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Su petróleo sí, sus cayucos no Imprimir E-Mail
lunes, 29 de enero de 2007

El 80% del petróleo que consumimos en Canarias proviene de West Africa, una zona geográfica y que geológicamente se corresponde con el Golfo de Guinea, en la que destaca como gran productor Nigeria, unido a Gambia y también, como otros productores, y más al sur, Angola, Congo, Camerún, Gabón y Sudán. EE.UU. importa ya cerca del 20% de su petróleo de esa zona, y ese porcentaje, debido, entre otros factores, al importante declive de uno de sus tradicionales suministradores, Méjico, va a incrementarse durante los próximos años: de ahí el despliegue de ayuda y bases militares norteamericanas que ya existe en la zona, y probablemente de ahí también el interés porque Canarias se convierta en zona de tránsito de las corrientes de materias primas hacia ese país.

Esta zona de África es de las pocas zonas del mundo donde las grandes compañías petrolíferas privadas siguen teniendo el protagonismo en la exploración y explotación de recursos, frente al predominio mundial de las empresas estatales. China también está pugnando, a través de acuerdos comerciales, por el oro negro Africano. Oro negro que, evidentemente, no es infinito. África (incluyendo aquí a Libia, Argelia, Egipto y Túnez) no es Arabia Saudí (incluso este país podría estar entrando en un declive de su producción en breve), y se calcula que el continente, que en su conjunto produce menos que los tres mayores productores del mundo (Rusia, Arabia Saudí y EE.UU.) contemplados individualmente, podría empezar en estos años a declinar, a razón de un 3% anual, según el geólogo Colin Campbell. Juegan en África un especial papel las explotaciones de aguas profundas, especialmente en zonas como Nigeria y Angola, que podrían alcanzar su máximo nivel de producción sobre el año 2012, para declinar probablemente de forma importante a partir de ese año.

En un mundo sediento de un recurso que cada vez será más escaso para la creciente demanda, el petróleo y el gas africanos jugarán una baza importante en los próximos años, más aún teniendo en cuenta la inestabilidad del Medio Oriente y el papel que Rusia detenta como gran productor. África es la región del mundo con menor consumo de recursos por habitante: un barril de petróleo por persona y año, de media, mientras que un ciudadano canario consume unos 20 barriles, infinitamente más. De ahí que vengan en cayuco.

En el África subsahariana, de donde procede el petróleo que alimenta los hospitales canarios, nuestro transporte, la creación de empleo, la generación eléctrica, nuestros supermercados, etc., en esa zona del mundo reside buena parte de la población desnutrida del mundo, y es un lugar donde la esperanza de vida es hoy menor que hace 30 años; tiene unos 30 millones de personas infectadas de sida, de los 42 millones que hoy existen. La gran África exportadora de petróleo no tiene para atender la nutrición, salud y mínimo bienestar de la mayoría de su población. No tiene petróleo para ello. Lo tenemos nosotros.

El mundo no es infinito, ni existe la energía libre y gratuita. Si los africanos no tienen mayor ingreso per capita, si tienen que emigrar jugándose la vida, es porque no tienen los recursos para ello. O, mejor dicho, los tienen, pero los disfrutamos nosotros, gracias a los acuerdos entre gobiernos bendecidos por la Unión Europea y EE.UU., que garantizan así suministro del recurso esencial de nuestra civilización – el petróleo – aún a costa de un gran sufrimiento en África. Como hoy no hay alternativa global al uso múltiple del petróleo, estando éste ante su declive, se acentúa la pugna y, si no cambian las cosas, promete ser violenta: querremos mantener en Canarias y en el conjunto del mundo rico nuestro consumo per cápita a toda costa, porque lo contrario supondría, hoy por hoy, generar mucho desempleo, y para evitarlo necesitamos cada vez más petróleo. El Norte rico parece que no quiere renunciar a su actual bienestar. No tenemos catadura moral alguna para levantar la voz ante la llegada de ciudadanos africanos que huyen de un continente expoliado por nuestro modelo de consumo. Si no queremos sus cayucos, devolvámosle también su petróleo.

(*) Presidente de “Canarias ante la crisis energética”
 
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