| DESARROLLO | MEDIO AMBIENTE | SALUD | POLITICA | ENERGÍA | EDUCACIÓN | POLÍTICA SOCIAL | CULTURA | MEDIOS |
 

Inicio arrow Voz del Pueblo arrow Política arrow Humanos y mercancía, ¿no somos ya lo mismo?
Humanos y mercancía, ¿no somos ya lo mismo? Imprimir E-Mail
Escrito por Eloy Cuadra Pedrini   
martes, 24 de junio de 2008

Eloy Cuadra Pedrini.-

Cabría preguntárselo después de ver cómo aceptamos impasibles la Directiva Europea de Retorno de inmigrantes, firmada hace unos días por los países de la Unión, y que entre otras cosas permite que un inmigrante "sin papeles" sea devuelto al desierto de un tercer país que no es el suyo, o sea encerrado hasta 18 meses sin haber cometido ningún delito, o que su destino sea decidido por un administrativo cualquiera, o que un niño inmigrante pueda ir a parar a un CIE o pueda ser devuelto a un tercer país fuera de Europa sin padres ni familia que se haga cargo, cuando es –no lo olviden-… ¡un niño!

No hay duda, el hombre-cosa "sin papeles" de hoy es material que debe ser desechado de Europa a toda costa. Tenemos la crisis aquí, ahora todo lo que crece es malo (el euribor, el precio del petróleo, la cesta de la compra, el paro, la inseguridad, el miedo, etc.) y alguien tiene que pagar por todos, en este caso, el eslabón más débil, ellos son el chivo expiatorio que cargará con la culpa y apaciguará el miedo del hombre-cosa europeo. Curioso porque durante años el hombre-cosa irregular fue objeto muy preciado por aquí, sobre todo a ojos de los empresarios, eran un elemento de producción barata y rentable, parte imprescindible de la cadena de mercado, culpables del despegue económico de más de un país del viejo continente. Cierto es que ya entonces molestaban a más de uno, aunque, únicamente por ser diferentes, porque más allá de ese detalle no había motivos para quejarse de ellos.

Hasta hace poco no entendía por qué los vemos como mercancías (ahora sí me sirves y te utilizo; ahora no y te tiro a la basura) en lugar de verlos cómo seres humanos que son, y sufren y sienten y necesitan de nuestra ayuda. Hoy, lo tengo bastante claro: el hombre-cosa europeo no puede ver en un inmigrante africano a un ser humano, entre otros motivos porque en su mirada apenas quedan ya rastros de una mirada auténticamente "humana". Occidente es esclavo y deudor de la razón instrumental, la razón científica, una razón donde no ha lugar para el sentimiento, la intuición, los afectos o las pasiones. Todo lo que no pueda ser medido, sumado, restado, desmontado o clasificado no sirve para el hombre-cosa ilustrado. Y más de uno me dirá: ¿a qué viene tanta retahíla con eso del hombre-cosa, el hombre-cosa europeo? ¿Acaso no soy yo un ser humano pleno de derechos y dignidad? Y yo le diré que no, que  es sólo una apariencia. Hemos ido tan lejos en nuestro afán cosificador que hoy ya nada escapa a esa mirada fría. Empezamos por intentar clasificar y asimilar a los Otros, a los diferentes, a los inmigrantes, pero cómo no podemos y esa indefinición nos incomoda sobremanera, decidimos echarlos o encerrarlos donde no podamos verlos. Miremos ahora a nuestro alrededor a ver si encontramos relaciones humanas que no estén mediadas por el interés, el beneficio o la instrumentalización. No nos damos cuenta pero siempre, en nuestras relaciones, se cuela el mercadeo, el intercambio, el yo te doy si tú me das: si es nuestro amigo ese amigo tiene que darnos algo, si colaboro con una ONG tienen que desgravármelo de hacienda o  mandarme una fotito para que pueda presumir en casa, si practico deportes es por alcanzar fama y dinero, si juego a la política es porque en esa clase se vive mejor, si cuido de mis hijos es para que cuando sea viejo ellos cuiden de mí, y así, con todo lo que miremos. Hemos perdido al amigo que ama porque amar es lo mejor que se puede hacer en la vida, hemos perdido al donador que simplemente disfruta, al deportista que sólo quiere superarse a sí mismo, a la auténtica familia, al político que sólo quería servir a los demás. Nosotros que miramos al inmigrante africano que sufre y sólo vemos una cosa molesta y extraña, nos hemos convertido también en cosa para nuestros semejantes y no lo sabemos. Todavía nos dejan participar en este juego macabro porque aún aportamos algo que alguien usa. Descuidad, en cuanto dejemos de ser útiles seremos apartados, escondidos o desechados, también nosotros, los arrogantes hombres-cosa europeos. Pensad entonces… ¿es eso lo que queremos?

Eloy Cuadra Pedrini

 
< Anterior   Siguiente >
R. San Borondón
Programación
Frecuencias
Emisión por Internet
Fonoteca
Sala S. Borondón
Actividades
Cinemateca
Programación
Publicidad

Publicaciones
Humor
LA VIÑETA LA VIÑETA
NOTICIAS Sin Confirmar
Encuestas
¿Estás de acuerdo con la autosubida de sueldo de nuestros parlamentarios?
 
Lo más leído
SERVICIO RSS