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José M. Balbuena Castellano.- La mayoría de la gente le llama Los Tilos, cuando en realidad, lo que crece allí es el til, un endemismo relacionado con la laurisilva, por lo tanto tendría que llamarse Los Tiles. Los Tiles es lo que queda de un amplio bosque de laurisilva que se extendía por buena parte del norte de Gran Canaria. Era la llamada Selva de Doramas. Luego vinieron unos señores, que como buena parte de la humanidad, se convirtieron en depredadores de un territorio en el que no habían nacido, pero que no tenían más remedio que conquistar, dominar y esclavizar a sus habitantes, despojarlos de sus tierras, en nombre propio y de unos reyes a los que decían servir, porque esas eran las costumbres de entonces. Al mismo tiempo, empezaron una paulatina degradación del territorio, desforestando, cortando árboles para hacer barcos, para carbón, para construir casas, etc,, de la misma manera, por ejemplo, que hoy se está destruyendo la Amazonia y todas las zonas boscosas del mundo o costeras, con desaparición de su biodiversidad, etc. etc. Eso no ha variado. La humanidad no ha aprendido aún a utilizar de una forma racional los recursos de los que dispone en este gran planeta.
Aquí ahora continúa habiendo depredadores, como todos sabemos y sin que ninguna ley nacional ni internacional les condene. Es una impunidad irritante para los que creemos que todavía la Tierra tiene salvación. Esta introducción antropológica es sólo una orientación para quienes no están al tanto de lo que ha ocurrido en estas islas a lo largo de cinco siglos. Afortunadamente, en determinados rincones de la isla de Gran Canaria, como Osorio y algunos recónditos barrancos, existen otros restos de la laurisilva. También es verdad que en los últimos años se han realizado repoblaciones de brezales y especies de la laurisilva. Pero, ¿es suficiente todo esto?. ¿Hay que modificar y afianzar la política forestal y medioambiental, e incluso hacer una nueva más eficiente y racional?. Por lo pronto, les diré que el bosque de Los Tiles está agonizando. Y eso lo saben las autoridades insulares y autonómicas hace años. Den un paseo por allí y comprobarán in situ que los muchos árboles se están secando, y que aquella zona tan hermosa de la isla ya no es tan esplendorosa como antaño. No, no es lo que era. La acción humana y depredadora han sido también los culpables. Falta de sensibilidad medioambiental y yo diría que de amor a su tierra, de quienes dicen que tienen la autoridad, o la ambición de otros, han originado que esta muestra de un bosque del terciario vaya camino de la desaparición. Cuando yo era un niño iba frecuentemente a Los Tiles, desde el cercano pueblo de Fontanales. Me impresionaba su impresionante verdor, sus tupidas laderas, la fronda, el agua que discurría libremente por su barranco. Para mí, aquello era un paraíso de perfumes, de aire puro y de conciertos de aves canoras, de zumbidos de insectos. Era plenitud de vida. Las alpispas revoloteaban sobre los charcos, saltaban de un lado a otro cazando bichos en la orilla del cauce. Sonaban los cantos de los canarios, de los mirlos, de los herrerillos, de las pardillos, los gorriones (morunos y chillones) de los mosquiteros, de los pinzones comunes, de las currucas capirotadas (o capirotes) Y veíamos otras especies que tenían allí su hábitat o era zona de paso para otros lugares de la isla: jilgueros, verderones, verdecillos, tórtolas, codornices, abubillas, trigueros, bisbitas camineros... Y alguna que otra ave rapaz sacaba también tajada de tanta abundancia: cernícalos, águilas ratoneras, milanos... A unos grandes cerebros (lo que no sabemos es si realmente estaban rellenos de sustancia gris) se les ocurrió entubar las aguas que por allí discurrían. ¿No hay leyes que prohíban tal dislate? ¿Esas aguas pertenecían de verdad a alguien? ¿Pero como un bien tan escaso y tan necesario en estas islas puede “pertenecer” a una persona o a una heredad o comunidad?. Al entubar y canalizar las aguas, se acabó el humedal y el bosque de los Tiles (a lo mejor con la ayuda de algún año de escasas lluvias) empezó a enfermar y a secarse. En una ocasión escribí que sería conveniente que las “autoridades competentes”, demostraran su competencia tomando medidas para evitar que este bosque desapareciera. Podrían hacerse muchas cosas. En primer lugar que las aguas provenientes de manantiales no puedan entubarse. En segundo, lugar que se crearan humedales artificiales llevando hasta allí aguas depuradas, para lo cual, evidentemente tiene que haber antes depuradoras. Creo que en el municipio de Moya no existen, o que había unos proyectos en la costa que no se han desarrollado.. Que se construyeran en las inmediaciones de los Tilos estanques, debidamente camuflados, que no causen impacto visual y que sirvan para depositar aguas depuradas o de lluvia con el fin de humedecer las plantas y el terreno por medio de bombas y aspersores. En fin, creo que existen diversas soluciones para evitar que Los Tiles desaparezcan. El alcalde Moya, don Antonio Perera, ha defendido en los últimos días que se realicen acciones similares a las que he apuntado, encaminadas a crear humedales. Una vez recuperado el bosque, y sólo entonces, se podrá pensar en buscarle una utilidad pública a los Tiles, como es la construcción de senderos para organizar excursiones guiadas, viveros, creación de centros de interpretación, clasificación de plantas, señalizaciones, etc. El ayuntamiento de Moya no puede hacer nada para esa recuperación, porque no dspone de medios para hacerlo, pero sí el Cabildo Insular y el Gobierno de Canarias, el Gobierno central e incluso la Unión Europea que si se le plantease debidamente destinaría fondos para salvar el bosque de los Tiles.. Si alguna vez de desaparece este espacio natural, ellos serán los culpables de haber perdido (otra vez más) parte de nuestro patrimonio natural. José M. Balbuena Castellano |