha roto el hilo umbilical que confunde al artista con el hombre. Nunca se ha roto (…) Que en la mancha violenta de tinta está la vertiente que en el hombre hay sembrada de protesta, grito, subversión. Si, antes de traspasar el primer término, sugerente, dramático, del dibujo de Enrique Lite es obligado preguntarse. Y no es fácil, si, casi desde que hemos nacido, el signo de interrogación se ha convertido en un bello cisne que pasea aristocráticamente en un estanque tranquilo" (18). Los dibujos que Enrique Lite presentó en aquella ocasión revelan también una proximidad con los planteamientos de la Escuela de Altamira. Es de suponer por consiguiente que, siendo Eduardo Westerdahl uno de los animadores de dicha escuela, le transmitiera a Lite algo de la inquietud que palpitaba en aquellas reuniones santanderinas. Enrique Lite asumió un compromiso absoluto en el desarrollo de estas enseñanzas artísticas desde que fue nombrado profesor de dibujo del Antiguo y Ropajes. Luego ejercería como secretario del centro cuando Pedro González ocupó la dirección del mismo. Enrique Lite asistió también a la emergencia de los creadores de la Generación de los setenta, y se relacionó con ellos como profesor. Es el caso de Gonzalo González, Bernardino Hernández o Luís Alberto, que fueron alumnos suyos. Pero la experiencia que marcó profundamente el imaginario de Enrique Lite fue la miseria moral que durante los años de posguerra hizo de la sociedad española un desierto donde no podía darse ninguna forma de vida espiritual. Sin libertad no es posible para los artistas el desarrollo pleno de su actividad creadora. A la luz de los relatos y poemas que escribió en los años cincuenta, llegamos a la conclusión de que el origen de su creatividad era el malestar existencial que experimentaba ante el mundo que le había tocado vivir. En estos textos aflora una visión de la realidad doliente e irredenta. Denominarla existencialista quizá no sea desacertado, sin embargo, hay también un trasfondo ético que cabe encuadrar en un humanismo de raíz cristiana cuyo dimensión critica, en aquellas circunstancias, no puede ser soslayado. A ello obedece la presencia tanto en sus relatos como en su pintura de categorías éticas, como la humildad, la resignación y la ternura. Domingo Pérez Minik nos habla de un heroísmo que se manifiesta en medio de la adversidad: "No sabemos qué nos dice este héroe. De esa masa anónima, que canta, ríe o llora, que arquea sus posiciones con vigor épico, que se aprieta codo con codo, que marcha ya hacia no se sabe qué destino inextricable, se levanta un hombre. Como estamos situados frente a él debiéramos distinguir su cara, la fuerza de su expresión, la alegría o el dolor de sus ojos. No puede ser ni un príncipe ni un político ni un militar consagrados. Éstos siempre se colocaron para que fueran vistos por los cuatro costados (…) Pero este hombre de Enrique Lite es sólo una actitud, un grito, un júbilo" (19). Esta posición humanista le sitúa lejos de los experimentos de las vanguardias y del arte social. Quizá a ello se refiera Pérez Minik al citar en el prefacio del catálogo de esta muestra la frase de Pascal: "No se muestra un hombre por hallarse en un extremo, sino por coger los dos a la vez". Los dos estados de ánimo que se corresponden con los extremos que el hombre ha de asir para realizarse plenamente como tal son, según Pérez Minik, "el grito y el júbilo". Y los dos están presentes en la pintura de Lite. Este humanismo existencialista está presente en toda aquella generación. Véase la poesía de Julio Tovar y la propia pintura de Pedro González. Muchos años después éste retomó el título de un texto del primero, Hombre solo, para designar una de sus series de los años noventa. Este clima de angustia existencial aparece recogido por Julio Tovar en un texto donde transcribe libremente un coloquio celebrado entre los miembros del grupo Nuestro Arte en el Museo Municipal. Rebelándose contra el campo de concentración y las cámaras de gas, el artista "tuvo que tapar la ventana que siempre fue el cuadro. Entonces descubrió el muro. En el muro estaba su dolor y su muerte, la tragedia de una hora dramática. En el muro estaban escritas las páginas más desgarradoramente impresionantes de los hombres de nuestros días. ¿Cómo podía entonces, volver al ramo de flores, a la sonrisa de una muchacha, a los trajes brillantes o los desnudos plácidos? La nada es un descubrimiento común al pintor o al filósofo existencialista" (20). El muro de Manolo Millares o el que pintó Enrique Lite en sus atormentados collages es el mismo que describió Julio Tovar en este texto donde recogía el estado de ánimo de aquellos contertulios que se reunían en un salón del Museo Municipal de Santa Cruz y después se iban a compartir sus soledades ante un vaso de whisky en el café El Águila. El mismo tono desolador aflora en los relatos cortos que Enrique Lite escribió en los años cincuenta: meditaciones sobre la soledad y la nada. La soledad es el tema recurrente de estos textos, pero también de toda su pintura. Véase este fragmento de su relato "La espera": "Porque yo no quería seguir sintiéndome solo, sobre todo en esta soledad desesperada del hombre que tiene a quien confiarse, cuyo fracaso alcanza la posibilidad del aliento. A mí, en aquellos momentos, poco me hubiese importado un resultado cualquiera, lo importante, lo que atenazaba mi cuerpo en una perpetua línea de angustia era el acto de enfrentarme ante el hecho irremediable, la espera que yo mismo me imponía, la dolorosa inquietud del paso del tiempo hacia el instante decisivo. Sabía que entonces, precisamente en ese momento, era cuando la soledad surgiría impetuosa, inevitablemente apoderada de mí; es ésta la soledad que yo temía, la soledad responsable que carece de soluciones, la soledad de un minuto, ese minuto precedente, tan ancho como un siglo, en la que la nada ha de intervenir, porque es absolutamente nuestra y nos transforma en esencia de soledad". (21) Entre sus textos encontramos un documento revelador. Me refiero al artículo titulado "Desde esta casa en llamas" (22). Se trata de una reseña de la obra homónima del novelista norteamericano William Styron (Set this house on fire). Los protagonistas son dos creadores norteamericanos, un pintor y un dramaturgo, que mantienen una conflictiva relación en la Italia de los años cincuenta. Lite cambia algunas cosas: convierte a los dos amigos en pintores y hace que la historia discurra en el ambiente artístico de París. El dramaturgo es un ser despótico y cruel; el pintor es una persona sensible que sufre no sólo por los agravios que recibe del despiadado mundo del arte, sino también por el hecho de estar sometido a la poderosa personalidad de su amigo. Estas circunstancias le empujan a la bebida. Parece que la depresión que sufre este personaje de la novela es la misma con la que venía luchando el novelista norteamericano en su intento de liberarse del alcoholismo que padeció durante 40 años. Hay una reflexión del pintor acerca de su relación con el mundo que bien podía haber suscrito el propio Enrique Lite: "El sufrimiento es inconmovible, y lo que hace intolerable la situación es saber de antemano que no llegará ningún remedio, ni en un día, ni una hora, un mes o un minuto". El pintor acaba cometiendo un crimen para liberarse así de la relación de dominio a la que estaba sometido. Desde que deja de pelarse contra el mundo y resuelve, si bien de una forma violenta, las vejaciones que recibía de su sádico amigo es cuando abandona la bebida y se aburguesa, muriendo entonces como artista. Se trata de un viaje a los infiernos, allí donde, como decía Dante, el hombre pierde toda esperanza. La relación del artista con el mundo es concebida como una expiación fatídica de una culpa cuyo origen él mismo desconoce. Lite denomina a esta culpa "el demonio de las circunstancias". La honda afinidad que siente por este personaje de la novela de Styron le lleva a interpretar su rebeldía como un signo que está ligado a la misma condición irredenta que hace del artista un ser desdichado: "¿Cómo debe, pues, enfrentarse el pintor al mundo? ¿Qué ha de hacer para imponer su pintura? El pintor borracho, ese personaje que hemos traído de la mano, da su respuesta asestando una puñalada a la misma sociedad que le ha repudiado, volviéndole la cara –prosigue Enrique Lite en su análisis del comportamiento de este atormentado personaje de la novela- con un crimen que se justifica en sí mismo, para después tristemente, caer en la indiferencia, en la felicidad burguesa de las vidas sin interés y sin inquietudes y vivir así recordando su crimen, tratando de descifrarlo, sintiéndose a veces hasta culpable y otras misericordioso. Se transforma en un dibujante de revistas, crea su hogar y no bebe una gota de alcohol, y se aletarga en su existencia hasta que llegue el fin de sus días". El relato de Styron produjo una conmoción profunda en Enrique Lite, quien, además, escribió su reseña en 1962, sólo dos años después de que se publicara dicha novela en EEUU. Como artista, Enrique Lite pintó y escribió siempre desde una casa en llamas. Estas reflexiones sobre el sentido trágico que preside la condición del artista en su relación con el mundo fueron recogidas un año después por Enrique Lite en una conferencia que dictó en el 16 de noviembre de 1963 en el Museo Municipal, y que tituló "Diario de un pintor". No se conserva el texto, pero su amigo Julio Tovar tuvo el acierto de citar fragmentos enteros de la misma donde se refleja el significado que el pintor le asigna al proceso de autodestrucción en que se enfrasca al no querer claudicar a sus ideales y principios: "Es preferible el suicidio físico, la anulación total como hombre, se dirá desamparado casi, que la muerte de su hacer como pintor, de la entrega a razones ajenas, totalmente, a su obra". (23) Enrique Lite siempre reivindicó esa doble condición de escritor y pintor. No creo que podamos entender su pintura sin conocer su literatura. Es verdad que hoy tan sólo vemos en él al pintor. Creo que cuando se incorporó al grupo Nuestro Arte se fijó como reto expresar en pintura lo que, para decirlo con sus palabras, "nos transforma en esencia de soledad". En los años setenta esa soledad aparece mitigada por el lirismo, como señaló Eliseo Izquierdo, al referirse a los personajes femeninos de largos cuellos que aparecen en su pintura: "Hay una soterrada veta de lirismo en esta obra de Lite, que aflora muy sutilmente, por ejemplo, en el gesto de unas manos abandonadas, en el ritmo de los cuellos de garza, en el húmedo halo de unos ojos, en las muñecas o en las sillas desvencijadas" (24). Se trata de coger los dos extremos a la vez. Su obra oscila entre la violencia (los collages abstractos) y el lirismo (las mujeres). Los personajes solitarios que pueblan su pintura suelen ser mujeres que posan delante de veladores o mesas cubiertas de vasos y botellas vacías. Los cuadros de personajes que se vislumbran a través de finas capas de veladuras son la expresión más intensa de esa veta lírica de su pintura. Su estilo se vuelve alusivo, como señala Carlos Pinto Grote: "La elocuencia de su expresividad convierte el mundo de las cosas diarias, de las formas dadas, en meras alusiones a la realidad. Diríamos que el cuadro es para Enrique Lite un acuerdo personal entre su realidad y las realidades ajenas, un acuerdo centrado siempre en la verdad interior del artista y que es como un fecundo y estremecedor diálogo entre su ser y su existir". (25) La angustia existencial fue en él más fuerte que la voluntad de experimentar. Se sentía impulsado a expresar en su pintura el drama humano en toda su hondura, sin lenitivo alguno. NOTAS 1.- Domingo Pérez Minik: "La pintura de Enrique Lite o el arte coger los dos extremos a la vez", Museo Municipal de Bellas Artes, Santa Cruz de Tenerife, mayo de 1967. 2.- Enrique Lite: "Eduardo Westerdahl", La Tarde, Santa Cruz de Tenerife, 16 de abril de 1959. Este texto de Enrique Lite surge como reflexión sobre la muestra de la Colección Westerdahl, celebrada ese mismo año en la sala de exposiciones del Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Por primera vez el público de la Isla vio cómo aquellas obras que habían nacido con una clara voluntad de ruptura entraban en las salas de un museo. Esto fue posible no sólo por la colaboración generosa de Eduardo Westerdahl, que quiso darle un sentido social y pedagógico a las obras que, gracias a sus contactos internacionales, había ido coleccionando durante años, sino también a Miguel Tarquis, el director del Museo, cuya sensibilidad hacia los documentos de la historia del arte canario –su archivo legado a la Universidad de Laguna ha sido un instrumento valiosísimo para los investigadores- no le impedía reconocer el valor de las nuevas aportaciones de la vanguardia, abriendo las salas del museo a esta nueva tarea integradora del pasado y el presente. "Su pintura, don Eduardo –le dice Lite- ha entrado en el Museo de Tenerife. Está reconocida en el Museo. Sigue luchando en la calle. Tiene que estar satisfecho" (op. cit.). 3.- Ibidem. 4.- Ibidem. 5.- Domingo Pérez Minik: "Carta abierta a Julio Tovar sobre la necesidad del diálogo", Gaceta Semanal de las Artes, en La Tarde, Santa Cruz de Tenerife, nº 231, 7 de mayo de 1959. Reproducido en Isla y literatura, CajaCanarias, 2004, pp., vol. I, pp. 83-85). 6.- La Gaceta Semanal de las Artes nació como página cultural del periódico tinerfeño La Tarde, rotativo fundado en 1927 y dirigido hasta los años setenta por Víctor Zurita Soler. El jueves 28 de octubre de 1954 vio la luz, con cabecera propia, el primer número de dicha página literaria. En su primera fase (1954-1958) la coordinación de la misma corrió a cargo del poeta valenciano José Domingo. En la segunda (1958-1965) la figura clave fue el poeta Julio Tovar, con quien colaboró estrechamente Enrique Lite. Y en la tercera (1965-1968), Enrique Lite y Pedro González se turnaron en su coordinación. El 28 de marzo de 1968 se publicó el número 927 de dicha página, con el que se clausuró una trayectoria de 14 años. 7.- Vicente Borges: "Los pintores en apuros", El Día, 19 de abril de 1956. 8.-Vicente Borges: "Diálogo con Lite", La Tarde, 14 de mayo de 1971. 9.- Sobre el eclecticismo de las ideas estéticas de Enrique Lite, véase Federico Castro Morales: "Enrique Lite Lahiguera: entre el localismo y la emigración", separata del VI Congreso de Historia Canaria-Americana, Cabildo de Gran Canaria, 1987, pp. 675-687. 10.- Enrique Lite: "Un mural de Antonio Torres", La Tarde, 20 de febrero de 1958. 11.- Enrique Lite: "Exposición Jordán, Boy y Clavijo", La Tarde, 10 de octubre de 1959. 12.- Enrique Lite: La Tarde, 18 de mayo de 1961. 13.- Enrique Lite: "Exposición Jordán, Boy y Clavijo", La Tarde, 10 de octubre de 1959. 14.- Ernesto Salcedo: "La muerte de un amigo del alma", El Día, 23-9-1983. 15.- Gilberto Alemán: El grupo Nuestro Arte. Del café El Águila al bar Sotomayor. Ayuntamiento de Santa Cruz, Colección Santa Cruz Historia, nº 15, 2002. 16.- Pedro González: "Conferencia sobre el grupo Nuestro Arte", con motivo de la apertura del año académico de la Universidad de La Laguna, 1992-93, septiembre de 1992, cit. por Fernando Castro: Pedro González, BAC, Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias, 1993, p. 169. En el "II concurso Regional de Pintura y Escultura", Enrique Lite tomó partido abiertamente por una concepción antiacadémica del arte, en contra de las tesis conservadoras. Sostenía la necesidad de defender "las formas de hacer de este tiempo que vivimos y que lo mismo pueden ser informalistas que abstractas, neoexpresionistas o simplemente figurativas, pero que en cualquier aspecto nada tienen que ver con las formas de expresión de finales del siglo pasado que aún privan con solemnidad de villorrio en nuestra Isla" (Enrique Lite: "II Concurso Regional de Pintura y Escultura", La Tarde, 18 de mayo de 1959). 17.- Antes de convertirse en Escuela Superior de Bellas Artes era una Escuela de Artes y Oficios que dependía de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, ciudad a la que los alumnos debían viajar para enfrentarse a un tribunal examinador. Enrique Lite hizo lo propio para obtener su título. 18.- Pedro González, catálogo de la exposición de Dibujos de Enrique Lite, Círculo de Bellas Artes, Santa Cruz de Tenerife, 1960-61. 19.- Domingo Pérez Minik, op. cit. 20.- Julio Tovar: Diálogos, crítica y ensayo, Ediciones Nuestro Arte, Santa Cruz de Tenerife, 1968, p. 23. 21.- Enrique Lite: "La espera", La Tarde, Santa Cruz de Tenerife, 31-3-1955. 22.- Enrique Lite: "Desde ‘Esta casa en llamas’", Gaceta Semanal de las Artes, en La Tarde, 15 de noviembre de 1962. 23.- Julio Tovar: "El paisaje, un hombre y ‘El diario de un pintor’"(Conferencia de Enrique Lite en el Museo Municipal), La Tarde, 21 de noviembre de 1963. 24.- Eliseo Izquierdo: "El mundo liberado de Enrique Lite", La Tarde, 13-1-1936. 25.- Carlos Pinto Grote: "La exposición ‘Nuestro Arte’", Gaceta Semanal de las Artes, en La Tarde, 1 de noviembre de 1963. Texto que figura en el prefacio del catálogo de la 1ª exposición del grupo Nuestro Arte. |