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Cenit y declive del turismo en Canarias Imprimir E-Mail
lunes, 29 de enero de 2007

Canarias está afrontando en esta primera década su techo en la entrada de turistas a las islas y, previsiblemente, su declive posterior. Desde el año 2001/2 la cifra de turistas extranjeros llegados a las islas ha disminuido de forma constante, con la salvedad de este pasado año 2006, en el que se mejoraron algo los datos del año 2005. Sin embargo, ya parece difícil conseguir las cifras de entrada de turistas alcanzadas por las islas en los últimos años, pese al desmedido triunfalismo que despliegan algunas administraciones e instituciones, quizás en la búsqueda de neutralizar de cara a la opinión pública la constatación de un hecho, fácilmente reconocible por los conocedores del sector: el modelo de turismo de masas de las islas ha entrado en crisis de sobreoferta, y parece inevitable un ajuste de carácter estructural de sus dimensiones. Poco importa remontar hoy los datos de principios de la década, cuando las incertidumbres que se ciernen sobre el sector tienen carácter crónico.

Los mismos estudios de Exceltur o de Impactur reflejan estos riesgos de sobreoferta: se ha constatado en este último quinquenio un descenso absoluto del gasto por turista, de la estancia media y del precio del alojamiento, lo que está acercando al sector al umbral de rentabilidad mínima en una zona que quiere mantener volúmenes importantes de entrada de turistas. Los “saldos” permanentes que ya emplea el sector en sus reclamos de clientes, así como la reconversión de camas al sector de venta de propiedades son un síntoma claro de esta situación de deterioro.

Los riesgos que afronta el principal sector empleador de las islas son múltiples: la crisis energética global, por la llegada más o menos cercana del cenit del petróleo supondrá un durísimo golpe para una actividad económica muy intensiva en consumo energético. El Canadian Imperial Bank of Commerce advierte en su último indicador mensual de diciembre de 2006 que el petróleo convencional alcanzó su techo en el año 2004, y que desde entonces está declinando, y lo seguirá haciendo probablemente ya de forma indefinida, por motivos geológicos. Quien compensa ese declive hasta ahora, pero no por muchos años (quizás hasta el año 2010), es el petróleo de aguas profundas, las “arenas bituminosas” y otros tipos de petróleo “no convencional”. Es un crudo más difícil de refinar y que inevitablemente provocará incrementos del precio del barril. No existe en el mundo hoy ninguna aeronave que funcione con otro combustible que no sea el queroseno, y éste subirá de precio durante los próximos años debido a la que será una cada vez más insalvable distancia entre los menguantes recursos energéticos fósiles y la creciente demanda. Las líneas de bajo coste, que alimentan crecientes porcentajes de llegadas de turistas, y que nacen en una estrategia de huida hacia delante del sector, tienen un umbral de tolerancia más bajo ante esas subidas y, previsiblemente, como ya estamos viendo, sufrirán duros golpes a su viabilidad. Gran Bretaña afronta el profundo declive de producción del yacimiento del Mar del Norte: el país se está convirtiendo en un creciente importador de petróleo y se ha embarcado, junto a los EE.UU. en el intento de aseguramiento bélico de recursos petrolíferos en Oriente Medio. Alemania, por su parte, tiene ante sí el reto de asegurar un suministro energético globalmente más inseguro, para mantener el vigor de su economía, y no es fácil tarea ésta en los próximos años, como nos ha adelantado el corte de suministro energético realizado por Rusia recientemente. También el “cambio de ciclo económico” global tendrá incidencia en el turismo nacional, con la subida de tipos de interés para el hipotecado ciudadano español, y la más que previsible reducción del consumo suntuario, en el que el turismo ocupa un destacado lugar. La burbuja inmobiliaria está desinflándose, siguiendo el curso de la estadounidense, y la “época de las vacas gordas” estaría dando paso a una recesión más o menos prolongada. Algunos hablan de una “segunda gran depresión”. La diferencia con anteriores periodos de contracción es que, si atendemos a los llamamientos de los geólogos, cada vez tendremos menos petróleo fácil, barato y accesible, y el turismo es uno de los sectores más vulnerables ante esa situación. Quizás nos pueda “favorecer”, como destino turístico, la inestabilidad geopolítica en Medio Oriente, ante un previsible conflicto con Irán, así como la progresiva reducción de destinos de largísima distancia. Pero semejante e indeseable coyuntura únicamente estaría anticipando una era de creciente pugna bélica por el petróleo, derivando al mundo a un escenario poco propicio, desde luego, para la práctica del ocio intercontinental. De hecho la tendencia, influida también por el cambio climático, puede derivar hacia una “renacionalización” de los destinos turísticos, y un acercamiento del comprador de estos servicios a zonas más próximas a su lugar de origen.

Es paradójico que siga habiendo islas en Canarias que estén promoviendo la incorporación de nuevas camas al mercado, o planificando expansión de mercados. Paradójico que se conciten esfuerzos en incrementar la oferta alojativa cuando hay síntomas tan evidentes de saturación y declive. Los primeros perjudicados, ante esta planificación, serán sin duda alguna los trabajadores del sector que, si no se evita, recibirán una presión cada vez mayor sobre sus condiciones de trabajo y sobre la calidad y cantidad del empleo que hoy se ofrece en el sector. Difícil dilema el que debemos resolver, y requeriría la honesta participación de todos. De hecho, quizás lo que habría que hacer es contemplar el escenario de forma objetiva, alejarnos de la difícilmente comprensible autocomplacencia y asumir las evidencias, para afrontar el reto más complejo que afrontará Canarias en los próximos años, aunque no sea de nuestro agrado: la previsible constatación de que el cenit y declive del petróleo traerá consigo el mismo fenómeno para el turismo.

(*) Departamento de medioambiente de CC.OO. Canarias.

 
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