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José M. Balbuena Castellano.- No voy a hablarles del fracaso del Chiki-Chiki, en Eurovisión, o a extenderme sobre la crisis del PP, y la conjura de JJ Ramírez y la COPE contra Mariano Rajoy, por su intento de desprenderse de sus pretorianos de la extrema derecha, y de colocar a su partido en un conservadurismo más civilizado y acorde con lo que hay en Europa. Le va a costar trabajo, teniendo en cuenta de que estos extremistas son herederos del franquismo y será difícil hacerles cambiar y que aprendan a convivir en una democracia. Todos los lunes le sale a Rajoy un traidor (amigo íntimo) que le apuñala por la espalda. De eso se ha hablado ya bastante y se seguirá hablando, mientras el PSOE se frota las manos de contento. ¿Ocurrirá aquí igual que con la UCD?. Lo bueno sería que hubiese diferentes alternativas de gobierno y no el bipartidismo que tenemos ahora.
Quiero centrarme en algo más doméstico e importante como es la decisión de la Unión Europea de invertir 330 millones de euros (hasta el 2.013) en el programa de desarrollo rural de Canarias. Esta inyección le vendrá bien al archipiélago y paliará algo la crisis que a nosotros nos afecta más que a cualquier otra parte del territorio nacional por las razones de lejanía, mayor desempleo existente, inquietante dependencia del exterior, etc. y principalmente por la carencia de ideas e imaginación del Gobierno regional, que da la sensación de que tiene el cerebro plano. Canarias se ha convertido no en una plutocracia, un gobierno de los poderosos, en el que los políticos que tienen aparentemente el mando son meros instrumentos de unos cuantos privilegiados que son los que realmente ostentan ese poder y, además, el dinero, y viven en connivencia con determinada clase política. Los sucesivos escándalos, supuestos y no tan supuestos, que se han producido en los últimos años, así lo atestiguan. Todos esperamos que el poder judicial, que debe ser imparcial y no sometido a ideologías ni presiones de ningún tipo, dé el verdadero golpe de timón que convierta a este “país canario”, aspirante a estado libre asociado, o algo mejor que eso, en una parcela del estado de derecho que dicen que nos gobierna, o al menos, nos debe gobernar. Poner los ojos en el desarrollo rural sería devolver a Canarias una parte de su pasado y de su prosperidad, pero utilizando ahora otros métodos más racionales y sostenibles. En el programa que aprobó el Comité de Desarrollo Rural de la Unión Europea, se pretende aumentar la competitividad del sector primario, con ayudas a la reestructuración, desarrollo e innovación; la mejora del medio ambiente y del medio rural. Estos son los objetivos. Se desea, pues, dar una mayor calidad d vida a las zonas rurales de todas las islas, sin excepción. Un apoyo integral creando nuevas oportunidades de ingreso; una promoción del crecimiento económico y medidas para combatir el desempleo. Si miramos para la comarca del norte y medianías de Gran Canaria, (que ahora es la cenicienta de las islas) hasta hace poco eminentemente agrícola y ganadera, este impulso nos vendría como anillo al dedo. Pero debe ir acompañado de un control de esas inversiones y una supervisión por parte de la Unión Europea, para evitar errores pasados, no dejándolo al libre albedrío de unos botarates, o de políticos sin escrúpulos que pululan por nuestra geografía, o que se entrometan otros oscuros intereses. Se tiene que trabajar, así mismo, en la dotación de infraestructuras; en la rehabilitación y regeneración del paisaje, hoy tan deteriorado. En la recuperación del dominio público. En la utilización de la naturaleza como recurso económico que produzca empleo y riqueza. En el desarrollo de establecimientos alojativos rurales o complementarios de la actividad en la naturaleza. El aumento de la producción agropecuaria y una industria relacionada con estos sectores, que disminuya nuestra dependencia exterior (aunque claro está, esto disgustará a quienes se han enriquecido con la importación y las ayudas que han recibido). Un aprovechamiento del patrimonio cultural, histórico y etnográfico de forma que interese tanto a los isleños como a los visitantes y se obtenga al mismo tiempo un beneficio económico. Se abrirá un camino que posibilitará un desarrollo rural y se dará una nueva oportunidad para recuperar unos recursos y unos paisajes que nunca debieron abandonarse. No debemos olvidar que el paisaje, el medio ambiente y nuestro clima son nuestros principales recursos y hay que sacarles provecho económicamente hablando... José M. Balbuena Castellano |