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La seguridad aérea, ¿cuestión cultural? Imprimir E-Mail
jueves, 30 de agosto de 2012

EL  RINCÓN  DEL  BONZO

Carlos Castañosa
            
ImageLa compañía RYANAIR  está poniendo en solfa el más sagrado predicamento de la aviación comercial, instituida  hoy  como  el medio de transporte  más eficaz, rápido y SEGURO  que ha conocido la humanidad.

La fulgurante progresión de la aviación, a lo largo de un siglo, desde que el primer aeroplano separó sus ruedas del suelo, centró en  la SEGURIDAD  el parámetro imprescindible para ascender al nivel de excelencia que hoy nos permite reducir geografías, abreviar el tiempo y simplificar la singladura de cualquier viaje por un mundo cuya historia anquilosada se estimuló, hace cien años,  con el revulsivo de una aventura de riesgo  -¡Volar1 ¡Oh sueño! ¡Oh utopía!-  que, paulatinamente y con el apoyo de ciencias y tecnología, de esfuerzo  y con muchos sacrificios  personales, fue consolidando el espacio aéreo como un elemento natural por el que poder viajar como soñaron nuestros ancestros.

La Seguridad Aérea  configura hoy una cultura específica.  “Seguridad” es cualidad o estado de seguro (def. DRAE). Aplicado el término al ámbito de la aviación se convierte en su predicado esencial. Es evidente que si así no fuera, viajar hoy en avión sería, como en sus principios, actividad de aventura de muy  alto riesgo. Por fortuna, los colectivos profesionales que estructuran la parte operativa, es decir, quienes vuelan y hacen que el avión vuele, tienen asumida cual creencia religiosa la prioridad de la seguridad sobre cualquier otra consideración.

El progreso tecnológico que ha permitido una evolución aeronáutica, rayana en la ciencia ficción, ha ido acompañado de unas medidas de protección que han permitido alcanzar un grado de precisión y exquisitez determinantes, y a lo largo de esta breve historia evolutiva, paso a paso, con mucho esfuerzo, sacrificio y conocimiento, desde los avezados pioneros a los más escrupulosos profesionales, se ha conseguido la optimización de una fantasía que siempre ha perseguido de cerca a la humanidad,  desde aquellos  primeros homínidos extasiados  y  envidiando a las aves que orbitaban  sobre sus cabezas.

Las utopías pueden llegar a realizarse,  pero la realidad siempre estará afectada por limitaciones impuestas por la propia naturaleza humana, tan vulnerable y tan absurda a veces.

Así es el caso presente. Junto  a la filosofía  cultural de la SEGURIDAD AÉREA, amparada por los grupos laborales antes definidos, conviven de cerca, como familia mal avenida,  la ignorancia de instituciones y directivos mal alfabetizados;  ajenos estos, unos y otros, a la influencia vocacional que implica ciertos valores morales y, sobre todo, deontológicos.

La gestión del  “negocio aéreo” está ejercida por quienes priorizan la economía y el color negro de sus números sobre todos los demás conceptos, incluida la seguridad. Bajo la bandera del low cost se han instalado auténticos chalanes –véase la muestra del esperpéntico y nocivo Mr. O´Leary, dueño a la sazón de la cuestionada RYANAIR--  que, amparados en la mediocridad y deficiente conocimiento de algunos responsables políticos, captan injustificables subvenciones irregulares; dinero público arrojado al vertedero de finanzas ajenas, sin más contrapartida que la falta de respeto generalizada a los usuarios maltratados como ciudadanos de bajo coste, poniendo en riesgo su buena fe, y quizá algo más.

Los directivos  de las compañías convencionales  afrontan esta competencia bajando el nivel de calidad y las condiciones laborales de los auténticos depositarios de la seguridad operativa. El deterioro progresivo parece inevitable; a pesar de que: “lo barato, si es malo, deja de ser barato”.

Las instituciones oficiales, responsables de proteger y gestionar la SEGURIDAD AÉREA, tampoco andan por buen camino, pues la ambigüedad burocrática de cargos detentados no siempre permite que sean personas idóneas por su preparación y conocimiento  las  capacitadas para tratar con éxito una cuestión tan vital para el futuro de la aviación comercial  –Otra muestra para dar validez a lo expresado: El lamentable proceso de investigación del accidente del JK5022 --

El testimonio vertido en los medios por  pilotos de otras empresas, por el que preferirían que nadie de su familia volase en RYANAIR, tiene todo el sentido que da el conocimiento del problema que esta compañía tiene planteado por su nefasta gestión.

No obstante, desde el atril del sentido común, al día de hoy, podría asegurarse que la SEGURIDAD sigue estando garantizada en manos de los auténticos depositarios,  profesionales con un importante componente vocacional. El problema radica en la penosa gestión de empresarios obtusos e imprudentes;  y en algunos medios de comunicación,  cuya obligación siempre debe ser  proporcionar información veraz a la opinión pública para cubrir un incuestionable derecho constitucional.

Será la solución para atajar el progresivo deterioro, ya iniciado, antes de que llegue a convertirse en motivo real de alarma social.

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