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Espido Freire (Bilbao, 1974), ha visitado Canarias recientemente dentro de la XX celebración de la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife, donde presentó su último trabajo, ambientado en Tenerife, y que cuenta la historia de dos adolescentes aristócratas ‘condenadas’ a casarse para perpetuar los intereses familiares y cuyas vidas cambian con la aparición de otros dos jóvenes que les hacen replantearse el encorsetamiento social en el que viven. Dice que le gusta Canarias y no parece la típica aseveración de quien ha disfrutado superficialmente de las Islas. Los seis años que le ha costado documentarse sobre el Archipiélago en el siglo XIX para escribir su última novela, ‘Soria Moria’ (Edit. Algaida), ambientada en Tenerife, y los múltiples viajes que ha realizado a las Islas así lo demuestran.
¿Por qué Tenerife? Freire dice que “hay un elemento muy exótico en Tenerife y en su relación con la población extranjera, el gran interés que despertó en los viajeros desde el siglo XVIII”. La escritora primero quiso ambientarla en un lugar ficticio, hasta que se dio cuenta de que necesitaba ser real y que podría estar ubicado en Suiza. 
Pero a raíz de un viaje a Tenerife descubre que lo que busca no está en Suiza, sino aquí, “por la presencia extranjera, por la idea de leyenda, como el Teide, los antiguos guanches, los guerreros, las princesas, la sensación de aislamiento y el hecho de que sea un cruce entre todo lo que es y no es Europa”.
En un plano menos profesional Freire reconoce que Canarias le gusta mucho. “Disfruto mucho aquí, es un entorno que no lo puedes imaginar hasta que estás aquí, todo el mundo tiene una idea, un taxista de Madrid me dijo que nunca había estado pero que las conocía muy bien por los reportajes y me aconsejó incluso a donde ir –comenta en una entrevista concedida a ACN Press- cada vez que vengo aquí me planteo comprarme algo y quedarme”.
VOCACIÓN
Su primera vocación fue la literatura pero reconoce que tuvo éxito en otra disciplina artística de la que no tiene muy buenos recuerdos: la música. “Era buena cantante y estuve dedicada a ello varios años. De la música no queda nada, no fue especialmente agradable, lo dejé y bien dejado está”, dice.
En cuanto a la literatura su acercamiento fue muy espontáneo: “Escribía cuentos porque pensaba que era lo normal si leías, cada vez se fue haciendo más importante para mí, ya no cuentas sólo historias, sino que elaboras situaciones y tramas, ahí empecé a darme cuenta de que lo que quería hacer era escribir”.
Conserva todo lo que escribe y admite que los temas y puntos de interés siempre han sido muy parecidos. “Otra cosa es la técnica y la madurez”.
LA NOVELA
Preguntada por el largo proceso que le ha llevado la redacción de su última novela, responde que no entiende hacerlo de una manera distinta. “Son ideas muy antiguas, a las que les doy cien posibilidades distintas, luego el proceso de redacción es rápido, lo que no es rápido es lo anterior, el modo en el que se proyecta esa novela puede ser muy variable –explica- si se apresura mucho la novela no gana en madurez”.
Sobre el hecho de que un proceso muy largo pueda hacer perder frescura a la obra, Freire lo tiene claro: “La literatura no es frescura, la frescura está muy bien para los tomates, la literatura es la manera más hermosa de trasmitir una idea determinada y no hay genios que puedan escribir una novela entera por instinto, tendemos a pensar que el arte se crea porque sí y no se crea por que sí”.
A pesar de ello sorprende sobre su idea del proceso de investigación para una novela: “Soy muy vaga pese a todo lo que parezca, entonces me voy siempre a la versión más fácil, antes no estaba Internet, así que imagínate lo que era investigar, aburridísimo”. A raíz de eso dice que le gustó crear sus propios mundos. “Sobre todo porque así los lectores no tienen oportunidad de decirte que el barco que describes en la novela en realidad no era así…”, añade.
LITERATURA
En cuanto a la situación del mundo de la literatura en general considera que no se lee menos, “si no que hay un momento en que se pierden lectores”. “Los chavales que leen mucha literatura infantil o juvenil llegan a la Universidad o al trabajo y no tienen tiempo, y luego no se reengancha –dice- además, los padres tampoco leen, pero luego se les obliga a que lean”.
Para Freire el mercado editorial tiene parte de culpa “porque no sabe vender el libro”. “Si se puede vender 200 coca-colas al día por qué no se va a poder vender libros, vale que uno es un producto de consumo rápido y el otro no, pero seguro que se puede”.
¿Cuál es el problema entonces? “El problema de la industria es si aún no se ha aclarado si el libro es un producto o un libro de devoción, yo como autora pienso que es un objeto de devoción, que las editoras piensen en él como un producto”. |