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El robo de cabellos Imprimir E-Mail
jueves, 04 de octubre de 2012

Sergio García Cruz

ImageAunque pudiera parecerlo, el artículo de hoy no es una broma. De hecho, el robo de cabellos es muy habitual en los países de Sudamérica. Desde Argentina, un amigo, miembro de la policía federal, me comentaba la creciente preocupación de las mujeres de su país ante este delito, que se comete en segundos y causa más daños que beneficios.

El robo de cabellos nació en Brasil y se extendió más tarde a Colombia, pero ahora Argentina, y más concretamente Buenos Aires, también está sufriendo este tipo de actos. Los delincuentes, que actúan individualmente, buscan una víctima, da igual hombre o mujer, que tenga una larga y abundante melena, no importa si está en trenza, coleta o similar, y que camine por un lugar poco concurrido; se le acercan rápidamente por la espalda, y en unos pocos segundos le cortan el cabello. El utensilio preferido utilizado para esta fechoría es unas tijeras de esquilar ovejas.

El fin es puramente monetario, pero nada proporcional con el acto cometido. Una situación similar ocurre con el robo de cobre o de tapas de alcantarillas, donde el daño causado es muy grave en comparación con el beneficio económico que se pudiera obtener. En el caso del robo de cabellos las consecuencias son tremendamente traumáticas para la víctima, no solo por el susto o nerviosismo que puede producir una situación como esta, sino que, además, después hay que vivir el día a día y soportar el obligado cambio de imagen. De hecho, muchas mujeres han tenido problemas psicológicos, ya que muchas veces no se consigue ni siquiera adecentar mínimamente el estropicio. Para las mujeres su cabello es muy importante, es parte de su físico, y, aunque es recuperable con el tiempo, para muchas es como una amputación de algo que es parte de ella. Otro de los daños colaterales, aunque los casos son pocos, es el de sufrir lesiones a consecuencia de la mala maña del autor o por un movimiento inoportuno nuestro.

El elevado precio y la gran demanda de extensiones naturales han propiciado todo un mercado negro alrededor de ello. Dentro de éste, existen preferencias por un tipo de cabello u otro en función de la demanda o del país. En el caso de los países latinos, los colores claros tienen más valor: por el castaño se paga menos que por el rubio que es el más cotizado (unos 100 gramos de pelo rubio natural, largo y en buenas condiciones puede suponer un ingreso aproximado de unos noventa euros).

En España aún no se han dado este tipo de delitos, principalmente porque la crisis hace que muchas personas de manera voluntaria vendan su propio pelo, cubriéndose así el pequeño mercado de producción que existe en este país. La importación, sobre todo desde la India, hace el resto. El país que encabeza este negocio millonario es la India, principalmente porque allí el pelo es dado por los devotos al dios hindú Venkateswara como muestra de agradecimiento, pelo que posteriormente es subastado por la fundación que gestiona el templo, obteniendo así un importe de millones de euros.

www.sergiogarciacruz.com
 
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