Ocurrió en la misma semana: El parlamento español aprueba una proposición no de Ley para proteger los “derechos humanos” de los grandes simios; otro parlamento, esta vez el Europeo, aprueba una directiva sobre inmigración limitadora de derechos a los inmigrantes que, a golpe de hambre, se atreven a ignorar las rayitas que los estados dibujan en los mapas para que no se mezclen los colores; una grabación del cura de San Andrés tirándole los tejos a una feligresa aparece en la telebasura nacional. Para rematar la semana el Ayuntamiento de Santa Cruz cumple un acuerdo plenario por el que hoy, 28 de junio, ondea la bandera gay junto a las institucionales. Una semana intelectualmente movidita.
Entre el despliegue poco habitual de medios de comunicación, autoridades, organizadores, y convococantes, duplicaban con creces al público asistente. La falta de interés de la población en este acto podría ser una buena señal, una señal que habla a gritos de la normalidad que empieza a afectar a la puritana sociedad chicharrera, que comienza a aceptar como normal lo que nunca debíó dejar de serlo y que rechaza la utilización política de ese acto.
Incluso puede que algunos habitantes de Santa Cruz, ajenos a una realidad que habita por encima de la ficción, pensasen que Zerolo por fin había proclamado el Estado Libre Asociado y que el insigne acto era la izada de la nueva bandera de la Republica de Nivaria. Pero faltaba Pepito Grillo.
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La realidad esra bien distinta: a escasos metros del lugar en que se celebraba el acto, una lápida en la pared empañaba la tolerancia con su epitafio "Rambla del General Franco". Los políticos estaban haciendo, una vez más, el indio.
MI CONFESIÓN.
Un servidor, peor informado que la mayoría, hizo guardia y pasó calor con su cámara al hombro para intentar congelar en sus megapíxeles el instante preciso en que Ángel Llanos competiría con Miguel Zerolo para ver quién alzaba antes su respectiva bandera. También pensó aprovechar la ocasión para humillar digitalmente al candidato a la alcaldía que prometió en su campaña izar la bandera de Tenerife en la plaza de España en un mástil de 45 metros de altura, un metro mayor que la que su colega Soria izó en Las Palmas. Sería una dulce venganza demostrar gráficamente que un año después de su promesa, el “ángel salvador” Llanos sólo había conseguido izar la bandera gay en un mástil de apenas 15 metros. Alguien debió avisar al Partido Popular de mis aviesas intenciones y hallaron una excusa para no salir en la foto en un posible ataque a la iglesia lanzado por uno de los maestros de ceremonias del acto.
EL DIOS EOLO EN CONTRA.
Para terminar la jornada surrealista junto a la Calle del General Antequera, y con el fin de garantizar que la bandera ondease felizmente, Florentino Guzmán olvidó incluir en su moción que el 28-J hubiera un poco de brisa, algo que también pudo arreglar Miguel Zerolo, si hubiera querido, con un bando que dispusiera un viento mínimo de 20 nudos a lo largo del sábado. Eso si, para compensar el olvido, se izaron dos banderas en lugar de sólo una.