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Urgencias, desde una camilla Imprimir E-Mail
Escrito por Justo Fernández Rodríguez   
lunes, 07 de julio de 2008

ImageJusto Fernández Rodríguez.-

Un Informe de Transparency Internacional, aparte de confirmar el deterioro progresivo del servicio publico de salud, denuncia que, muchos hospitales, funcionan como tiendas de auto-servicio, para el enriquecimiento de proveedores, con adquisiones de instrumentral, suministros poco claros o la concesión, en exclusiva, a determinados empresarios privados, de especialidades radiológicas, ecográficas o de resonancia magnética, que les proporcionan suculentas ganancias, que salen del dinero público destinado a la Sanidad.

La Sanidad Pública canaria, desde hace muchos años abandonada a su suerte, en beneficio de la sanidad privada, por los distintos gobiernos de Coalición Canaria, en solitario o con la complicidad del Partido Popular, mantiene carencias escandalosas e inadmisibles, al soportar presupuestos públicos, que se distorsionan en beneficio de la sanidad privada. Continúa teniendo las listas de espera, en primaria, especialidades o  intervenciones quirúrgicas, pese a la manipulaciones, de mayor duración de España, lo que produce una quiebra en el derecho a la asistencia sanitaria y puede ocasionar graves consecuencias para los enfermos, como viene sucediendo. 

La incomprensible ausencia de planificación, da lugar a permanentes e inacabables reformas y cambios en las instalaciones hospitalarias, con grave quebranto para la organización sanitaria y la asistencia a los enfermos.  Se construyen nuevas plantas o edificios complementarios, de comunicaciones laberínticas,  con una duración y coste final, muy alejados de los presupuestos y plazos iniciales. 

Con un cierto pudor, voy a relatar algo personal. Nunca había tenido que utilizar las Urgencias, en todos los años que llevo viviendo en Tenerife. Mis frecuentes criticas a la Sanidad Pública, siempre han estado basadas en denuncias o informaciones de enfermos, familiares, personal auxiliar o médicos, así como, en informes del Diputado del Común o de Asociaciones y Sindicatos Médicos, que desmienten las permanentes falsedades, tergiversaciones y datos “arreglados” de la Consejería de Sanidad.

A mediados de mayo, tuve ocasión de comprobar, desde una camilla, la situación de las Urgencias en la Residencia de Candelaria. Sobre las once de la mañana, tuve un extraño y fuerte mareo, con constantes vómitos y sin posibilidad de incorporarme. Un medico y una enfermera, del Centro de Salud del Toscal, me visitaron y decidieron llamar una ambulancia. Me trasladaron a las Urgencias, de la Residencia, con dificultades para aparcar y para conseguir una camilla con ruedas. El famoso pasillo, ofrecía un aspecto dantesco, atestado de centenares de camillas, sillones con ruedas, enfermos, familiares, celadores, médicos y enfermeros. Uno de los lados, estaba ocupado por camillas y sillones, sin un solo sitio libre, en el otro lado, centenares de personas, esperaban que sus familiares fueran atendidos, mientras el trasiego por el centro del pasillo se hacía dificultoso, por la cantidad de personas que iban de un lado a otro.  Siempre me ha indignado ver a personas de edad, con una simple bata, entubadas, en las camillas, con los ojos perdidos, vencidas por el sueño o el efecto de los calmantes, sin la menor intimidad, durante horas y horas, siendo objeto de una curiosidad humillante. Tuve que pasar por esa experiencia. Sin embargo, al conocerme, algunos pacientes, familiares y personal sanitario, comenzaron a exponemer las lógicas quejas de tan aberrante situación. Una enfermera, se acercó para decir, “nunca hemos estado peor”. Otra, me preguntaba, “¿cuándo va a denunciar este desastre?”. Varios médicos en prácticas, se lamentaban de, en ocasiones, tener que tomar difíciles decisiones personales, porque los responsables, a los que debían consultar, estaban, frecuentemente,  ilocalizables. Pregunté si todos los dias era igual la situación y la respuesta fue afirmativa. Después de siete horas, superada la crisis, de “vértigo”, pude abandonar la Residencia, mientras todo continuaba igual…

El pasado 7 de junio, una caída en mi domicilio, me produjo un intenso dolor en el tobillo izquierdo. Me llevaron a la Casa del Mar, que tiene un enorme cartel anunciador de  “URGENCIAS”. La impresión fue negativa. Un solo médico y dos enfermeras era la dotación. Una hora después, me atendieron. El diagnóstico fue rápido: “Debe ir a la Residencia…
¡aquí no no podemos hacer radiografías!.  ¿Y que urgencias pueden tratar?.

Por fin, llegamos a la Residencia de Candelaria. Me acomodaron en un sillón de ruedas y me colocaron en un pasillo, de Traumatología, junto a la pared. Mientras esperaba, una joven me enseño una citación para Traumatologia, el proximo 1º de diciembre, y otra para  Dermatología, para el 18 de noviembre. Así están las cosas.

Habían muchas más personas, algunas en camillas o sillones y otros, la mayoría familiares, en los pocos asientos  o de pie. Pero, nada tenía que ver con las urgencias generales, que había padecido un mes antes. Médicos, enfermeros, celadores, entraban y salían de los despachos. Solo habían pasado cuarenta minutos cuando una enfermera me introdujo en una sala para hacerme una radiografía de la pierna. De nuevo al pasillo. Hora y media después, la misma enfermera, me metió en otra sala, ayudándome a subir a una extraña mesa. Una medico reviso la radiografía y me animó, diciéndome, que no había que operar y me alarmó, al decirme que tenia dos esguinces en el tobillo. Inmediatamente, me pusieron algo que no había oído nunca, una “cédula”. Una espalda de yeso y algodón y vendas en la parte delantera.

Sin embargo, pese a los analgésicos y las inyecciones para evitar la formación de coágulos, el dolor se incrementaba. A los diez días, el abotargamiento de la pierna era insoportable, mientras los dedos adquirían un color morado, cada día mas intenso.

El 19 de Junio, en Tomé Cano, me atendió el traumatólogo y ordenó que me quitaran la escayola La sorpresa fue común, cuando comprobamos que la pierna tenia un color morado, casi negro, con unos extraños surcos, mas oscuros aún. Me pidieron la radiografía que me habían hecho en La Candelaria. El examen sólo duró segundos, cuando el traumatólogo, me dice, “Justo, aparte de los esguinces, tiene una fractura de tobillo”.  No quiero decir qué pensamientos me vinieron a la mente.  El resultado es que me han enyesado la pierna y me han citado para el próximo 1 de Agosto, para retirarme la escayola. 

Un error inadmisible de los médicos que me atendieron me obliga a estar, de momento, 55 días escayolado. No he aceptado los consejos de demandar a los responsables del error médico. Dada la desorganización, falta de personal, desastrosa gestión de las Urgencias, los verdaderos responsables están más arriba. ¿Hasta cuando va a seguir Mercedes Roldós dirigiendo, la Sanidad Pública, en favor de los empresarios que controlan la sanidad privada?.  No es un problema de dinero. Hace un año, Antonio Alarcó, afamado médico y actual consejero del Cabildo, declaraba que el problema de la Sanidad canaria no es un problema de dinero, sino de gestión. Estoy convencido de que tiene toda la razón. 

Justo Fernández Rodríguez

 
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