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Cándido Quintana.
Vergüenza, mucha vergüenza, pase al ver lo que pude ver hoy en el Barranco de las Huertas, en el Barrio de San Andrés. Vi a muchos vecinos vigilantes y desesperados, tratando de impedir que un frente de amenazante maquinaria pesada, penetrara en sus propiedades. También pude contemplar el caos que han montado en ese barranco, para tratar, por todos los medios, de sacar adelante unas edificaciones de viviendas claramente especulativas, que, de llevarse a cabo, triplicarán el número de habitantes del barrio, a pesar de que sus vecinos, en su número actual, ya vienen sufriendo muchos y graves problemas de comunicaciones y la posibilidad de ampliar sus accesos es nula.
Más que avergonzado, sorprendido y muy preocupado, al poder comprobar como el cauce de ese barranco, que históricamente ha producido numerosos destrozos por no menos numerosas avenidas de aguas de lluvia, ha sido reducido, barranco arriba, a dos metros de anchura o menos, ¡la que se nos puede venir encima! Y todo esto, porque una empresa de la envergadura de MAPFRE, trata, como sea, de proseguir con unas obras tan disparatadas como peligrosas, que los gobernantes responsables deberían de impedir. Mapfre, una empresa de servicios públicos de la que muchos somos clientes, debería haber ejecutado ya, alguna de las cláusulas que añadió al contrato de compraventa con Inversiones Las Teresitas, concretamente la resolutoria sobre que los litigios legales tuvieran buen fin, algo que no ha sucedido. Por otro lado, es más que evidente, que ante la venta de parcelas ajenas y otras inmersas en litigios, la Ley les ampara. El propio Código Civil hace alusión al incumplimiento de lo pactado, lo que conllevaría la resolución del contrato de compraventa, con devolución del importe pagado e indemnizaciones. En este momento, en el que la Justicia ha anulado la compraventa del frente de playa por parte del Ayuntamiento de Santa Cruz, parece más que lógico, anular también la recalificación compensatoria, de uso turístico a residencial, de los terrenos del Valle de las Huertas, que conllevó la gran parte del pastel. Mapfre, ante esta gravísima y rocambolesca situación, si decide optar por no rescindir la compraventa, debería, por lo menos, haberse quedado quieta y tranquila, a la espera de que se dicten todas las resoluciones definitivas que procedan, lo que se intuye, dado lo escasamente dotada que está la Justicia, a unos largos años vista. Por supuesto, en tanto esto se produce, exigencia de reponer, urgentemente, el Barranco de las Huertas a su situación anterior, sin impactos negativos y sin peligros. A Mapfre, abandonen por la puerta grande el Barranco de las Huertas, dejen en paz de una vez a los vecinos del lugar, que están perdiendo hasta la salud por todo lo rechazable que viene sucediendo. A las autoridades responsables, exijan que esto se lleve a cabo y estén ahí, en defensa de la Ciudadanía afectada, como debe ser. Llamen a capítulo a quien o quienes han posibilitado, por oscuros motivos, que el Barrio de San Andrés crezca muy por encima de su capacidad de carga y normalicen la situación. Obliguen, firmemente, para que el Barranco de las Huertas sea canalizado de forma amplia y segura, y no como lo están haciendo. No se deben repetir situaciones extremas de daños a la población, en momentos de lluvias copiosas, momentos que el Cambio Climático está multiplicando. Y termino incidiendo sobre una necesidad imperiosa, para que esa edificación que han hecho a la vera del final del Barranco de las Huertas, popularmente conocida como el mamotreto, sea demolida, como corresponde, por invadir el dominio público marítimo terrestre y la servidumbre de paso, entre otras razones. El resto de razonamientos, aunque no los contemple la Ley, tienen, si cabe, mayor trascendencia para la Ciudadanía, no debemos olvidar que esa rechazable y especulativa edificación, que pretende hacer pagar por aparcar, rapiña a la Ciudad de Santa Cruz y a sus habitantes un importante espacio que le es vital, tanto en superficie de arena como de expansión. Tampoco, que la Playa de las Teresitas se nos ha quedado pequeña, que es insuficiente y, prácticamente, la única que posee Santa Cruz y su Área Metropolitana. |