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Los viejos rockeros nunca mueren Imprimir E-Mail
sábado, 18 de agosto de 2012

Joaquín Hernández

ImageAllá por los años 60, los 25 años de “paz franquista” sembraban, la España de los planes de desarrollo de la cuadrilla del Opus Dei, de “felicidad”. La salida del obrero de la tartera y las alpargatas a cierto grado de comodidad.

El pisito, la lavadora y hasta el 600, parecía colmar las pretensiones de cualquier hijo de vecino, por lo menos esto es lo que se quería reflejar dentro de una sociedad amedrantada y temerosa del régimen fascista.

Algunos comunistas habían renegado a su ideología y abrazaban al régimen con sigilo y cautela pero convencidos de mantener su estatus social. En la Barcelona de aquel tiempo la Comisaria Superior de Policía, situada en la Vía Layetana, era el referente de la tortura salvaje a todo aquel que “pudiera” ser un peligro para el Régimen. El miedo formaba parte de la vida cotidiana, no hablar, no opinar, no protestar eran las consignas para pasar desapercibido. Un célebre industrial catalán de la época, cuando se enteraba de alguna visita a la ciudad condal del dictador Franco no dudaba en entregarse, 10 días antes de la llegada del “Caudillo”, en los sótanos de la comisaria de Layetana, para evitar ser detenido por los inspectores de la Brigada de Investigación Social. Cuentan los policías que custodiaban al “preso” que durante el mes que duraba el “encierro voluntario” participaban de los deliciosos menús que el industrial solicitaba para él y sus guardianes al famoso restaurante 7 Puertas. Era tal el miedo que preferían ir derechos al matadero antes de ser detenidos por la, tristemente, famosa policía española.

La llegada del Rock and Roll a la España franquista, la juventud rebelde que no dudaba, pese a las indicaciones de sus padres, en manifestarse públicamente y diariamente en los aledaños de la Universidad de Barcelona, rompiendo cuadros del dictador pidiendo a gritos ¡libertad¡, produjo un efecto sedante para Franco. Se dice que, en contra de los postulados de la Iglesia Apostólica totalmente opuesta a esa “música decadente”, Franco dijo, en unos de sus consejos de ministros, “dejad que los jóvenes se vistan como quieran y bailen lo que quieran, mientras hacen eso no molestaran al sistema”.
A partir de ese momento la música Rock invadió las emisoras de radio programando toda clase de música anglosajona, Holliday, Tonmy Stell, Elvis, Monkis, Rollings y, sobre todo, Beatles llenaban las ondas de las radios en todo el territorio español. Proliferaron los conjuntos musicales de tal forma que solamente en Barcelona habían censados 5000 grupos musicales. Sirex, Mustang, Catinos, Salvajes, Pekeniques, Bravos, Brincos, etc. copaban las listas de éxitos. El opio de la juventud estaba servido, el franquismo tenía cuerda para rato. La revuelta de París en el mayo del 68 devolvió la conciencia a esos jóvenes españoles, que volvieron a reunirse en asambleas clandestinas y a movilizarse como jamás se había hecho. Volvió aparecer el Partido Comunista y a organizar manifestaciones anti régimen con mayor asistencia y así continuó hasta la muerte del dictador.

Hoy en día los jóvenes “rockeros” tienen el mismo peligro de acabar en una celda de cualquier comisaría de policía molido a palos por los anti disturbios, como en  los tiempos de Franco. La libertad de manifestarse está cada vez más cuestionada y en peligro, toda vez que se deja al libre albedrio de las fuerzas de la Seguridad del Estado el “orden” de la manifestación. Quiere decir que si alguien se decide a cargar contra los manifestantes so pretexto de llamarles “joputas” el lio está armado. El Partido Popular está gobernando de forma dictatorial, la mayoría absoluta en la cámara de diputados le da esa condición para convertir la democracia parlamentaria en una dictacracia parlamentaria. La diferencia estriba en que ya no se puede convencer a la juventud con el “twist and show” de los Beatles, ahora no vale rock and futbol, ahora reclaman un trabajo digno, justicia en igualdad para todos, sanidad gratuita y universal, educación y viviendas. Los “rockeros” del siglo XXI, jóvenes y viejos, no nos resignamos a vivir bajo la opresión de un partido que gobierna para, por y en beneficio del capitalismo salvaje, de la oligarquía dominante y cargando sobre los hombros de los más oprimidos el caos de un sistema financiero corrupto.

 
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