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El rincón del bonzo Carlos Castañosa.- Muletilla habitual a la que hoy se aferran como procedimiento operativo las autoridades cuando se les reclama la satisfacción de algún derecho conculcado o la cobertura de cualquier necesidad de urgencia humanitaria. Si no hay dinero para responder a reclamaciones o para cumplir con servicios elementales, ¿qué sentido tiene que lo haya de sobra para pagar los elevados sueldos de los responsables que no tienen posibilidades de ejercer la función que justificaría su razón de existir?
Por ejemplo: Ministerio de Cultura, Consejerías y Viceconsejerías de Cultura de Cabildos y Gobiernos Autónomos, Concejalías de Cultura municipales, cuerpos técnicos anexos a cada negociado, profusión de asesores como en la mayoría de organismos oficiales. Poltronas tan ostentosas como superfluas; pues si no hay presupuesto para restaurar la “femme bouteille” de Joan Miró o para conservar, proteger y rehabilitar el patrimonio histórico y cultural de una ciudad como Santa Cruz, ¿qué pintamos los “recortados” y maltratados ciudadanos pagando de nuestro bolsillo a tanto personal incapacitado, que “no puede hacer nada” porque “es que para esto no hay dinero”? Por correlación, el mismo argumento se puede aplicar a Bienestar Social, Vivienda, Sanidad, Medio Ambiente, Agricultura, Industria, Seguridad, Urbanismo, Juventud, Participación ciudadana… ¿somos conscientes, resignados y oprimidos ciudadanos, de la cantidad de personas que están viviendo a nuestra costa, ocupando masivamente puestos de privilegio en inoperantes organismos y dependencias, con competencias triplicadas o cuadruplicadas, donde encuentran acomodo los más inútiles porque como “para esto no hay dinero” se camuflan y así pasan desapercibidos, eso sí, cobrando un pastón? Así se explica que andemos haciendo el ridículo por Europa, con un político cada 100 habitantes (un médico cada 300) y con un gasto público brutal. Una infraestructura política incompatible con cualquier posibilidad de salida de la crisis, por muchos “recortes” con los que se sacrifique a una indefensa población, la menos culpable del desastre económico que nos ha llevado a la ruina, sin posibilidad, en el momento actual, de vislumbrar una lejana lucecita de solución y esperanza. El gobierno central está maniatado, sojuzgado e incapacitado para salir adelante. A pesar de las barbaridades socio-económicas, a golpe de decreto, que “no tiene más remedio que aplicar”, los mercados siguen castigándolo, humillándonos a todos con un trato vejatorio. Si Europa nos tiene atornillados, ¿cómo no es capaz un Ejecutivo en mayoría, por los mismos métodos, de “meter en cintura” a las Comunidades Autónomas, el hándicap más sangrante y motivo principal de un gasto público salvaje y poco presentable? No, si ahora, parece ser que vamos a tener que “rescatarlas” a todas, una a una, empezando por los de siempre. ¡Ya está bien! Hablemos claro. La única tabla de salvación está en la reforma de la Constitución para adaptarla a los nuevos tiempos y a nuestras necesidades futuras de supervivencia. A la larga, será una medida inevitable. Pues, ¡cuánto antes, mejor!... Si queremos seguir en Europa debemos rectificar los modelos absurdos que están destrozando nuestro futuro. ¡Ojo con las “iluminaciones”!..., que en solitario, el porvenir es el del náufrago en isla desierta… |