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En tierra, ¡ni de coñas! Imprimir E-Mail
domingo, 08 de junio de 2008

  Cándido Quintana
  Presidente de la Plataforma de Defensa del Puerto de Santa Cruz

El Estado da luz verde a las plantas de gas de Tenerife y Gran Canaria, esa es la noticia, buena o mala según se mire o según quien la mire. De cualquier forma, seguir apostando por las energías fósiles, vendiéndolas, como sucede en este caso, como la solución a nuestros desmanes medioambientales y sus consecuencias, es un grave error o un disparate. Continuamos perdiendo el tren de las energías limpias en un Territorio óptimo para ellas.

 El gas, sin duda menos contaminante que el petróleo (un tercio menos aproximadamente), es, al igual que este, como dije, otro combustible fósil, por lo que no debería ser la alternativa en los momentos de deterioro medioambiental y de cambio climático que estamos viviendo. Al petróleo no le quedan muchos años de vida, sus existencias se están agotando cada día a mayor velocidad, pero resulta que al gas le sucede tres cuartos de lo mismo, si acaso unos pocos años más de vida. Esto hará, con absoluta seguridad, que su precio se vaya encareciendo rápidamente, a precios inasumibles para nosotros. A no muchos años vista, cuando el gas empiece a flaquear, lógicamente serán los Países poderosos los que se harán con sus escasas existencias. En ese momento y con el tren de las alternativas perdido, nos arrepentiremos de los daños irreversibles que para la introducción del gas le habremos ocasionado al Medio Ambiente y a nuestro Medio Natural.

   Somos dueños absolutos de nuestras fuentes de energías limpias, somos privilegiados de ellas como en pocos lugares del Mundo, no dependemos de nadie, ¿a que estamos esperando? Por otro lado, la introducción del gas no justifica, en absoluto, el grave peligro de por vida al que se va a someter a las poblaciones cercanas al lugar escogido para su descarga, el litoral de Granadilla, por cierto con condiciones de vientos y corrientes muy poco recomendables para ese peligroso tráfico marítimo. Allí, además, se ubica un importante polígono industrial en donde trabajan un significativo número creciente de Ciudadanos, que no tienen porqué poner sus vidas en riesgo cada día de trabajo. Si alguien tiene algún tipo de dudas, puede consultar las numerosas explosiones con daños a personas, que se han producido en el Mundo imputables al gas y a las regasificadoras.
  
   Tampoco el turismo, sobre todo el de calidad, ese mismo que nos deja la mayor parte de nuestros ingresos por ese capítulo, viene a Tenerife buscando cemento,  asfalto o rechazables impactos visuales como los que generan las regasificadoras y sus enormes tanques de almacenamiento. No proceden instalaciones de este tipo en unas Islas que viven del turismo y que carecen de otras fuentes alternativas de ingresos suficientes. Los puertos industriales o comerciales “innecesarios” no nos dan de comer, sino todo lo contrario. El proyectado en Granadilla, que terminaría devastando de forma irreversible e irrecuperable uno de nuestros más  valiosos entornos naturales costeros, técnicamente es un disparate, por lo que no sería ni mínimamente competitivo. La introducción del gas tampoco justifica esa barbarie que complicaría aún más nuestro ya complicado futuro. ¿A que estamos jugando?


 

 
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